La fatalidad y la esperanza

Tras las elecciones de San Valentín al parlamento de Cataluña, algunas cosas siguen lamentablemente igual, pero algo ha dado un vuelco, dejando descolocados a unos cuantos. La entrada de Vox en la cámara legislativa autonómica, con 11 diputados y por tanto grupo propio, ha sido de nuevo ocasión de reeditar el sobado mantra de la división de la derecha. Esta era la respuesta inercial de varios opinadores del ABC de ayer. Julián Quirós editorializaba en página 2: “La derecha no volverá a gobernar mientras cuente con tres partidos, incluso quizá mientras cuente con dos.” Luis Ventoso, en página 7, formulaba el mismo principio elevado casi a verdad metafísica: “La derecha desunida siempre será vencida.” Y Salvador Sostres, pensador de cabecera del rajoyismo eterno, acusaba a Vox de ser el gran aliado de Pedro Sánchez para permanecer en el poder. Lo curioso es que al mismo tiempo no duda en echar la culpa a Pablo Casado del mal resultado global de la derecha constitucionalista en Cataluña, al haber éste “bombardeado lo poco que quedaba en pie de su partido”. Tampoco olvida la traición de Ciudadanos a los votantes que le dieron la mayoría relativa en 2017. Por su parte, Ventoso también apunta al Partido Popular cuando propone reemplazar a Casado por Feijóo (¡sorpresa!), es decir, más viaje al fondo de la noche centrista. Cuanto más se contradicen ellos mismos con la tesis del Vox culpable, más digna de estudio es su pertinacia en sostener lo que la realidad ya se ha encargado de desmentir numerosas veces: en Andalucía, Madrid capital, Madrid comunidad, en Murcia y, sin ir más lejos, el pasado domingo en Cataluña, donde el separatismo tiene en sus manos formar gobierno pese a presentarse dividido en cuatro partidos, nada menos. Pero la razón de fondo de esta inercia teórica no se halla en una ineptitud para las matemáticas electorales (que a lo mejor también) sino en una incomprensión radical de por qué surgió Vox. Se empeñan en sumar Vox con PP y Ciudadanos como si fueran, minucias aparte, lo mismo. No han entendido algo tan sencillo como que la derecha no está en crisis por culpa de Vox, sino que Vox surgió porque la derecha, pese a llevar entonces dos años gobernando con mayoría absoluta, ya estaba en crisis: en una crisis de orfandad política, debida a la traición del Partido Popular a sus principios. Olvidan que el desencadenante no fue otro que el servil acatamiento del gobierno del PP al pacto de Zapatero con la ETA, que incluía tragarse con patatas la sentencia europea contra la doctrina Parot para permitir la liberación de asesinos terroristas. Aquello fue la gota que colmó el vaso, como explicó Santiago Abascal en la carta a Mariano Rajoy, de noviembre de 2013, con la cual se despidió de su anterior partido. Antes ya se había arrinconado a María San Gil, ya se había marchado desencantado Ortega Lara. Ya el PP había incumplido sistemáticamente cada una de sus promesas, en todos los terrenos. Ya había mostrado su debilidad ante el separatismo catalán, ya había consolidado “por inacción… toda la legislación ideológica de Zapatero”, ya había subido los impuestos “en contra de nuestros principios sobre política económica”, ya había demostrado su “pasividad ante la legislación que ataca la vida del no nacido” y, por terminar de decirlo todo, ya había exhibido su nula autocrítica en relación con la corrupción, además del incumplimiento de los estatutos del partido sobre democracia interna. ¿De qué sirve tener mayoría absoluta para no distinguirse del PSOE? Vox nació como una rebelión contra el fatalismo. Al principio hubo mucho de instintivo en ello. Fue tras el temprano tropiezo en las europeas de 2014 cuando Vox se encontró a sí mismo. Supo darse cuenta de que ese fatalismo no era un mero rasgo psicológico de Rajoy, sino que responde a un mal más profundo, que viene de mucho antes: el de esa derecha que se limita a preocuparse de las cuentas económicas, mientras que en todo lo demás se acoge al consenso popperiano (R. R. Reno) para abominar de cualquier principio fuerte, para acabar renegando de Cristo e incluso de Platón, dejando así el terreno despejado para el suicidio de Occidente. La “sociedad abierta” no era más que el nombre exitosamente propagandístico (¿quién va a defender una sociedad cerrada?) de una sociedad vacía. Por supuesto, el vacío no existe, sino que se acaba llenando con algún tipo de totalitarismo, sea islámico o basado en la nueva religión del progresismo global, que nos quiere “diversos” pero pensando todos igual, sin propiedades, sin hijos naturales y comiendo insectos y algas. La vocación de Vox es resistirse a esto; tarea inmensa que los partidos de la derecha agnóstica (en sentido amplio, no solo religioso) ni siquiera son capaces de barruntar. Así que, por favor, señores opinadores, dejen de dar la brasa con su fatalismo sobre la división de la derecha. Vox no tiene intención alguna de fundirse con esa derecha determinista; al contrario, nació tanto contra ella como contra la izquierda. Vox va de otra cosa: va de esperanza.

3 comentarios sobre “La fatalidad y la esperanza

  1. Gran artículo, don Carlos.

    En España el periodismo es de tan ínfima calidad que ni siquiera se preocupa de documentarse un poco para evitar hacer el ridículo ante un lector medianamente informado. Y lo peor, los Sostres y compañía estarán considerados como grandes opinadores y columnistas, cuando en el mejor de los casos, no son más que una panda de activistas y lameculos del que les paga.

    Ontológicamente, C’s y PP no tienen nada que ver con VOX. Es más, C’s y PP no pueden ser calificados como de “derecha” jamás, pues no lo son, y nunca lo han sido, ni siquiera el PP, al menos desde la refundación de Aznar.

    Por cierto, gran libro el de Russell Ronald Reno, “El retorno de los dioses fuertes”. De muy recomendable lectura.

    Un saludo.

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  2. Coincido muy profundamente en su análisis. Leo hoy en otro medio que se ha prohibido en un instituto de USA, el estudio de La Odisea. Pues bien, de lo que explica ese libro va la cosa; después de muchos trabajos, aventuras y adversidades, habiendo rechazado varias veces ser un Dios, volver a tu casa, en tu patria, para recuperar a tu familia y proteger el legado que recibiste, de aquellos que insolentes y poltrones se dedican a consumirlo hasta la destrucción. Y para ello sólo hay una opción, uno tras otro…. Sin vacilar, sin piedad para ninguno

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  3. Certero y clarificador. Así es: VOX es la Esperanza, es la Fe y es la perseverancia en tiempos de mudanza. “Qui va piano va lontano”, así dicen los italianos al empezar un largo camino. C’s se quemó en un humo de pajas que ni nos alumbró, el PP ha cedido podrido, deslizándose en su querer ocupar un centro que ya no existe y una clase media ya dinamitada. Los niños mimados de esa clase media, frustrados ni-nis mileuristas, en forma de pijos-progres se ha podemizado…Los sociolistos han perdido toda relación con su origen histórico y son el sostén de la banca globalistas…No hay mas esperanza que esta: VOX. Gracias Carlos por recordárnoslo

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