Torra no es Le Pen

El presidente Pedro Sánchez, que ayer se presentaba en Davos como el dique contra la ultraderecha y los populismos, tiene previsto reunirse en pocos días con el Molt Inhabilitat President Joaquim Torra en Barcelona, cuando hace ocho meses dijo textualmente que “Torra es el Le Pen de la política española.” No me cabe duda de que si existiera ya el Ministerio de la Verdad (no lo descarten en un futuro, a este paso), Sánchez jamás habría dicho esas palabras, y por supuesto no quedaría rastro documental de algo que nunca sucedió. Pero excuso decirlo, no es que Torra ahora ya no sea Marine Le Pen, es que en realidad jamás lo fue. Dicho sea en descargo de la dama, por supuesto.

Torra escribió un artículo, antes de ser presidente de la Generalitat, en el que se refería a los castellanohablantes en Cataluña en términos zoológicos análogos a los que empleaban los nazis para referirse a los judíos. Bestias inmundas y cosas por el estilo, profería. De aquí a compararlo con el RN francés (Rassemblement National, antes Front National) sólo hay un paso para los progres, desde los de izquierdas hasta los más liberales. Para entendernos, desde Echenique (que llamó “racista” a Torra) hasta Cayetana Álvarez de Toledo.

Ahora bien, querer limitar la entrada de inmigrantes, como defiende el partido de Marine Le Pen, no tiene nada que ver con el racismo ni el supremacismo, ni por tanto con la rebelión de los privilegiados que está convulsionando Cataluña. Por privilegiados me refiero tanto a la burguesía conservadora (empresarios, jubilados del tramo medio-alto de ingresos) que vota al pospujolismo, como a esa burguesía progre (funcionarios, obreros cualificados, profesionales liberales, intelectuales) que vota a ERC, los Comuns o la CUP.

Más allá de las diferencias nada desdeñables que existen entre los llamados populismos (Trump, el Brexit, Le Pen, Vox), lo que los caracteriza es haber dado voz a una parte sustancial de las clases medias y bajas que sufren en sus carnes los efectos adversos del globalismo progresista, y en especial de la inmigración masiva: presión bajista de los salarios, saturación de los servicios públicos e inseguridad en las calles. Unas clases populares a las que, si osan rechistar por esta situación, la elite mediático-política insulta sistemáticamente con los calificativos de racistas y ultraderechistas.

Como señala Christophe Guilluy en su ensayo No Society, mediante “una instrumentalización de las minorías y de la cuestión del racismo” se hace responsable a la antigua clase media occidental de todos los males. “Desde la esclavitud a la colonización, pasando por el holocausto o la represión de los homosexuales, las clases populares occidentales comparecen cada día ante el tribunal de la historia. (…) En este contexto, la religión de la corrección política aparece como un arma de clase muy eficaz contra la antigua clase media”. (Negritas mías.)

No olvidemos que Torra, como Colau, se ha alineado con la acogida a los llamados “refugiados” (totum revolutum donde predominan simples inmigrantes económicos, y no los más pobres de sus países de origen) ofreciendo el pasado verano los puertos catalanes para acoger al Open Arms. El supremacismo de Torra de momento no se dirige contra los africanos, sino contra los españoles que obstaculizan el proyecto de desespañolización de Cataluña, que en sí mismo es algo de naturaleza más totalitaria que la propia secesión territorial. Los inmigrantes que llegan ignorando tanto el castellano como el catalán, son por ahora un útil instrumento para los planes de la ingeniería nacionalizadora, como también lo son para cierta elite económica que los ve como un contingente de mano de obra barata.

Cuando Sánchez aseguró en campaña que no negociaría con los separatistas, por supuesto no pretendía otra cosa a corto plazo que engañar a sus votantes. Pero visto en perspectiva, su posterior incumplimiento está en la línea histórica de los partidos obreros en Cataluña, desde el PSUC, luego integrado en Iniciativa per Catalunya, hasta el PSC. Estos llevan cuarenta años camelando a sus votantes castellanohablantes con el bonito cuento de que la inmersión lingüística es la mejor forma de integrar a sus hijos, cuando la realidad es que los ha colocado en desventaja frente a los vástagos de la burguesía catalana. Ello se aprecia tanto por las tasas de fracaso escolar según la lengua materna, como por la endogamia de las elites políticas, económicas y culturales, reflejada en la notoria infrarrepresentación de los apellidos mayoritarios en Cataluña (García, Martínez, López, Sánchez, etc.) frente a los apellidos catalanes más antiguos.

La alianza de la izquierda con las elites nacionalistas en Cataluña no es más que una variante regional de su alianza en todo el mundo desarrollado con las elites globalistas progres, las que utilizan la corrección política (género, multiculturalismo y apocalipsis climático) para establecer su superioridad moral y relegar culturalmente a la gente corriente, permitiendo y alentando la concentración de musulmanes en sus barrios, prohibiéndole acceder al gentrificado centro de Barcelona con vehículos viejos y regañándola por su forma de consumir. Luego, eso sí, entran en pánico cuando la gente se rebota, o sea, vota a Trump, el Brexit y en España cada vez más a Vox.

Mientras, el centroderecha sigue como de costumbre sin enterarse de que hace tiempo que la izquierda le ha hecho el puente con las elites económicas y mediáticas, y en vez de aprovechar la orfandad de las clases medias y humildes para ofrecerles su liderazgo, se suma a las descalificaciones, y compra el torpe discurso despreciativo contra los “deplorables”, que tan magnífico resultado le dio a Hillary Clinton. A esta derecha liberaloide, en su enorme despiste, no se le ocurre un insulto más original contra Torra que espetarle, igual que Sánchez cuando mentía como un descosido, que es Le Pen, y de paso, por asociación, darle una patadita a Vox: que sería como Le Pen, que sería como Torra. Por eso Torra felicitó a Vox en las elecciones de abril del año pasado escribiendo en su Twitter: “España, una, grande y libre! Arriba Vox!”. ¿O fue Jean-Marie Le Pen? Vaya lío.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s