Autoritarios y totalitarios

Una tuitera a la que sigo, Marta López-Bravo, se pregunta en la red social: ¿Puede volver a ocurrir el totalitarismo? Recojo el guante y trato de responderle. Para ello, deberemos ponernos de acuerdo sobre qué significa totalitarismo, y quizás la forma más fácil de hacerlo sea distinguiéndolo del autoritarismo. Un régimen autoritario o dictadura es aquel en el cual los gobernantes no pueden ser reemplazados democráticamente, ni de otra manera, salvo quizás por un golpe de Estado o la muerte natural del dictador. De aquí se sigue que la dureza o crueldad de una dictadura es inversamente proporcional al apoyo que tiene entre la población. Si este es grande, la dictadura puede permitirse el lujo de ser benévola, limitando la represión a la minoría de opositores. El ejemplo más cercano para nosotros es el franquismo. La oposición democrática a Franco era débil y casi inexistente. Quienes de verdad combatían al régimen eran básicamente comunistas y terroristas, es decir, personas que de haber podido hubieran sustituido la dictadura por otra mucho más aborrecible, y que contaban con escaso apoyo popular. Los progresistas se esfuerzan en pintar la España entre 1939 y 1975 con los tonos más sombríos, pero esto, que es válido para la hambrienta posguerra, no casa con la experiencia de la mayoría de la gente en las décadas siguientes, que inconscientemente seguían el socarrón consejo atribuido al mismo Franco: “Haga como yo, no se meta en política”.

La esencia del totalitarismo viene en cambio definida por otra frase atribuida a Lenin, que en esencia es la antítesis de la anterior: “Si no te metes en política, la política se meterá contigo”. Con frecuencia se citan estas palabras como una advertencia contra el apoliticismo ingenuo, pero si es verdad que vienen de quien vienen, más bien son una amenaza: por mucho que creas que esto no va contigo, que tú eres inocente (burgués, propietario agrícola, judío), nosotros te iremos a buscar. Eres nuestro enemigo, lo sepas o no. El totalitarismo no te deja apartarte de la política, te obliga a tomar partido, y ni siquiera si te sumas al Partido, con mayúscula, puedes descansar tranquilo, como demostraron los famosos Juicios de Moscú contra la vieja guardia comunista. En el totalitarismo no hace falta que seas opositor para sufrir la represión: ya eras su enemigo antes siquiera de soñar que te pudieras oponer a él. Por eso el primer capítulo del mayor documento literario contra el totalitarismo, Archipiélago Gulag, de Solzhenitsyn, empieza como El proceso de Kafka: con el arresto. Cuando escuchan las palabras “queda usted detenido” sin que hayan cometido conscientemente ningún delito, “tanto los más agudos como los más lerdos sólo son capaces de extraer, de toda su experiencia, un: ¿¿Yo?? ¿¡¿Por qué?!? Pregunta que antes de nosotros se ha repetido millones y millones de veces y que jamás obtuvo respuesta.” Luego vienen los interrogatorios, las torturas, el campo de concentración o el tiro en la nuca. Porque el Gulag, los Konzentrationslager o el Laogai están lógicamente comprendidos en la naturaleza de un sistema que es capaz de crear enemigos incluso antes de existir.

Ahora ya podemos responder a la pregunta del principio, añadiendo sólo una observación más: igual que una dictadura puede ser más o menos represiva, también el totalitarismo admite grados de brutalidad. No necesariamente tiene que acabar en el campo de concentración, si por las causas que sean se tiene que conformar con desacreditar o causar incomodidades a quienes toma por disidentes. Pues dicho esto, yo creo que el totalitarismo no solo puede ocurrir, sino que ya está entre nosotros. La ideología radical y ultraizquierdista, con respaldo institucional cada vez más indisimulado, que se basa en postular unos supuestos enemigos colectivos a los que hay que combatir sin tregua (el patriarcado, el capitalismo, el racismo) y por ende conduce a politizarlo todo, desde la educación al entretenimiento, es en esencia totalitaria, por mucha habilidad que tenga en disfrazarse de “antifascista”. No hace falta que haya campos de concentración para que la libertad corra serio peligro; basta con que haya el número suficiente de cobardes o comodones.

2 comentarios sobre “Autoritarios y totalitarios

  1. No se puede decir mas y mejor con menos palabras. Para el que quiera ampliar el tema le recomiendo el clásico de Hannah Arendt: “Los orígenes del totalitarismo”. Con respecto a la frase de Franco (a día de hoy) no puedo estar mas de acuerdo, el meternos en política y la “democracia inorgánica” nos ha dejado un país devastado y dividido, para placer de políticos sin escrúpulos a la conquista del poder

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s