El problema nunca es Sánchez

No es que no esté a favor de elecciones anticipadas, o de una moción de censura contra Pedro Sánchez. Por supuesto que lo estoy. Pero si echamos a Sánchez, aún no habremos solucionado ni un solo problema. Lo único que habremos hecho es remover un obstáculo (y no es poco) pero nada más. El problema nunca es el gobernante endiosado, aferrado al poder, sino por supuesto quienes le apoyan, desde periodistas a votantes. Pero tampoco con eso hemos dicho lo más importante. Porque a menudo se cae en el error de pensar que el periodista es un vendido, un mercenario, y que el votante no hace más que decantarse por quien le promete más. Hay algo de esto, sin duda, pero no es lo esencial. La clave es el pensamiento. Mientras millones de personas piensen que el aborto es un derecho de la mujer, estamos apañados. Mientras millones piensen que los inmigrantes africanos compensarán los hijos que no tengamos, y nos pagarán las pensiones, lo tenemos crudo. Mientras millones crean que dialogando con los separatistas se solucionará el “conflicto catalán”, estos podrán seguir aspirando a lograr sus objetivos finales de implantar una república con los mismos males que la sociedad actual, pero exacerbados. El problema nunca es Sánchez, el problema es que Occidente lleva dos siglos deseducando, embruteciendo a las masas. Las elites han abolido de facto primero el cristianismo, y ahora están de lleno aboliendo incluso el humanismo grecolatino. Se empieza matando a Dios y se acaba matando al Hombre. Ya saben, hay que desterrar esas viejas concepciones patriarcales y vivíparas donde los hombres tenían pene y las mujeres vagina. En su lugar han entronizado un monopensamiento reiterativo de espantosa simpleza, donde solo rigen sentimientos primarios, lugares comunes, falacias lógicas y brutales demonizaciones de los pocos que se atreven a advertir a dónde nos dirigimos. Tenemos un problema mucho más gordo que Sánchez.

Un comentario sobre “El problema nunca es Sánchez

  1. Hola Carlos. En completo acuerdo contigo. Sánchez representa todas las lacras que has señalado, pero él y los suyos son sólo la punta del iceberg de todo lo que venimos haciendo mal desde hace 50 años. La catarsis general a la que tendríamos que someternos tendría que tener la envergadura de la que vivimos tras la Guerra Civil . La insidiosa guerra que el príncipe del mundo emprendió contra nuestro país está dando sus amargos frutos y, apenas ahora, que estamos inmersos en una guerra psicológica y biológica nos damos cuenta de que hemos estado en una guerra cultural, guerra en la que perdíamos una tras otra todas las batallas, si importarnos nada, haciendo nuestras las consignas del enemigo. El deseo de paz nos ha llevado a tragar lo intragable y ahora ya no hay opción intermedia, ni centro, ni mediador. Ahora aunque nos gustaría relajarnos y contemplar, tenemos que dar la batalla

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