No es la Agenda 2030, es Ucrania

Ante la invasión rusa de Ucrania, algunas personas en Occidente se han posicionado a favor de Rusia. Es decir, justifican esta postura con los mismos argumentos que enarbola Vladimir Putin. El primero, que la OTAN lleva tiempo hostigando a Rusia, admitiendo en su seno a países cada vez más cercanos a sus fronteras como las repúblicas bálticas, Polonia, etc. El segundo, que Ucrania lleva a su vez maltratando desde hace años a la población rusófona en su territorio, lo que ha terminado agotando la santa paciencia rusa, y obligado al Kremlin a actuar militarmente para proteger a los habitantes de Crimea o el Donbass.

Ambos argumentos son sumamente endebles, y en boca del presidente Putin están cargados de cinismo. Quizás haya que recordar que Rusia, después de la Segunda Guerra Mundial, sostuvo militarmente a gobiernos comunistas en Europa del Este, hasta finales del siglo pasado. Que los tanques rusos se pasearon por Praga y Budapest para reprimir las revueltas contra las tiranías soviéticas teledirigidas desde Moscú. ¿Puede a alguien extrañarle que países como la República Checa, Eslovaquia, Polonia, Letonia, Estonia y Lituania deseen la protección de la OTAN? ¿Qué se supone que debería haber respondido la Alianza atlántica a sus peticiones? ¿Algo así como: no, no sois naciones soberanas con libertad para decidir vuestras políticas exteriores; quedaos como estáis, no vayamos a molestar a los rusos?

Se podría pensar que lo que es válido para Polonia no lo es para Ucrania, que ahí existe un límite que no debería haberse cruzado. Sin duda Ucrania es un país culturalmente dividido entre una población oriental más cercana a Rusia y la occidental, que se siente parte de Europa. Pero en cualquier caso, lo que quiera ser Ucrania, incluyendo si desea permanecer unida o dividirse en dos, es algo que debieran decidir los propios ucranianos, no el Estado Mayor de Putin.

El segundo argumento parece de carácter más empírico. ¿Quién inició antes las hostilidades en las zonas rusófonas de Ucrania? ¿Kiev o Moscú? ¿Fue el gobierno de Ucrania el que inopinadamente se puso a recortar derechos de los ciudadanos de Crimea, o fue Putin quien empezó a dar dinero y armas para instigar el secesionismo? Como catalán, conozco demasiado bien las mentiras sistemáticas contra España a las que recurren los separatistas de mi región, como para que me crea sin más la versión prorrusa sobre los territorios secesionistas de Ucrania.

Ahora bien, podríamos seguir discutiendo sobre estos argumentos sin ponernos de acuerdo, aduciendo unos hechos u otros en defensa de las posturas contrapuestas. Lo que interesa analizar son las posiciones de fondo que hay detrás de ellos. Quienes adoptan gustosos las justificaciones de Putin actúan, en mi opinión, movidos por dos concepciones previas. Una, la más elemental, es el antiamericanismo o anglofobia. Como ven a la OTAN, no sin cierta razón, como un instrumento de los intereses de los EEUU, no pueden evitar ponerse de parte del país que se declara acosado por la organización del tratado noratlántico, como si se tratara de una damisela desvalida sin la mitad de las armas nucleares del mundo. Más particularmente, algunos sostienen que a España no le conviene permanecer en una organización que no contempla explícitamente apoyar a nuestro país en caso de una agresión de Marruecos a Ceuta y Melilla.

Sobre lo último, el blog Contando Estrelas publicó una interesante entrada. Sobre la cuestión genérica, pensar que los intereses de EEUU son incompatibles con los de otros países, es una forma muy burda de la falacia de la suma cero: que en cualquier relación, lo que beneficia a uno no puede beneficiar también a otro. Personalmente, creo que ser aliado de la primera potencia militar del mundo, mientras siga siendo un país libre, es mejor que estar en contra, o incluso que ser neutral, salvo que fuéramos un país protegido por su orografía y su sistema bancario en el centro de Europa.

Pero quizás la posición de base que más ha decantado a algunos a favor de las tesis rusas es precisamente algo a lo que acabo de aludir: mientras los Estados Unidos sigan siendo un país libre. Porque en efecto, hay indicios inquietantes de que la ideología globalprogresista, conocida también como la cultura de la cancelación, podría transformar la patria de la libertad en una democracia totalitaria (no hay oxímoron, como sabemos desde Tocqueville), dividida en colectivos raciales y de género que reemplazarían las libertades individuales por una suerte de privilegios estamentales. Y lo que es aún peor para los que no vivimos en ese país, extendiendo semejante modelo a todo el mundo a través de los organismos internacionales, el capitalismo seudofilantrópico y las grandes compañías tecnológicas. Lo que en resumen se conoce como Agenda 2030 o también el Gran Reset.

Nada sorprendentemente, algunos están viendo el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania, apoyada la última por esos organismos internacionales y unos EEUU con amagos pretotalitarios, como una primera batalla real, en términos militares, entre el modelo de Putin (que ha puesto freno a la ideología de género y LGTB en Rusia, aunque se pase un pelín cargándose opositores con caramelos de plutonio) y el modelo de Joe Biden, la Open Society y la Fundación Gates.

Sin embargo, esta antítesis descansa en un grave error. Un Occidente perdedor (como lo será si va cediendo ante Putin, a la muniquesa) no equivale a una derrota del globalprogresismo, sino todo lo contrario. Hoy, la causa de Ucrania representa exactamente lo más opuesto a los valores que propugna el autoodio progresista, paradójicamente coaligado con cierta derecha recalcitrantemente antiamericana. La soberanía nacional, el patriotismo, el sacrificio hasta la entrega de la propia vida, los hombres defendiendo con las armas a su país, a sus mujeres e hijos… Los ucranianos nos están dando una lección acerca de valores que hemos olvidado, peor aún, que llevamos ridiculizando desde hace demasiado tiempo. Es fácil hacer chistes sobre el presidente Zelenski, cuya figura se ha agigantado visiblemente tras la invasión de su país. ¿Puede un antiguo humorista liderar a su nación en la hora más grave de su existencia reciente? Quizás tanto como un mediocre actor de Hollywood, Ronald Reagan, lideró a su país y, junto al papa Juan Pablo II, contribuyó a que colapsara la Unión Soviética.

Un Occidente débil, cerrado en sí mismo, solo puede beneficiar a la ideología globalprogresista, la cual no está realmente interesada en extenderse a Rusia o a China, sino ante todo en constituirse como un régimen de pensamiento único en América y Europa. Para ello, no le vendría nada mal que los occidentales se desengañasen definitivamente de cualquier sueño de grandeza, de patriotismo, de unidad. Las únicas guerras que interesan al globalprogresismo y a la izquierda son las guerras internas, entre clases o entre identidades políticas. Por eso, lo confiesen o no, son objetivamente colaboracionistas de cualquier enemigo exterior, sea Rusia o el islam. El mayor peligro para el progresismo globalista es que una moral patriótica o de cruzada nos una a todos por encima de identidades de clase, de género o de raza, y sea la ocasión de reencontrarnos con nuestros auténticos valores fundacionales. Como está intentando hacer Polonia, contra los eurócratas de Bruselas, pero también contra el imperialismo ruso.

13 comentarios sobre “No es la Agenda 2030, es Ucrania

  1. Me ha sorprendido mucho su artículo, no tanto por su postura, congruente con su defensa del liberalismo clásico (Liberalismo es una palabra muy prostituida y que es preciso adjetivar para evitar equívocos) como por la inusual endeblez de sus argumentos y, el modo tan sumario en que despacha las razones de aquellos que apoyamos a Rusia, de manera que en mi respuesta, obviaré aquellos argumentos que usted tacha de cínicos, endebles o falsos y que en mi humilde opinión son completamente relevantes, sólidos y decisivos, ni tampoco en los históricos que, supongo también carecerán de validez para usted.

    No sé muy bien si soy antiamericano o anglófobo, a pesar de reconocerme imbuido de su cultura y disfrutar mucho de su cine, de su literatura, de su música y de sus invenciones tecnológicas pero creo que con respecto a USA pueden hacerse dos afirmaciones veraces y absolutamente compatibles.
    La primera es una verdad de Perogrullo, USA tiene probablemente el mejor sistema democrático del mundo, con instituciones robustas y un sistema de contrapesos y garantías (“Checks and balances”) que lo convierten en un país modélico en la defensa de las libertades individuales y de la propiedad. La segunda, quizás no tan evidente pero no menos cierta, es que USA es un imperio que de un tiempo a esta parte ha visto contestada su hegemonía por el ascenso de otras potencias, muy especialmente China, y que ha venido desarrollando, lejos de sus fronteras, una política exterior agresiva y desestabilizadora, que ha ocasionado guerras de imposible justificación y un gran sufrimiento en términos de mortandad, destrucción de bienes materiales y crisis migratorias.

    La lista sería larga pero sin ánimo de ser exhaustivos podríamos citar tres “intervenciones” (curiosamente este término parece que solo aplica a USA) con ciertas características comunes: la segunda guerra de Irak, Libia y Siria; todos ellos regímenes no democráticos pero que albergaban diversas grupos étnicos y religiosos que convivían en paz y que tras la “intervención” de USA acabaron sumidos en el caos y en la guerra civil. Por lo que respecta a las minorías cristianas fueron muy dramáticas las de Irak y Siria. Las justificaciones que se adujeron fueron, o bien sencillamente falsas (armas de destrucción masivas) o intrínsecamente inmorales: ¿Dos milenios de moral cristiana para concluir que la expansión de la democracia justifica las guerras? Obviamente, solo un ingenuo podría soslayar que la causa de todas estas guerras era la expansión y consolidación de un poder imperial basado en el comercio, la persuasión y el convencimiento, cuando se trata de democracias análogas, y en la violencia más descarnada cuando se trata de dictaduras no afines. Así, en lo que atañe a la invasión de Ucrania podríamos decir que Rusia no ha emprendido ninguna acción (guerra, invasión, desmembramiento de una nación, etc.) que no pueda predicarse antes de USA.

    Como tiene escrito Henry Kissinger: “Sin Europa, América se convertiría en una isla distante de las costas de Eurasia, se vería en la soledad de un estatuto menor” y así, la gran potencia imperial de USA dejaría de serlo en cuanto dejase de dominar Europa por lo que es imperativo mantener la tensión en nuestro continente y que mejor forma de hacerlo que continuar metiéndole el dedo en el ojo al oso ruso. Porque, ¿cuál era el motivo para la pervivencia de la OTAN una vez el colapso de la URSS? Sí, ya sé que me dirá que Rusia es siempre comunista porque su “alma” es totalitaria, como suele repetir hasta la saciedad Federico Jiménez Losantos, solo Rusia es incapaz de desprenderse de su pasado totalitario, no como Alemania otrora nazi hoy impecablemente democrática, y por todo ello es cuestión de supervivencia mantener un cordón sanitario frente a Rusia.

    Pero el comunismo no es más que un trampantojo para señalar a Rusia, un argumento de mentes perezosas o interesadas en ocultar la verdadera ideología totalitaria que nos domina y que, como usted bien dice, es el globalprogresismo, pero a diferencia de usted yo sí que creo que tiene la pretensión de extenderse por todo el mundo, como antaño el comunismo, y frente a esta ideología antihumana se erige, entre otros, la antimoderna Rusia. Usted sostiene que el progresismo solo tiene interés en constituirse como un régimen de pensamiento único en Europa y América pero, ¿cómo negar que el progresismo es un instrumento más de dominación de las élites norteamericanas? ¿De dónde procede el progresismo si no es de los claustros de sus universidades, de sus élites empresariales y políticas, de sus oenegés…?¿Acaso Rusia y Ucrania no son radicalmente europeas y, por lo tanto, un escollo a salvar en la propagación de esa ideología?

    Naturalmente, estar a favor de Rusia es desear la derrota de Occidente, no su destrucción, porque es de ilusos pensar que en Occidente pueda haber una catarsis o metanoia sin una derrota de sus postulados y de sus valores pervertidos por el progresismo. No obstante, las probabilidades de éxito son escasas y es de temer las consecuencias negativas del hundimiento y disolución de un imperio o nación tan importante para Europa como es Rusia; Europa es un concepto cultural, histórico y espiritual, no geográfico pues Europa no es más que una península de Asia y ahí estriba precisamente la radical importancia de Rusia, su función de frontera respecto a Asia.

    Con respecto a España nunca he comprendido la postura de muchos políticos e intelectuales que han lamentado la neutralidad de nuestro país en conflictos como la I y II GM, o que se lamentan de que España no se implique lo suficiente en la guerra de Ucrania, cuando de la neutralidad España ha obtenido grandes réditos y ha evitado grandes males. La pertenencia de España en la OTAN fue un gran error por una razón fácil de comprender: nuestro país ya tenía un acuerdo bilateral de defensa con USA (Pactos de Madrid de 1953) que nos era muy beneficioso, pero la pertenencia a la OTAN nos ha dejado en una posición de subordinación frente a los intereses anglosajones. A este respecto son muy reveladoras las declaraciones de José Manuel Otero Novas, ministro de la Presidencia del Gobierno de Adolfo Suárez, sobre las presiones y chantajes de USA para que España ingresara en la OTAN («Estados Unidos nos envió el mensaje de que si no entrábamos en la OTAN se harían con Canarias» – La Opinión de A Coruña (laopinioncoruna.es)). Los anglosajones siempre han deseado una España débil, dividida y subordinada para evitar nuestra influencia en Hispanoamérica y seguir ejerciendo el control en el Estrecho a través de Gibraltar.

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    1. Estimado amigo, le agradezco sus comentarios, pero creo que, aun teniendo razón en lo que dice respecto a los catastróficos, imperdonables errores de los USA en Iraq, Siria o Libia, hay una cosa en la que discrepo. Rusia, aunque cristiana, no es Europa, ni pertenece en rigor a la civilización occidental, como muy bien señaló Samuel Huntington en su famoso libro. Esto no es nada malo, en absoluto, y como usted declara admirar la cultura norteamericana, yo amo profundamente la rusa, a Gogol, Dostoyevsky, Tolstoi, Bulgakov, Solzhenitsyn, Tchaikovsky, Borodin, Rachmaninov, etc. Y esto significa que debemos llevarnos bien con ellos, pero al mismo tiempo protegernos de su imperialismo. A mí no me importa demasiado que Rusia invada Afganistán, pero sí Ucrania. Eso es como si EEUU invadiera no Afganistán (y aquí no le faltaron razones, después del 11-S) sino México entero. Lo que quiero decirle, dicho sea un poco rudamente, es que imperio por imperio, yo prefiero a los yanquis. Y sí, coincido en que sus elites están en un proceso de autodestrucción pavoroso; pero solo nosotros, los occidentales, podemos salvarnos, no Rusia que tiene sus propios intereses como civilización ortodoxa, en terminología de Huntington, y a la que solo le puede ir bien nuestra debilidad. Sinceramente, no entiendo cómo no ve el peligro que representa un imperio territorialmente contiguo a Europa en sentido amplio (que llegaría hasta Kiev, y admito que la Ucrania oriental quedaría en el ámbito ortodoxo), en comparación con los EEUU, separados por el Atlántico. La única invasión sufrida por Europa desde América fue en la IIGM para liberarnos de los nazis. En cambio, pregunte en Finlandia, Polonia, Hungría o República Checa sobre Rusia. Un saludo.

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      1. Personalmente, no acabo de ver la existencia actual de un supuesto «imperialismo ruso», que por ahora se limita a defender su integridad territorial. En cambio, me preocupa mucho la «invasion cultural» que sufrimos desde hace años de una elite occidental de rasgos globalistas, totalitarios y anticristiana.

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  2. Soy uno de lo pocos que estan viendo este conflicto como un enfrentamiento «entre el modelo de Putin (que ha puesto freno a la ideología de género y LGTB en Rusia, aunque se pase un pelín cargándose opositores con caramelos de plutonio) y el modelo de Joe Biden, la Open Society y la Fundación Gates». Estamos asistiendo a un linchamiento mediatico de Putin, que no es mejor ni peor que el abortista Biden, y a una campaña de fomento del odio y del belicismo. Parece ser que no hemos aprendido nada de las desastrosas invasiones de Irak. Pero no entiendo su tesis de que una derrota de Putin puede perjudicar a los intereses totalitarios del globalismo abortista y lgtbx. Al contrario, sería via libre para una dictacracia (dictadura con apariencia de democracia) surgida en la ONU masonica, anticristiana y por ello antihumana.

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  3. La verdad es que hay muchas razones para estar al mismo tiempo a favor de Rusia y de Ucrania, pero a mi parece que hay que resaltar lo siguiente: si en la crisis de los misiles para mi hubiera sido legitimo que, como ultima opcion (afortunadamente hubo otra mucho mejor) EEUU hubiera invadido Cuba para evitar tener esa amenaza tan cerca de su territirio aún a riesgo de desencadenar una guerra nuclear, ¿que se supone que debería hacer Putin con una Ucrania en la OTAN?, ¿esperar a que los misiles de esta estuvieran apuntando desde quinientos Km a Moscú, con todo lo que ello supondría en forma de respuesta de todo el bloque occidental?

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  4. El enlace que comparto corresponde a una conferencia celebrada en septiembre de 2018, en la Universidad de Yale, por el periodista franco-ruso-estadounidense Vladimir Pozner, un hombre muy inteligente y con una trayectoria profesional y vital extraordinaria. En los primeros 40 minutos expone magistralmente una crónica de las relaciones entre USA y Rusia, desde Gorbachov hasta nuestro días, y ofrece una explicación, a mi juicio equilibrada, de las causas del conflicto actual.
    Para aquellos que no dominen el inglés pueden activar los subtítulos y en la opción «configuración» elegir la traducción al español.

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  5. Apreciado Carlos

    Lo primero es agradecer el buen tono de tu artículo, y el de los comentarios. Se agradece, y mas en un tema cómo éste.

    Lo segundo es que discrepo de tu tesis. Estoy con JOSPACAND. Aunque lo enfocaré de otra manera.

    1/Tu error es asumir que en USA aún hay resquicios de esperanza y que ese movimiento totalitario Woke amenaza el poder pero que todavía existen libertades individuales suficientes. Pero yo no lo veo así. Y el punto de inflexión ha sido ese descarado pucherazo en las últimas elecciones. Y el cómo se han regodeado quienes lo han dado, haciendo un alarde de impunidad que era toda una demostración de quien manda en realidad. Cuando ganó Kennedy, por ejemplo, en unas también sospechosas elecciones, no hubo tal alarde.

    Es mas, si la escalada con Rusia/Putin ha llegado hasta donde ha llegado es para que todos sepan, para que nos enteremos, hasta que punto son capaces de llegar. Y si hay que dar falsas esperanzas a los ucranianos de buena voluntad para que se estrellen, pues se hace.

    2/Respecto a que los ucranianos tienen que poder decidir por si mismos, sin los rusos acogotando, recuerdo que fue a finales del 2013 cuando las conversaciones entre el gobierno ucraniano y la UE para firmar un tratado comercial, cuando se les conminó desde la UE a que fuera en exclusiva. No podrían seguir con los tratados ya firmados con Rusia/Bielorusia, pese a su historia, su idioma y a que mas del 50% de su economía era con ellos. Rusia si habría tolerado un tratado mixto. No quería la exclusiva.

    Y fue poco después cuando aconteció lo del Maidan, y largaron a Yanukvich de esa manera tan sospechosa con operaciones de falsa bandera, con tiradores extranjeros (británicos), etc… por si fuera poco, cuando desde la propia UE se intentó enderezar el entuerto a lo largo del verano del 2014 es cuando se mete USA de cabeza, con su embajador en la UE y ese «fuck the European Union» que celebró el embajador USA en Kiev. …

    Me parece preocupante que no veas el parecido que hay precisamente entre cómo se ha ido incrementando el nacionalismo ucraniano y el como el catalán o vasco, precisamente con los mismos mecanismos detrás. Que en el caso ucraniano sean mas valientes no implica que se hayan azuzado avisperos de manera inconfesable en ambos sitios. Y que las clases dirigentes sean en ambos casos de lo mas corrupto que tengamos en Europa, y que se amparen en dicho nacionalismo para ocultar sus trapicheos. No dudo que el nacionalismo ruso sea también corrupto. Pero el que ha ganado la batalla es el ucraniano. Y si al equivalente a los PCR se les acaba armando y se les da material militar acabas teniendo un Batallón Azov como la copa de un pino.

    Ello es independiente, tengo familia, de que en Cataluña haya separatistas muy buena gente que piensen que Madrid les odia y que quienes somos nosotros para prohibirles ese derecho a decidir.

    3/Respecto lo que comentas de la OTAN Ceuta y Melilla. Leí en su momento el post de Elentir. Y si realmente hay que hacer semejante encaje de bolillos jurídico para que Ceuta y Melilla sean animal de compañía de España en territorio OTAN lo llevamos claro.

    Las cosas tiene que ser claras y meridianas, para que sobre todo el enemigo tenga constancia de hasta que punto van a estar dispuestos a mojarse nuestros socios de alianza o no con nosotros. Y no lo están. Ése Dédalo de consideraciones jurídicas viene muy bien para juegos florales, no para una guerra.

    Tan es así que ha tenido que se precisamente VOX quien haya propuesto que se explicite. Con la callada por respuesta de el gobierno ante se tema incómodo. Por cierto. Esa propuesta de VOX no ha aparecido por ningún lado en el Blog de Elentir. Y mira que pone cuidado a todo lo que dice VOX. Por algo será.

    4/Noto en toda tu crónica una especie de distancia hacia los rusos. Como si fueran menos Europeos por ser algo asiáticos. Cuando les guste o no a los ucranianos son tan asiáticos, excepto cuatro gatos del oeste, que los rusos. Y es que ambos son europeos de la misma manera porque el origen de los dos países es básicamente el mismo.

    Tengo la sensación de que los nacionalistas ucranianos tratan a los rusos de la misma manera que los separatistas catalanes a los españoles. Como si fuéramos menos europeos (la caspa franquista es como la caspa soviética) y una especie de carga que les hace parecer menos ante la desarrollado Europa/USA. Y es esa necesidad de identificarse con Europa/USA, para parecer mas que los asiáticos rusos, aceptando necesariamente que todo lo que viene de fuera es bueno (por eso ha entrado el globalismo en España cómo ha entrado) lo que es muy peligroso.

    Fíjate que es precisamente Hungría, el país que combate el globalismo mas intensamente en Europa, y que a priori debería de tener mas prevención contra Rusia, uno de los que ha puesto mas distancia con el conflicto.

    La diferencia (de Hungría) con Polonia es muy grande. Sería necesario que analizar ese por qué en detalle; porque es por ahí por donde podría entrar un poco de luz.

    Un saludo cordial

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    1. Me gustaría aportar que he señalado con «me gusta » el artículo y todos los comentarios. Comprendo la polémica, la dialéctica y la pasión que despierta. Sin ánimo ecuménico , ni reconciliatorio, aunque creo que los que leemos este blog estamos de acuerdo en casi todo. Pienso que el tema es demasiado complejo, poliedrico y, lo que es peor, que hablamos de él como si tuviéramos todos los datos,como si nuestra opinión estuviera fundada en información y auténtico conocimiento, cuando la verdad es que sólo disponemos de propaganda y maliciosa. Uds perdonen por la intromisión

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      1. Efectivamente Miguel

        Disponemos de muy poca información fiable. Por eso, aún siendo poco fiable, prefiero usar la información existente de antes de éste fatídico 24/2/22.

        Simplemente aprecio planteamientos audaces como los de Don Carlos López, nuestro anfitrión, al intentar sopesar hasta que punto si se apoya una causa que se cree «buena» no se estará al mismo tiempo apoyando otra bastante peor. Y hasta que punto una prima sobre la otra.

        Y en mi opinión, basada mas en lo previo al 24/2/22 que en lo de ahora, veo que el peso de la Agenda Globalista en la promocion de la guerra y en su exacervacion es indudable. Por malvado que sea Putin.

        Y la manipulación a la que ha sido sometida gran parte de la población ucraniana, usando todo el Know How acumulado en las sucesivas revoluciones de colores en todo el mundo es clara y meridana. Revoluciones de colores que SIEMPRE han ido de la mano de esa Agenda.

        Y al respecto de lo visto en Cataluña por cualquiera que tenga cara y ojos (y un poco de cerebro) me parece revelador. Y ver como los medios españoles ahora tengan la caradura de acusar a Putin de la promoción del separatismo catalán; cuando Soros y sus malas compañías han estado ahí desde hace tiempo trabajando a tope, incluso subvencionados por el Estado español, me ratifica que si han hecho lo mismo, contando además con el Departamento de Estado USA, en Ucrania. Uno no pueda confiar en muchos de los que antes pensaba que eran de los «nuestros». Y no me refiero, obviamente, a nuestro anfitrión.

        Un cordial saludo

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