Retrato robot

Una moción de censura puede perderse en el Congreso, pero ganarse en la opinión pública. Lo segundo es a todas luces lo que intentará Vox en setiembre. Y la clave se halla en la elección del candidato a presidente del gobierno (de la que se ha autoexcluido Santiago Abascal), requisito constitucionalmente obligado de toda moción. Si se trata de una personalidad que suscite un respeto mayoritario, el sambenito de “ultraderecha” sistemáticamente esgrimido contra Vox puede quedar seriamente inutilizado, lo que supondría hacer saltar la tapa electoral con la que se ha contenido a esa formación hasta ahora, con relativo éxito. Porque los medios pueden silenciar, tergiversar y opacar el programa, las declaraciones y las propuestas parlamentarias de Vox sin demasiados problemas y aún menos vergüenza, pero no podrán ocultar el nombre de un candidato a presidente del gobierno. Esa es la jugada que muchos escépticos (sinceros o tácticos) todavía no han entendido. Se comprenderá que para Vox es vital acertar en la elección de un candidato sorprendente y con pegada; a ser posible, que sea una auténtica bomba mediática. Algunos están especulando con listas de nombres, no sé si con alguna base. El retrato robot del candidato ideal es una figura conocida, respetada tanto por personas de derechas como de izquierdas (lo que no significa que no tenga detractores, y más que tendrá), pero enemigo irreconciliable del gobierno de Sánchez, hasta el punto de estar dispuesto a ponerse a tiro de toda la artillería mediática progubernamental y posiblemente también la más servil al PP. Además, aunque su ideología no coincida con la tercera fuerza parlamentaria o incluso abrigue importantes discrepancias, sería un requisito imprescindible que no haya abominado antes de ella públicamente, como han hecho tantos. Otra cosa sería difícil de comprender por la base electoral de Vox. Con semejantes rasgos se me ocurren dos nombres. Uno es un político socialista (sic) de la conocida como “vieja guardia”, que llegó a tener el máximo cargo de una comunidad autónoma, y que además de ser abiertamente detractor del sanchismo, se ha destacado como una de las pocas voces de izquierdas críticas con la corrección política. Más aún, desde su distancia ideológica, en un artículo publicado en ABC el año pasado (11 de enero) rechazaba la simplista calificación de extrema derecha aplicada a Vox, al que reconocía “su voluntad de poner en evidencia los agujeros y abandonos que ha traído consigo la ideología políticamente correcta, como son la inmigración ilegal y las imposiciones del feminismo radical.” Sin embargo, veo difícil que Joaquín Leguina (pues del expresidente madrileño hablamos, por si no lo habían adivinado) aceptase ser el candidato de la moción. Por un lado sigue demasiado ligado sentimentalmente al PSOE como para asumir el rechazo que una decisión semejante despertaría en muchos compañeros que, incluso siendo críticos con Sánchez, verían como una traición al partido el intento de desbancarlo del gobierno. Por otro lado, Leguina también tiene buena relación, al menos a nivel autonómico, con el Partido Popular, desde donde la moción de censura no deja de verse como una maniobra hostil al partido presidido por Pablo Casado. Ambas circunstancias dificultan imaginarlo aceptando la propuesta de Vox. La otra figura en la que algunos han pensado procede también del PSOE, del que se escindió fundando otro partido. Hablo evidentemente de Rosa Díez. La exdirigente de UPyD supera, si cabe, al anterior candidato potencial en su visceral animadversión al gobierno Frankenstein apoyado por nacionalistas y separatistas. Tampoco faltan, a favor de la vizcaína, declaraciones suyas donde se desmarca, sin negar las discrepancias, del linchamiento general contra Vox, en las cuales desdeña el falaz argumento que pretende equiparar a los de Santiago Abascal con Bildu o con los separatistas catalanes, como si se tratara de extremos opuestos pero igualmente aborrecibles. Argumento, por cierto, muy del gusto de cierto liberalismo exquisito, como por ejemplo el que representa Cayetana Álvarez de Toledo, a la que algunos no han tardado en señalar, con dudoso acierto, como otra posible candidata a la moción de censura. Veo mucho más idónea a Rosa Díez, y en su caso no me cuesta tanto imaginar su aceptación. Me da la sensación de que, sin demérito de su demostrada valentía, tiene menos que perder que Leguina, aunque es seguro que tampoco saldría indemne de una aventura de recorrido efímero, y en la que personalmente no hay nada que ganar. En cualquier caso, el paralelismo plutarquiano entre Rosa y Santiago es significativo: ambos rompieron con sus antiguos partidos por razones muy similares, por no decir las mismas. Quizás su destino sea encontrarse y abrir el voto de Vox, sin devaluaciones de principios, hacia la izquierda sociológica y el liberalismo reticente.

Un comentario sobre “Retrato robot

  1. Puestos a escoger la que a mi me gustaría es Rosa Díez, por su coherencia y por su trayectoria. Cuando salió del PSOE demostró una integridad moral que a nadie de ese partido se le puede suponer, sus socios de UPyD le hicieron la cama para favorecer a Ciudadanos que , con el tiempo, ha venido acabando en lo sabido. Pero el también hay que decir que si Cayetana es un verso suelto,Rosa es un libro de poemas completo

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