El aborto siempre vuelve

En contra del mantra progresista de que la despenalización del aborto provocado es un tema “superado”, sobre el cual existe un “consenso” social firmemente establecido, el aborto siempre vuelve. Como la culpa, como el remordimiento, como la incómoda verdad. No se trata de anecdóticas meteduras de pata de políticos de la derecha. El único y gran error de la derecha es haberse creído la mentira del consenso, que no es más que la imposición del pensamiento único: o te rindes a los dogmas del progresismo o eres expulsado a las tinieblas exteriores, lejos de cargos, subvenciones y espacio mediático.

Cuando Suárez Illana dijo que en Nueva York se había legalizado el infanticidio de recién nacidos y que esta barbaridad era propia de los neandertales, se expresó con torpeza, con inexactitud, pero no dijo nada esencialmente alejado de la verdad. Muy probablemente, el candidato del Partido Popular sólo quiso decir que el aborto es una práctica que no tiene nada de “progresista”, sino que existe desde los tiempos más remotos. Y a fin de cuentas, en la asamblea de Nueva York, el pasado 22 de enero, se aprobó poder matar a un feto humano hasta el noveno mes de embarazo, incluso dejándolo morir si sobrevive fuera del seno materno.

Naturalmente, les faltó tiempo a los Guardianes del Progreso para recurrir a sus paleontólogos útiles en defensa del Buen Neandertal, negando que existan evidencias en el registro fósil de que esta especie no tratara amorosamente a sus hijos o no pagara escrupulosamente sus impuestos. Consiguieron lo que pretendían, cosa por lo demás harto fácil: que alguien del PP rectifique cuando por casualidad, y aunque sea con lengua de trapo, se le haya escapado una verdad.

El aborto es el punto débil de la Estrella de la Muerte progresista. Los progres lo saben, pero la derecha tolerada por el establishment no, o más bien no quiere saberlo. Oponerse al aborto, además de un imperativo ético, es vital para cualquier resistencia mínimamente organizada frente a la revolución cultural que vive Occidente desde hace medio siglo.

Quien aprueba despenalizar el aborto por completo proclama un derecho absoluto del hombre a delimitar quién es un ser humano y quién no, quién tiene derecho a vivir y quién no. No hay, para los progres, criterios objetivos, no hay una molécula de ADN único e irrepetible en el cigoto, sino la Voluntad absoluta del hombre frente a la realidad y frente a Dios, tanto si creen en Él como si no. Esto es el progresismo en su esencia: al cuestionarlo, cuestionas la religión de Estado de la modernidad.

Otra característica del progresismo es su inconsecuencia. Te dirán que eres muy libre de estar contra el aborto por razones éticas o religiosas, pero que no puedes imponer a los demás tus creencias. Sin embargo, por alguna razón, se abstienen de aplicar este criterio hiperliberal a todo lo demás: al asesinato, al robo, al fraude o al exceso de velocidad. Esto demuestra que el abortismo no es, como se nos intenta vender, una reivindicación de libertad individual. “Liberar” a la mujer por el peregrino procedimiento de devaluar su mayor privilegio, que es la maternidad, es la parodia más grotesca de la libertad que cabe imaginar.

Cuando se les asegura a las mujeres que vale la pena matar a sus propios hijos en gestación con tal de librarse de una maternidad no deseada, se les está diciendo, de la manera más brutal, que la maternidad no es un bien en sí mismo, ni una bella y grave responsabilidad, sino que sólo importa en tanto que se desea: no hay más bien que mi subjetividad, mi placer, mi voluntad de poder (empowerment, en la neolengua internacional). Progresismo desencadenado, en todo su furor luciferino.

Los progresistas volverán a repetir las mismas mentiras, y la “derechita cobarde” (sí, señor Aznar, cada día deberían decírselo a la cara) volverá a pedir perdón cuando por un instante olvide quién manda. Sólo quien se halle extramuros del sistema, quien no tenga todavía gran cosa que perder, puede romper las líneas defensivas del Imperio Progresista, aspirar a acercarse a su punto débil y disparar contra él.

¿Será ésta la misión histórica de Vox? ¿Son conscientes sus dirigentes de que el aborto no es un tema más, sino el nudo gordiano de todo? Creo que sí, y que por ello mismo sabrán actuar con astucia y por fases: exactamente como han hecho los abortistas durante años para imponer su podrido consenso.

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