Papelera de la historia

La gran ventaja de términos más o menos sinónimos como ultraderecha o fascismo es que eximen a quien los esgrime de cualquier argumentación. Lo mismo sucede con el restante repertorio de palabras intimidatorias, como racista, machista y la creciente colección de terminadas en el sufijo –fobo: homófobo, tránsfobo, islamófobo, etc. Uno pude esforzarse en argumentar contra el lenguaje dominante de la corrección política, puede aportar numerosos datos objetivos que cuestionan la visión buenista de la inmigración, que discuten las teorías de género o plantean dudas sobre el apocalipsis climático. Las respuestas invariables, a menudo acompañadas de improperios y descalificaciones salvajes, serán: xenófobo, racista, machista, negacionista… El calificativo sustituye al argumento. Se ataca no lo que dice uno, sino lo que supuestamente es uno. Incluso aunque fuera cierto que determinado mensaje es racista o bordea el racismo, ello no sería impedimento para rebatirlo con procedimientos racionales, sino precisamente al contrario. Cuando creemos que determinadas ideas son nocivas y repulsivas, es cuando más obligación moral tenemos de emplear la argumentación, la lógica y la escrupulosidad intelectual. Pero para empezar, debemos ser serios a la hora de identificar dichas ideas. Si ante cualquiera que nos obliga a replantearnos determinados postulados reaccionamos con un rechazo visceral como si fuera el Mal absoluto, puede que nos hallemos ante una inmejorable ocasión de hacer autocrítica. Identificar nuestras ideas y creencias con el bien puro, además de proporcionar agradables sensaciones de superioridad moral, es la forma más extendida de blindarlas contra toda crítica. He pensado en ello, una vez más, tras leer un articulito de un periodista de Catalunya Ràdio, Albert Mercadé, titulado “Manual electoral per a despistats i com estalviar-vos una setmana de campanya”. (Estalviar-vos significa ahorraros.) Con brevedad que siempre es digna de agradecer, el autor nos explica en rápidas pinceladas las nueve opciones políticas que se presentan a las elecciones autonómicas catalanas del 14 de febrero: A las ocho primeras (desde la CUP hasta el PP, pasando por Comuns, ERC, Junts, PDeCAT, PSC i Ciutadans) dedica una media de 74 palabras. A la última, Vox, exactamente 16, que traduzco: “Papelera de la historia. El único presente que puede tener la extrema derecha en nuestra casa.” Ya está, no hace falta decir nada más. Lo que diga Vox no importa. Basta decir lo que es. Lo que yo os digo que es Vox, por supuesto: extrema derecha, fascismo, basura. Porque lo digo yo. Desde luego, no parece una actitud muy ilustrada frente a esa supuesta reacción. Y no deja de ser paradójico hablar de “nuestra casa” (casa nostra) para excluir de ella a los que supuestamente representan la exclusión y la xenofobia. Pero el título ya nos debería haber puesto sobre aviso: bajo su aparente ironía, no me cabe duda de que, en su fuero interno, el autor piensa que si solo votaran los periodistas, o siendo generosos los titulados superiores, todo iría mucho mejor. Por eso prescinden del argumento, del debate honesto, porque creen que la mayoría de la gente no está preparada para comprenderlos. La democracia tiene ese problema; a veces el pueblo no vota lo que la élite tiene previsto por su bien. Desde el Brexit y la elección de Trump se han renovado las voces (nunca apagadas del todo) de quienes piden limitar el alcance del sufragio universal (aunque suelen expresarlo en términos más eufemísticos) y sostienen, más o menos abiertamente, que un gobierno mundial de expertos y tecnócratas debería estar por encima de los estúpidos prejuicios (sin duda machistas, xenófobos y añádase aquí el repertorio extenso) de la gente corriente, de ese hatajo de deplorables, según los definió Hillary Clinton en 2016. Luego hubo sorpresas y madresmías porque los así insultados no la votaron lo suficiente en algunos estados. Y se multiplicaron los análisis coincidentes en un razonamiento circular, que es lo mismo que decir una carencia de argumento: los deplorables votan el Brexit, a Trump o a Vox… porque son deplorables.

2 comentarios sobre “Papelera de la historia

  1. Hola Carlos. Recibo con gusto tu artículo y celebro que comentes la actualidad política en Cataluña. Haciendo un juego de palabras cambiaría el “casa nostra” por el “cosa nostra”. Es obvio que la gestión de la política en Cataluña es hoy mas una cuestión mafiosa que una cuestión patriótica. El independentismo se ha hecho dueño y señor de calles y casas, de personas y haciendas. El modus operandi de la Mafia (cuyo origen podría remontarse al dominio catalano-aragonés de las Dos Sicilias) siempre ha estado presente en el imaginario victimista catalán, que siempre se ha sentido “legitimado” a violentar la ley impuesta por el “tirano ocupante”. No niego el derecho a la rebeldía para los creyentes que se ven obligados a pecar contra la Ley de Dios, pero lo demás son derivas maquiavélicas diseñadas para hacerse con el poder a cualquier precio, caiga quien caiga. Gracias

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  2. Un artículo, el del Sr. Mercadé, ilustrativo de la época de histeria y beateria farisaica en que estamos. Hoy en día, un grupo de rock como SINIESTRO TOTAL no podría, no ya tocar, ni siquiera existir. Bueno, en su memoria y a nuestra salud está claro; ” más vale ser punki que maricón de playas”, traducido para mí abuela, ande yo caliente, que el que se pique, ajos coma…. Qué gente tan pesada y tan jartible!

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