La verdad popular

Con frecuencia, el pensamiento popular acierta a pesar de cierta incongruencia, mientras que los intelectuales, en la medida en que son más coherentes, meten la pata más hasta el fondo. Las mayores catástrofes provocadas por el hombre se deben a pensadores que se limitaron a ser consecuentes con unas premisas equivocadas, como un ingeniero que diseña un puente admirable a partir de unas mediciones erróneas. Viene esto a cuento de que la famosa Belén Esteban, en un programa de gran audiencia, haya señalado acusadoramente al Gobierno por su lamentable gestión de la epidemia. Con esa deliciosa incoherencia de la gente sencilla, Belén no sólo critica valientemente al ejecutivo presidido por Pedro Sánchez, sino que además muestra su indignación por que los políticos estén divididos y monten bronca en el parlamento. Que es como afirmar que la comida de un restaurante es mala, y quejarse al mismo tiempo de que sirve poca cantidad. ¿No sería peor que encima los platos rebosaran, quiero decir que el Congreso fuera un coro de voces unánimes a favor de un gobierno tan incompetente? Pero no nos pongamos tiquismiquis, que el pueblo no entiende de división de poderes, ni falta que le hace. La cuestión es que la opinión de la princesa del pueblo hará perder al restaurante más clientela, merecidamente, que la que ganará gracias a las pedantes reseñas de tantos gastrónomos comprados. La justicia popular y la poética a veces parecen hermanarse.

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