Hecatombe machista

La revolución permanente no era el troskismo, sino la tele. Cada día la ración telediaria de feminismo, de ecocatastrofismo, de antirracismo. No habrá paz para los fachas. Ayer o anteayer, un locutor de no me importa qué canal lo soltaba sin inmutarse, sin mostrarse sorprendido: uno de cada cuatro adolescentes conoce violencia de género en su casa. ¡Uno de cada cuatro! ¿De dónde sale un dato tan increíble? Se trata de otro estudio apadrinado por el orwelliano Ministerio de Igualdad, lo cual ya es sospechoso. Hay un obvio interés en demostrar que el machismo es un mal omnipresente, una emergencia, una hecatombe. He acudido al texto, titulado “Menores y violencia de género”, dirigido por Mª José Díaz-Aguado. 373 páginas trufadas de tablas, de gráficas, de análisis estadístico. Más de diez mil adolescentes de 14 a 18 años encuestados. Impresiona, sin duda. Pero detengámonos un momento en ver lo que hay detrás de toda esa alharaca pretendidamente científica. Para empezar, el trabajo proclama como su fundamento teórico la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres de Pekín, organizada por la ONU en 1995. Es decir, parte no de literatura científica, sino de un concilio político-sofístico. Evidencia fabricada, incubada por mentes ajenas al auténtico espíritu científico, que se basa en el dato experimental, no en la undécima tesis sobre Feuerbach ni en elucubraciones de una defensora de la pedofilia como Simone de Beauvoir. Pero ¿las encuestas no son evidencia empírica? Depende del marco teórico. Las encuestas pueden enseñarnos algo, a condición de que las conclusiones no estén predeterminadas desde la posición de salida. En este caso, hay muchas formas de conseguir que las encuestas digan lo que queramos que digan. Por ejemplo, enumero una serie de conductas, como “me ha insultado o ridiculizado”, “me ha dicho que no valía nada”, “me ha aislado de las amistades”, “me ha intentado controlar”, etc., algunas de las cuales ya son en sí mismas interpretaciones, más que hechos concretos y objetivos (¿dónde acaba un interés razonable por saber dónde ha estado tu pareja y empieza un control posesivo? ¿Dónde acaba una discusión más o menos fuerte y empieza la violencia psicológica unidireccional?) y las sumo con agresiones o abusos claramente injustificables, como “me ha pegado”. Así el fenómeno de la violencia de género parece mucho mayor de lo que es en realidad. Pero el sesgo más grave se encuentra en la valoración completamente dispar de esas conductas, según el sexo de quien incurre en ellas. A las chicas les preguntan qué situaciones de maltrato han sufrido. A los chicos, en cambio, les preguntan qué situaciones de maltrato “reconocen haber ejercido”. Confesad, malditos machistas. Un estudio que se nos presenta como rigurosamente científico da por sentado, sin ni siquiera formularlo explícitamente como hipótesis, que ninguna mujer insulta o ridiculiza jamás a un hombre, jamás lo intenta controlar, jamás lo aísla de sus amistades o familiares, jamás de los jamases lo agrede físicamente. O quizás aún peor, que si lo hace será por algo. Pero incluso este tipo de estudios tendenciosos no pueden evitar proporcionar alguna información real. Prescindiendo de la “cocina”, los datos son bastante elocuentes. Un 92,9 % de los adolescentes aseguran que jamás han tenido conocimiento de una agresión física contra su madre, ni siquiera un empujón. Por tanto, sí han sido testigos de ello, o se lo han contado, un 7,1 %. No diré que me parezca una cifra irrelevante, pero desde luego está muy lejos de ese sobrecogedor 24,7 % de adolescentes que, según las conclusiones del estudio que ha destacado la prensa, han vivido violencia de género en su casa. Otros datos tampoco encajan mejor con el clima mental progresista. Uno es la relación “estadísticamente significativa”, como no pueden evitar reconocer los autores del estudio, entre la violencia de pareja y la ausencia del padre. Otro, la mayor proporción de ese tipo de violencia entre inmigrantes. Pero la mente progresista es inasequible a la realidad. Pese a las pruebas de que la “familia nuclear tradicional” protege más a las mujeres y a los menores contra agresiones y abusos que el cambio frecuente de parejas, pone el acento en que no hay que “estigmatizar” a los otros modelos de familia. Hay que continuar viendo no sólo como inevitable sino como un “avance” el desorden amoroso que nos ha legado la sobrevalorada revolución sexual. Por lo demás, dirán que ser mujer inmigrante es una “condición de riesgo”, como si el agresor no fuera la mayor parte de las veces de su mismo origen, sino un xenófobo ultraderechista. La cuestión es seguir nutriendo una bibliografía endogámica y bien subvencionada, a falta de evidencia empírica, para poder despachar toda disidencia ideológica como ignorante “negacionismo”, el término de moda mediante el cual el progresismo proyecta en los demás su propia y solipsista negación del mundo real.

4 comentarios sobre “Hecatombe machista

  1. Lo que nos está pasando es el peor escenario que podríamos imaginar: El enemigo en casa. Llámese emigración ilegal, llámese islam, llámese narco-comunismo, llámese pandemia, llámese violencia de género…es igual, los valores que hicieron grande esta civilización se están desvaneciendo, el relativismo moral, los miedos y el control del Gran Hermano ya se han instalado y viene a quedarse. Esto es la decadencia de la Civilización y la vuelta al animal humano. Confío en Dios, que “aprieta pero no ahoga” para superar esta difícil prueba

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  2. “Uno de cada cuatro adolescentes conoce violencia de género en su casa”. Esto significa que aprox el 25% de los hombres son maltratadores (porque recordad que violencia de género es de un sólo sentido, hombre a mujer)… Yo creo que cuando inventen estadísticas que, al menos, sean algo creíbles. Uno de cada 4 hombres somos muy malos y del otro 75% de hombres seguro que, excepto los de izquierdas y separatistas, la mayor parte también. Uno inventa un dato y, si tiene suerte (como ocurrió con el límite de solidaridad hacia otros landers en Alemania que decían entre otros Pujol y Junqueras y que en realidad no existía), se perpetúa como verdad absoluta.

    Podrían empezar a soltar otros datos superfiables. El 85% de los votantes de VOX son banqueros y empresarios ricos. El 92.5% de los maltratadores se declaran “de derechas”. El 38% de los autodeclarados heterosexuales son en realidad homosexuales reprimidos. El 75% de los sacerdotes y monjas se declaran franquistas. El 48% de los políticos del PP han sido acusados de corrupción.

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