Freud de mercadillo

Vivimos, todavía hoy, bajo la alargada sombra de Marx y Freud. Por culpa del alemán, todo pasa por el prisma de las relaciones de dominación: desde un conflicto laboral hasta una película de Disney o cómo se sienta un hombre en el transporte público. El vienés, por su parte, convirtió en dogma universal que cualquier problema de salud mental o infelicidad se originan en la represión de la sexualidad. La combinación de ambas tesis ha sido sencillamente devastadora. Hoy todo quisque quiere ser víctima de algo y además que sus debilidades sean tenidas por audaces reivindicaciones. El cantante Ricky Martin, cuyo patrimonio se estima en 60 millones de dólares, dijo en Twitter que “no es fácil” vivir en los EEUU de Trump siendo, como él, hispano y gay. Desde “La lista de Schindler” no nos habíamos conmovido tanto. Pero la cosa no se limita a celebridades y millonarios, ni mucho menos. La sombra alargada llega hasta los estratos más humildes de nuestra sociedad. Escuchado ayer mismo en boca de un paradista de mercadillo, en mi barrio: “prefiero que mi hija sea feliz con una mujer a que sea infeliz con un hombre”. Me imaginé los aplausos entusiastas de la claque si estas palabras se hubieran dicho en el plató de “Sálvame”. Sin saberlo, ese autónomo que probablemente no ha leído un libro en su vida se puso al nivel de esos catedráticos de ética que, mediante ingeniosos dilemas que nunca se producen con nitidez en la vida real, pretenden convencernos de que las nociones del bien y del mal son relativas. ¿Usted qué prefiere, sufrir horrorosamente en una cama de hospital o morir plácidamente mediante una sedación letal? ¿Usted qué prefiere, ser feliz tomando una pastilla o infeliz privándose de los últimos avances de la farmacología? Si la felicidad es algo completamente subjetivo e inmanente, un sentimiento que dura lo que duran nuestras funciones vitales y después sanseacabó, la respuesta a esas preguntas no puede ser más evidente. Y si Ricky Martin se siente oprimido a pesar de su patrimonio de sesenta millones, pues se siente oprimido y no hay más que hablar, malditos racistas y homófobos.

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