Soros, Iker, Francisco

Pasado el revuelo de la moción de censura de Vox contra Pedro Sánchez, ha quedado meridianamente clara una cosa. Todos los partidos del Congreso menos uno, y todo el periodismo salvo raras excepciones, integran el establishment representado en el mundo por Biden, Merkel y Macron, y en España por Sánchez, Casado, Iglesias y Arrimadas. Un sistema kerenskiano que teme menos a los filoterroristas (desde el Black Lives Matter hasta Bildu) que a cualquiera que ose cuestionar los fundamentos ideológicos del llamado progresismo, al que se tacha de ultraderechista, reaccionario o populista. Dicho esto, quisiera llamar la atención sobre tres nombres propios que escuché en el debate de la moción de censura. El primero es George Soros, el magnate estadounidense de origen magiar, traído a colación por Santiago Abascal, y conocido por su financiación de movimientos subversivos y de la inmigración masiva. El privilegiado que promueve la subversión y el caos no es un fenómeno nuevo. A Tocqueville le llamó poderosamente la atención. En el siglo XVIII, un filósofo ilustrado como Claude-Adrien Helvétius, que recomendaba sublevarse a los campesinos contra los recaudadores de impuestos, era él mismo un acaudalado recaudador de impuestos. También se sabe que Lenin fue financiado, además de por el Káiser, por grandes fortunas, como el industrial Savva Morózov y muchos otros. Una interpretación de estos hechos, que tienta a algunos, es que el dinero es omnipotente y omniexplicativo. En esto coinciden tanto la izquierda marxista como la ultraderecha conspiranoica. Pero una cosa es discutir la interpretación y otra negar el hecho. A Abascal le han afeado simplemente que mencionara a un señor del que nos gustaría saber, con mucho más detalle, en qué emplea su dinero destinado a influir en las sociedades de Estados Unidos y Europa, donde a lo mejor los ciudadanos tenemos algo que decir. El segundo nombre propio es Iker Jiménez, el periodista conocido por sus programas sobre el mundo de lo paranormal, últimamente de actualidad por sus investigaciones sobre la pandemia. A quienes tenemos ya una edad, Iker nos despierta nostálgicos recuerdos de “La Clave”, el mítico programa de José Luis Balbín, que se cargaron los socialistas en el poder por ser incómodo para el régimen felipista. Pero las dos veces que dos diputados distintos se refirieron a Iker Jiménez fue en tono de mofa. Gabriel Rufián dijo algo así como que Vox era un partido de “Cuarto Milenio” (en alusión a uno de los conocidos programas del periodista) y hasta del “cuarto cubata”, en una intervención que Abascal contrarreplicó, por cierto, con no menos sentido del humor. Sin embargo, no es necesario estar de acuerdo con las opiniones que se vierten en los programas de Iker, no hay que creer en fantasmas ni en visitantes extraterrestres, ni siquiera que el SARS-CoV-2 sea un arma biológica, para reconocer y admirar su ejercicio de la libertad e independencia periodísticas, que pone en evidencia a gran parte de su gremio. Por último, no podemos dejar de señalar las menciones de algunos diputados de la izquierda al papa Francisco, en referencia a sus recientes declaraciones, en las que se muestra favorable a las uniones civiles homosexuales. En este caso, la intención era tildar a Vox (pese a que jamás se ha opuesto a algo semejante) de más trasnochado que el propio pontífice. La idea progresista frente a lo “trasnochado” se reconoce en gran variedad de asuntos. Se trata siempre de suprimir lo difícil, sea el estudio del latín o el pasar de curso con todas las asignaturas aprobadas, sea tratar de vivir la sexualidad según el catecismo católico. Que no es fácil, como la Iglesia ha sido siempre la primera en reconocer, con mucha más indulgencia que la sociedad en otros tiempos, al no negar jamás el matrimonio sacramental a parejas que ya hayan convivido e incluso engendrado hijos. Pero lo que olvida el mundo (en sentido teológico) es que el papa no es el líder de un partido político, y por tanto no puede modificar la doctrina de la institución que representa, aunque quisiera. Ni por muy afanosamente que busque el aplauso del periodismo. En este sentido sí admito que Bergoglio se parece mucho menos a Abascal que a Casado.

2 comentarios sobre “Soros, Iker, Francisco

  1. Magnífico análisis que suscribo y comparto. Solo quiero hacer una manifestación. Es cierto que el papa no es el líder de un partido político, ni tampoco un jefe de Estado (al menos entendido desde un sentido común, de católico a católico). Sin embargo si es (y debe ser) un referente para la política, ya que todas las religiones tiene una vertiente social, sino serían pura espiritualidad (recordar la encíclica de Pio XI Mit brennender Sorge Con ardiente inquietud, dirigida a Hitler). Por otro lado los demás países y sus dirigentes ven al Papa como el Jefe del Estado Vaticano con el que firman Concordatos. Inevitablemente los papas han hecho, hacen y harán política, el problema es saber cuando hablan “ex cathedra” (son infalibles desde Trento) sobre la exégesis de la doctrina y cuando “opinan” sobre temas sensibles al politiqueo y los medios de desinformación. Gracias

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