Soberanía, el libro de Buxadé

Abordé el libro de Jorge Buxadé (Soberanía. Por qué la Nación es valiosa y merece la pena defenderla, Homo Legens, 2021) con ciertas expectativas y algunas prevenciones. La verdad es que apenas he seguido hasta ahora las ruedas de prensa del autor, pero confieso que tampoco suelo estar al día de las intervenciones de Santiago Abascal, Iván Espinosa de los Monteros y otros dirigentes y representantes de Vox. Veo algunos vídeos o incluso algunos mensajes breves en redes sociales, a menudo con semanas de retraso. Soy hombre de letra impresa, y ni puedo ni quiero seguir el ritmo frenético de las nuevas tecnologías, ni estar todo el día pegado a la actualidad. Prefiero infinitamente leer una obra del siglo XVII, sin mirar durante horas el maldito teléfono móvil.

Por eso, en cuanto supe que un conspicuo dirigente de Vox había escrito un libro, me dije: esto ya me gusta más. Acceder al pensamiento de una persona con el ritmo pausado de lectura de un volumen de 350 páginas (no está mal para una ópera prima) es un privilegio, resultado del esfuerzo de quien lo haya escrito, que merece al menos cierta consideración.

Poco antes de comprar Soberanía quise obtener alguna información más detallada sobre su autor, aparte de su currículum objetivo: vicepresidente de área política de Vox, eurodiputado, abogado del Estado y profesor de derecho administrativo. Tampoco está nada mal. Pero en una rápida búsqueda, descubrí que para Google lo importante es que el político nacido en Barcelona en 1975 se presentó en unas listas electorales de Falange, a la edad de veinte años. El diario El País, cómo no, llegaba a titular, tras las últimas elecciones europeas: “Jorge Buxadé Villalba: un falangista en el Parlamento Europeo”.

Cierto que Buxadé, en una entrevista, negó estar arrepentido de su fugaz relación con el partido fundado por José Antonio Primo de Rivera, y sí en cambio de haber militado en el PP durante diez años. Algo por lo demás poco sorprendente, dada la diferente duración de ambas circunstancias, y lo que determinó el fin de la segunda: el fracaso de Mariano Rajoy en impedir el golpe de Estado separatista en Cataluña.

Pero hay dos aspectos biográficos que me parecen mucho más destacables, y que me predisponen favorablemente, lo confieso, a favor de Buxadé. El primero, su condición de católico y padre de familia numerosa. El segundo, de carácter generacional: que el eurodiputado entró en el Partido Popular como reacción al 11-M, es decir, a la infame utilización política del atentado por la izquierda, contra el Gobierno.

Personalmente, yo no llegué a afiliarme al PP (nunca he sido de ningún partido hasta que en 2017 me afilié a Vox), pero ya he contado alguna vez a mis pacientes lectores que lo voté por vez primera el 14 de marzo de 2004, por el mismo motivo. La inmediata consecuencia de lo que sucedió en aquellas nefastas jornadas fue el cumplimiento del pacto del PSOE con la ETA, para salvar políticamente a los terroristas, y con ello a todo el nacionalismo vasco. Pacto que luego Rajoy respetó, junto al resto de la legislación ideológica de Rodríguez Zapatero, y que está directamente en el origen de Vox.

Paso a comentar el libro. En él podemos distinguir tres partes. La primera, de los capítulos I al IX, en los cuales el autor expone el concepto de soberanía (partiendo como buen jurista de su primer teorizador, el pensador francés del siglo XVI Juan Bodino) y desarrolla sus implicaciones siguiendo muy de cerca el programa de Vox, en relación a la crítica del Estado autonómico, la partidocracia y la facilidad con que miles de inmigrantes ajenos a nuestra cultura acceden a la nacionalidad española.

A Buxadé le interesa el concepto definido por Bodino no como una justificación de la monarquía absoluta, naturalmente, sino como instrumento teórico y jurídico al servicio de la nación, que es una realidad natural (en el sentido de que no ha resultado de ninguna convención), anterior al Estado, como la familia. Junto a la religión, “son tres elementos que de forma silenciosa pero suave nos moldean”, y gracias a los cuales “el individuo sale de sí mismo para ser persona, completarse, crecer, ligándose a otro pero sin hacer violencia de sí mismo”.

Aquí me surgía una primera duda, que es la principal prevención con la que empecé a leer el libro. ¿Por qué deberíamos destacar la nación por encima de los otros dos elementos, la familia y el cristianismo? Buxadé no se plantea esta pregunta porque en realidad él no afirma que la patria sea más importante que la familia ni la fe religiosa. Lo que dice es que las tres cosas van unidas, como lo demuestra que reciben el ataque en bloque del globalismo. Ahora bien, sucede que el principal obstáculo de esta forma de dominación mundial que pretenden implantar las elites políticas y financieras desde organismos internacionales, inmunes a cualquier control democrático y judicial, es la soberanía de los Estados-nación, particularmente los que sí están sometidos a las leyes y al sufragio popular.

En la parte central del libro, del capítulo X hasta el XVIII, más o menos, el autor acomete la disección de ese fenómeno del globalismo. Se trata a mi entender de las mejores páginas de esta obra, y reconozco que me han hecho adquirir una conciencia mucho más clara de la realidad que denominamos con esa expresión; la cual no designa solo una ideología, sino a una elite política y plutocrática que controla los organismos internacionales y los medios de comunicación, actuando sin control democrático ni judicial.

En los años noventa del pasado siglo, la izquierda abominaba de la globalización, entendida como sinónimo de neoliberalismo. Era sobre todo una forma de proseguir la lucha contra el capitalismo después de la caída del Muro de Berlín. Pero hoy esa izquierda ha pactado tácitamente con las grandes corporaciones y poderes financieros para liderar culturalmente lo que antes denostaba, utilizando los lenguajes y pretextos del género, el inmigracionismo y el catastrofismo climático.

Si el globalismo como sistema o régimen tiene en las naciones soberanas su principal enemigo, como ideología se manifiesta como una seudorreligión sustitutoria del cristianismo. Su arma dialéctica principal es el “consenso progre”. Buxadé acomete un brillante análisis de este sustantivo, poniendo de relieve su carácter falaz, y la habilidad con que se instrumentaliza para imponer el pensamiento que conviene al globalismo, persiguiendo cualquier disidencia.

Este falso consenso propugna un tipo humano, como retrata agudamente en un capítulo posterior, el XXI, “que se autodetermina y autoafirma cada mañana, en lo sexual, en lo familiar, en lo social; desarraigado, sin memoria ni tradición. Ese individuo que proponen rechaza todo lo que le viene dado: la familia y la nación; es un individuo aislado que no conoce el nosotros.” O, me permito precisar, que solo conoce el nosotros artificial de las identidades políticas (género, negro, inmigrante), que a diferencia del sexo, la familia, la nacionalidad o la religión no son previas a la política ni al Estado, y requieren la demonización de otro (el hombre, el heterosexual, el blanco) a falta de un auténtico contenido positivo.

Del resto de capítulos (XXVI en total) destacaría los XXIII y XXIV, donde el autor, como no podía ser menos por su experiencia como eurodiputado y su formación en derecho administrativo, nos ilustra sobre la deriva federalizante de la Unión Europea, empeñada, en perfecta coordinación con el globalismo con sede en Nueva York, Ginebra o Davos, en doblegar a los Estados nacionales para imponer sin límite alguno la “gobernanza” mundial y el dichoso “consenso progre”.

Pero no quiero destripar el libro; prefiero recomendar encarecidamente su lectura. Debo confesar que Soberanía ha cumplido con creces mis expectativas. Estas eran que por fin existiera un libro que de alguna manera, aunque fuera oficiosamente, resumiera o compendiara el ideario, las concepciones y las propuestas de Vox. Por supuesto, ya teníamos antes algunas obras de representantes de este partido como Hermann Tertsch, sobre nuestra historia política reciente; de Alicia Rubio, sobre la ideología de género; del propio Santiago Abascal, como el libro entrevista con Kiko Méndez-Monasterio, Hay un camino a la derecha; o el firmado por Fernando Sánchez Dragó, Santiago Abascal. España vertebrada, que reproduce más o menos libremente largas conversaciones entre el escritor y el político.

Además, sería inexcusable no mencionar las numerosas obras del diputado de Vox Francisco José Contreras, catedrático de filosofía del derecho y especialista en liberalismo conservador, entre las que destacaría La fragilidad de la libertad (2018), en la misma editorial del libro de Jorge Buxadé. Máxima preocupación del profesor Contreras, con razón, es la cuestión del invierno demográfico. Difícilmente tendrá sentido defender la soberanía de la nación española, frente a cualesquiera enemigos internos y externos, si los españoles seguimos teniendo menos hijos de los necesarios para reemplazar a los que mueren. La baja natalidad es un problema de profunda raíz espiritual, relacionada sin duda con ese hombre desarraigado descrito por Buxadé, que al quedar desconectado del pasado, la familia y la tierra de sus ancestros, pierde todo sentido de proyección al futuro, salvo en la forma de un ecologismo malthusiano y desesperanzado, que ve como un bien el suicidio demográfico. Buxadé apenas ha podido más que dejar apuntado este tema, literalmente vital. Con todo, y aunque no sé si al autor le hará gracia que lo considere así, su libro es lo más cercano que tenemos a un manual de introducción al pensamiento de Vox. Algo completamente inusual en nuestro pedestre panorama político, y que honra y distingue a esta formación.

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