La penúltima verdad

El autor de ciencia-ficción Philip K. Dick publicó en 1964 una novela titulada La penúltima verdad. La acción se sitúa en 2025, trece años después de la Tercera Guerra Mundial. La mayor parte de la población vive confinada en tanques subterráneos creyendo que la guerra no ha terminado, y que la superficie es inhabitable debido a la radiación y las armas bacteriológicas. Mientras, en el exterior, una administración al servicio de una clase neofeudal, posesionada de un planeta despoblado y reverdecido, mantiene en el colosal engaño a los de abajo gracias a su control de la televisión, única fuente de información de la que disponen las masas hacinadas bajo tierra. Hasta aquí la fantasía. Pero una breve reflexión sobre el mundo real de 2020 nos revela que, en rigor, no es necesario el confinamiento subterráneo para que el gobierno imponga con éxito una visión ficticia del mundo. Basta la existencia de una tecnología de comunicación audiovisual atractiva, unidireccional y universal, que alcance a todos los individuos, que penetre en todos los hogares. La misma que ya existía a mediados del siglo pasado. Hemos vivido, en estos últimos meses, cómo el gobierno de coalición de Sánchez e Iglesias ocultaba las cifras reales de muertos por la epidemia. Pero ya llevamos mucho tiempo comprobando cómo cualquier información que no encaja con las premisas llamadas progresistas es ocultada, escondida, silenciada. Esto se aplica en particular a la violencia existente en el mundo. La mayor parte de ella se debe a la delincuencia común u organizada, al extremismo izquierdista y al teocratismo islámico. Sin embargo, una persona que se informe principalmente por la televisión tendrá una visión completamente distinta de la realidad. Diariamente le recordarán que el principal problema de los países desarrollados es la violencia y la discriminación contra las mujeres, los homosexuales, los inmigrantes o las minorías raciales. Y cualquiera que ose salirse de este marco mental será identificado, de modo más o menos explícito, con el fascismo derrotado en la Segunda Guerra Mundial, como si ésta no hubiera terminado todavía. Todo esto gracias a esa pantalla que nos dicta a todas horas, en el mismo salón de nuestra casa, mientras se supone que nos informa o entretiene, lo que tenemos que opinar sobre cualquier tema, desde la religión y la política hasta el sexo. Y además con el prestigioso aval de esos modernos clérigos que llamamos intelectuales y científicos. Vivimos dentro de una novela de ciencia-ficción, casi literalmente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s