La bromita

El periodista Moisés Peñalver (en Twitter, @moxes101), por causalidades de la vida, fue vecino de Ernest Lluch por un día, en Barcelona, adonde acababa de trasladarse. Al día siguiente, el político socialista fue asesinado por ETA. Peñalver lo rememora en su breve columna “La foto de l’Ernest Lluch”. (Diari Més.) Sobre ETA no hace ningún comentario en particular, posiblemente porque ya está todo dicho sobre estos malnacidos. Sin embargo, en un texto de apenas 270 palabras, Peñalver encuentra la ocasión para dejar caer un profundo chiste sobre Vox, sin nombrarlo y sin venir a cuento. Dice que es más difícil encontrar piso en Barcelona que “cazar una neurona en la sede del partido con el anagrama verde.”

El humor, al contrario de lo que se cree, es una cosa muy seria. Como en la literatura y en todo, hay humor de más y menos calidad. El humor de calidad es casi divino: distancia al hombre de su mísera condición, poniéndolo en el punto de vista de los dioses. Alguien dijo que Shakespeare se perdía por un chiste, incluso en el momento más dramático. Por el contrario, el humor de baja calidad tiene una génesis completamente distinta, hasta el punto de que parece impropio llamarlo con el mismo nombre que el otro. Este seudohumor, en lugar de hacernos tomar distancia respecto de nosotros mismos, lo que hace es celebrar la pertenencia a la tribu, la identificación gregaria con el colectivo. Se ríe del que es diferente, de la tribu del otro lado de la montaña. Es quizás el humor más corriente en política. Su carácter espurio se reconoce fácilmente porque el objeto de las burlas es perfectamente intercambiable. De cualquiera puede decirse algo tan genérico como que es tonto, feo, cobarde o cornudo; especialmente si no hay necesidad de que sea cierto.

En el ejemplo presente, el cachondeíto resulta además especialmente torpe y de pésimo gusto. Porque Vox surgió en 2014 por un cúmulo de razones, pero sobre todo por una causa eficiente, por decirlo en lenguaje peripatético: la profunda desilusión, indignación y sensación de impotencia por la política de cesiones ante los terroristas, que perpetró Zapatero y continuó en lo esencial Rajoy. No es por casualidad que dos de los más importantes fundadores de Vox sean un amenazado por ETA como el bilbaíno Santiago Abascal, junto a la víctima del secuestro más largo de la organización criminal, José Antonio Ortega Lara. Simplificando, Vox fue una escisión del PP como UPyD lo fue del PSOE; ambos con origen en el País Vasco, y por los mismos motivos detonantes, independientemente de sus grandes diferencias ideológicas. Toda la cháchara politológica sobre el “populismo”, así como la retórica barata sobre la “ultraderecha”, se basan en olvidar este hecho fundacional.

Volviendo a mi tesis sobre los tipos de humor, al rememorar un crimen cometido por los terroristas de la ultraizquierda nacionalista, se diría que el autor trata de dejar bien claro, precavidamente, que es de “els nostres”, un progresista favorable al procés; no lo vaya a confundir, alguien que no conozca su trayectoria, con algún derechista carpetovetónico. Por mi parte me abstendré de hacer ninguna broma sobre Peñalver, porque las que se me ocurren ahora mismo son de baja calidad.

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