Qué pretenden los progres cuando culpan al porno

Como reacción al incremento de las violaciones en grupo (un 22,7 % en 2018, según El País del 25 de junio pasado), numerosos medios han llamado la atención sobre la relación entre la pornografía y la violencia sexual. Por poner sólo un ejemplo entre muchos, sirva el artículo de donde he obtenido ese porcentaje, titulado: «La escuela de “las manadas”», con la siguiente entradilla: «El porno, la normalización y erotización de la violencia o la falta de empatía están detrás de las violaciones en grupo.»

El mero sentido común ya nos indica que esa relación es difícil de negar. Si un individuo consume habitualmente pornografía, parece bastante lógico que tenga algunas probabilidades más de cometer un delito sexual que si, en lugar de ello, dedica sus horas de ocio a una irrefrenable pasión por la ornitología o la numismática. Además, existe en apoyo de esta intuición una nada despreciable literatura científica, de la que el catedrático Francisco José Contreras nos ofrece unas cuantas pistas en su imprescindible artículo titulado «Por qué un liberal debe combatir la pornografía».

Dicho esto, yo me pregunto cuál es la verdadera motivación de los medios progresistas (o sea, la aplastante mayoría de ellos) para acusar ahora al porno. Los “libertarios exquisitos”, como los llama F. J. Contreras, interpretan tal acusación como un neopuritanismo que podría llevar a regulaciones incompatibles con libertades individuales básicas. Leyendo a algunos de ellos, se diría que, en una sociedad donde la administración fija minuciosamente el tipo de información nutricional de las cajas de galletas y el tamaño de las jaulas de las gallinas ponedoras, el destino de la libertad en Occidente depende dramáticamente de si se puede acceder a la pornografía con mayores o menores restricciones.

En mi modesta opinión, de retorno al puritanismo, por parte del progresismo, no hay nada de nada. Más bien se trata de todo lo contrario, de una insistencia en seguir apuntalando las ideas matrices de una sociedad permisiva y relativista, ¡incluyendo el blanqueo de la pornografía! Intento explicar esta paradoja.

Esos medios que ahora muestran una preocupación sobrevenida por la temprana iniciación en contenidos “para adultos” de muchos adolescentes, hasta un minuto antes ofrecían una imagen del porno mucho más frívola, considerándolo incluso como «un buen método para sanear (sic) las relaciones sexuales». El entrecomillado procede de un banal artículo publicado en El País, cuatro meses antes del citado sobre las causas de las violaciones grupales. En dicho texto, diversas “expertas” recomiendan a parejas con inapetencia sexual no sólo “consumir pornografía juntos o introducir juguetería erótica”, sino también las “relaciones abiertas” y el intercambio de parejas. «La monogamia –nos dicen– no es el único modelo de relación que existe», y en apoyo de esta tesis nos citan a grandes eminencias como las actrices Scarlett Johansson o Emma Thomson.

Es más, volviendo al artículo que nos presenta una imagen menos amable de la pornografía, veremos que las críticas a ésta no son más que un pretexto para lo acostumbrado: cargar contra el omnipresente “machismo”. Incluso si una “experta en género” entrevistada reconoce, en un efímero momento de lucidez, que quizás nos estamos cargando la familia tradicional demasiado alegremente, no deja de poner el acento en la panacea de las políticas igualitaristas.

Para acabar de entender plenamente el debate sobre la pornografía debemos caer en la cuenta de que su intención más inmediata es la de tapar otro debate latente: el que se produciría a poco que se dejaran de ocultar las cifras de la sobrerrepresentación de inmigrantes, en especial de origen magrebí, entre los autores de delitos sexuales.

Háganse esta pregunta: ¿por qué esta obsesión en proteger a los inmigrantes ilegales omitiendo la nacionalidad de origen de los delincuentes? La doctrina oficial es que no hay que alimentar la xenofobia. Lo cual, como denunció Santiago Abascal en su memorable primer discurso del Congreso, equivale a tomar a los ciudadanos por menores de edad.

Pero la razón de fondo es que una sociedad que acepte la inmigración sin apenas crítica se mantiene más inconsciente ante la gravedad del problema de la baja natalidad. La entrada masiva de extranjeros permite maquillar las inquietantes cifras del decrecimiento vegetativo de la población, incluso inspira la falacia de que “vienen a pagarnos las pensiones”, lo cual se contradice con la facilidad con que los inmigrantes obtienen subsidios y servicios públicos gratuitos, a menudo nada más poner los pies en nuestro territorio.

Pues bien, esa inconsciencia de la grave crisis de natalidad que padece la mayor parte del mundo civilizado, aunque España en superior grado que muchos países, es posiblemente la mejor garantía que tiene el progresismo hegemónico de que muy pocos se empiecen a cuestionar su escala de valores. La libertad sexual como principio supremo, al desacreditar la monogamia como una antigualla, socava el marco cultural e institucional más idóneo para la procreación. Si el placer es el objetivo principal, cualquier estilo de vida sexual (voyeurismo, onanismo, promiscuidad, homosexualidad) pasa a tener igual valor que la familia natural estable con dos o más hijos. Añadamos a ello el carácter de “derecho” sacrosanto que el progresismo confiere al aborto, y no hará falta ser un lince para darse cuenta de su carácter letal para la fecundidad.

En conclusión, las alertas de El País y los demás medios progresistas sobre el porno no sólo son notablemente hipócritas: en última instancia no tienen otra intención que distraernos, a fin de neutralizar un debate más hondo sobre las creencias fundamentales que rigen nuestra sociedad. Los progresistas no se han vuelto puritanos, sino que por el contrario siguen a lo suyo, que es defender una seudomoral donde la libertad de acostarse con quien uno quiera o masturbarse se valoran por encima de la fidelidad matrimonial y la castidad. Cuando superficialmente parece que critican el porno, en realidad no hacen otra cosa que agitar a los liberales divinos para que les hagan el juego. Yo quisiera tranquilizar a estos últimos. Los progresistas que nos gobiernan y nos adoctrinan desde los medios, lo último que harán es cuestionar las concepciones sexuales dominantes desde Mayo del 68. Antes prohibirán expresar la defensa de la familia natural, por “machista” y “homófoba”. Echo de menos ver a ciertos liberales tan preocupados por esta amenaza, mucho más real.

2 comentarios sobre “Qué pretenden los progres cuando culpan al porno

  1. El aumento de las violaciones puede estar ligado al aumento de los paracticantes de una religion de paz en la cual las cauticas son consideras carne de violacion, en la cual sulatenes y califas tenaina violaderos llamdos harnes con cie,tos de esclavas sexuales y cuyo profeta dio elejemplo de la violacion de cautivas tanto en Kaybar comm en numerosas otras ocasiones.
    IUna persona regida por ese software me parece bastante mas propensa a la violacion que un consumidor de porno sabiendo sin embarfo que los paises en que rige son tambien los maximos consumidores de porno

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s