Amnesia democrática

Toda la vida hemos soportado veranos calurosos, inundaciones, sequías y huracanes, pero desde que el cambio climático se ha convertido en asunto de máxima importancia para los políticos y periodistas, parecen fenómenos nuevos. También toda la vida ha habido deportistas negros, como el boxeador cubano-español José Legrá, recibido por Franco (nos lo ha recordado Alonso Pinto en su cuenta de Twitter); y no digamos mujeres, como la espartana Cinisca, vencedora de las carreras de carros olímpicas hace 2500 años. Pero desde que las políticas identitarias se empeñan en rajar de Occidente, cada vez que un negro gana una medalla, o lo hace una mujer en una categoría tradicionalmente masculina, se supone que entramos en una nueva y esperanzadora era antifascista, o algo así. Para alegría de la China comunista, por cierto, que se prepara para dominar el mundo mientras Europa y América se entretienen luchando contra el patriarcado y el racismo.

No es por casualidad que esta especie de amnesia colectiva, que nos lleva a olvidar no sólo hechos históricos (lo que puede ser comprensible), sino incluso lo que opinábamos y creíamos casi todos hace escasas décadas, coexista con excrecencias legislativas como la llamada Memoria Democrática. Cuando un político adjetiva, adultera. Máxime cuando, como en este caso, el adjetivo no es uno cualquiera, sino precisamente uno de los más desvirtuados de los tiempos modernos. El hombre contemporáneo ha llegado a creer que la democracia es la última fase de la evolución humana, olvidando lo que sabemos desde Aristóteles, que ningún régimen político en sí mismo es mejor que ningún otro.

La conocida boutade de Churchill, según el cual la democracia es el peor sistema, exceptuando todos los demás, ha sido corrientemente interpretada de la manera más simplona. El filósofo y eurodiputado polaco Ryszard Legutko, en su libro Los demonios de la democracia, ofrece un perspicaz análisis lógico de aquella frase. En resumen, se ha pasado de una visión sanamente escéptica de la política a una concepción peligrosamente totalitaria, en la cual la democracia (que es como decir la igualdad) se convierte en la solución de todos los males, y por tanto en la excusa para politizar todos los aspectos de la vida humana. Y esto se comprueba a diario cuando ni siquiera las noticias deportivas ni meteorológicas escapan a tratamientos ideológicos, convenientemente disfrazados de argumentos éticos o científicos contra enemigos en gran medida imaginarios.

Si a esto añadimos la fobia antimemorística de la pedagogía actual, el círculo se cierra. No hace falta aprenderse nada de memoria, porque a fin de cuentas todo lo podemos encontrar cuando queramos en Google. Así nos quieren, sin memoria, sin propiedades ni referencias prepolíticas de ningún tipo. A merced del Estado y de Google, que por supuesto tendrán la última palabra sobre lo que conviene recordar y, consiguientemente, pensar y sentir.

Un comentario sobre “Amnesia democrática

  1. Estimado Sr. López Leyendo este artículo me vino a la mente la cita de Platón hace 2,500 años. Y cito: “El exceso de libertad, ya sea en los estados o en los individuos, parece que da paso a un exceso de esclavitud. Y de esta manera surge, naturalmente de la democracia, la tiranía, y la forma más agravada de tiranía y esclavitud surge de la forma más extrema de la libertad”.

    Le dejo la idea para que, con su fina pluma, ayude a defender lo que es bueno y decente de nuestra civilización. Cordiales saludos, Guillermo Garcia

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