El obsceno uso de una tragedia

El 24 de junio se daba a conocer la tristísima fotografía de los cadáveres de un joven salvadoreño y su pequeña hija, hallados a orillas del Río Bravo tras horas de búsqueda. Ambos se ahogaron al tratar de cruzar clandestinamente la frontera entre México y los Estados Unidos. Fue la propia madre de la niña quien presenció cómo la corriente arrastraba a su hija de apenas dos años y a su joven marido, de 25.

Inmediatamente, los medios compararon esta imagen con la del niño sirio Aylan, que apareció ahogado en 2015 en una playa de Turquía, y que, por remedar los vulgares latiguillos de la prensa, “sacudió las conciencias”. Tengo la sensación, sin embargo, de que esta vez la repercusión ha sido menor, quizás porque, al menos en España, los periodistas están demasiado ocupados con las especulaciones sobre la investidura de Pedro Sánchez y las celebraciones internacionales del poderoso lobby LGTB.

Con todo, tanto la izquierda como los medios en general, independientemente de su línea editorial, no han dudado en instrumentalizar sin el menor escrúpulo la terrible foto publicada por la corresponsal Julia de Luc en el diario izquierdista La Jornada, relacionándola con la política contra la inmigración ilegal del presidente Trump.

Una redactora de La Vanguardia escribía con dudosa prosa que padre e hija “se ahogaron por unas corrientes más fuertes que las del río Bravo: las de las políticas antiinmigración”. En general, la mayoría de periódicos han publicado entradillas que, con un lenguaje más o menos sobrio, concluyen en Trump como causa última. También se han referido casi invariablemente a la “desesperación” que habría motivado la temeraria tentativa de cruzar a nado uno de los ríos más grandes de América. El papa Francisco ha asegurado que reza por estas víctimas “y por todos los migrantes que han perdido la vida, tratando de escapar de la guerra y la miseria”.

No podemos dejar pasar un par de reacciones de una vileza singularmente obscena. Una es la del caricaturista Rafael Barajas, El Fisgón, autor de una viñeta titulada “Cosecha en el Río Bravo”, la cual nos muestra a Donald Trump pisando los cadáveres de Óscar y Valeria (como se llamaban el padre y la hija muertos) para alcanzar el fruto de un árbol en forma de papeleta con la palabra “Reelección”.

La otra es un tweet del ministro de Exteriores cubano Bruno Rodríguez, en el cual, sobre la fotografía de los dos cadáveres, sostiene: “No los mató el Río Bravo. Fue la política migratoria de #EEUU. La pobreza que el capitalismo provoca es la causa de la emigración. La solución es el desarrollo.”

Desmontar tal sarta de bajezas, mentiras y medias verdades es tarea bastante sencilla, aunque no deberíamos limitarnos a ello, sino ensayar una reflexión más amplia sobre una cultura periodística que hace mucho tiempo abandonó cualquier atisbo de pudor en aras de unos objetivos ideológicos perfectamente reconocibles.

En primer lugar, estadísticamente es una falsedad que la política de endurecimiento de los controles fronterizos produzca más muertes. Un sencillo gráfico nos muestra que durante los años del santo laico Barack Obama, las cifras de fallecidos en la frontera sur de los Estados Unidos eran claramente superiores a las actuales.

Tampoco es cierto que Óscar y su familia huyeran de una pobreza absoluta. Tanto él como su esposa tenían trabajo en El Salvador, como cajera de supermercado y como cocinero en una pizzería (que no es un mal empleo), respectivamente. Cierto que carecían de vivienda propia y convivían con la madre de él. Como en tantos casos, lo que atrajo a la desgraciada familia a los Estados Unidos fue la perspectiva de mejorar su condición, que al parecer unos familiares establecidos en Dallas habían visto ya realizada. Tras dos meses de permanencia en un campo de inmigrantes mejicano, esperando resolver los trámites para entrar legalmente en los Estados Unidos, Óscar perdió la paciencia y se desencadenó la tragedia.

En resumen, no huían de ninguna guerra ni de ninguna situación original de miseria insoportable. La gente no muere en las fronteras de Estados Unidos o de Europa por una política inmigratoria inhumana, sino por un efecto llamada casi irresistible, que les hace arriesgar sus vidas para alcanzar rápidamente una prosperidad personal que los países de destino hemos obtenido a lo largo de varias generaciones. Lo ha resumido perfectamente una autoridad inmigratoria de la administración Trump, Ken Cuccinelli: “Hasta que eliminemos los atractivos en nuestro sistema de asilo, las personas como ese padre y esa niña van a seguir haciendo viajes peligrosos.”

Lo decisivo aquí es si estas sociedades materialmente exitosas lo pueden seguir siendo absorbiendo a millones de personas que no sólo ponen a prueba sus sistemas asistenciales, sino que amenazan con su empuje demográfico la cultura que las ha hecho prósperas y libres, al importar a Estados Unidos mentalidades de populismo económico y anomia social y, en el caso de Europa, además, el teocratismo islámico.

Termino con la ineludible reflexión sobre el periodismo que padecemos. Cuando se utiliza una imagen que puede herir la sensibilidad para dar soporte a una interpretación ideológica, el cinismo del objetivo es evidente. Se explotan las emociones de la manera más impúdica para convertir en un monstruo a un líder político, y en monstruosas sus ideas o medidas. Y lo que es peor, se criminaliza a quien discrepe de esa interpretación, como si con ello demostrara ser, no ya fríamente insensible ante la muerte de seres humanos, y en especial niños inocentes (que también) sino incluso cómplice de sus supuestos verdugos.

La táctica, no por burda deja de ser eficaz, consiguiendo acallar la mayoría de opiniones discrepantes del discurso políticamente correcto. El resultado es una casi unanimidad hipócrita, que en lugar de plantear soluciones o paliativos realistas a los males que denuncia, se limita a expedir certificados de buena conciencia progresista, así como sambenitos de “populismo” o “xenofobia”, con el único fin de adquirir una mezquina ventaja política.

Significativo es que quienes no retroceden ante nada para obtener tan torpe ventaja son habitualmente dirigentes comunistas y la nutrida infantería de tontos útiles que escriben o dibujan en los periódicos de sociedades libres, defendiendo directa o indirectamente una ideología cuyo carácter asesino y empobrecedor está sobradamente demostrado. Y auténticamente sangrante es que un miembro del Partido Comunista de Cuba, responsable de la muerte de miles de personas que trataron de huir por mar de su ominosa dictadura, tenga los arrestos de acusar al “capitalismo” de las muertes de inmigrantes que no huyen de este sistema económico, sino que arriesgan sus vidas para entrar en él.

2 comentarios sobre “El obsceno uso de una tragedia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s