Dignidad

El secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, ha dicho que no le importa hacerse una foto con Vox en una reunión, para explicarle los acuerdos a que haya llegado con el PP. Se trata de una afrenta subsidiaria de la afrenta principal que es decir: aceptaré tus votos, pero no pienso negociar nada contigo.

La presión política y mediática sobre Vox va a ser formidable. Si Vox no se humilla y acepta lo que propongan PP y Cs, se le acusará de permitir, con su abstención, que repita Carmena como alcaldesa y que la izquierda se haga con la Comunidad de Madrid después de muchos años.

Naturalmente, los de Ciudadanos pueden especular con que la postura de Vox sea un farol, y que en el último momento no se atreva a tumbar un gobierno de centroderecha. Pero si así piensan Albert Rivera y los suyos, me temo que no haya otra forma de sacarles de su error que la dolorosa experiencia. Es decir, que descubran, pasando una temporada en la oposición, que hay al menos un partido que antepone sus ideas y su dignidad a los cálculos políticos.

Pero, dicen algunos: ¿cómo podría Vox rechazar un acuerdo “sensato” entre PP y Cs, un acuerdo que previsiblemente incluirá bajadas de impuestos, ayudas a las familias, a los autónomos, reducciones de gasto político, una auditoría de la gestión de Carmena, etc.? ¿Es esto lo que desean verdaderamente sus votantes?

Aquí está la clave. Porque si sólo sirve para apuntalar el común denominador entre PP y Cs, Vox es un partido prescindible, y a medio plazo debe integrarse en el primero, de donde salieron su presidente Santiago Abascal y una de sus figuras más emblemáticas, José Antonio Ortega Lara. Es evidente que Vox no puede asumir ese papel sin suicidarse.

La dignidad de Vox no es una cuestión de orgullo mal entendido. Es una cuestión de dar voz a millones de españoles para defender determinadas ideas que Ciudadanos y una buena parte del PP rechazan tajantemente, porque son un torpedo en la línea de flotación del pensamiento dominante. Y entre esas ideas está el principio materialista, común a la izquierda y a la derecha subsidiaria, de que “la economía lo es todo”.

Bien es verdad que PP y Cs, inteligentemente, podrían hacer algún guiño a medidas de Vox en el terreno cultural, relacionadas con la (des)memoria histórica, la (des)igualdad de género, la inmigración ilegal, la devolución de competencias autonómicas al gobierno central, etc., en la medida en que desde el Ayuntamiento y la Comunidad se pueda legislar sobre estos temas. Aquí se abren dos posibilidades: o bien se trata de incluir en un acuerdo meros señuelos retóricos, sin efectos tangibles, o bien puntos concretos cuyo cumplimiento se pueda verificar.

En el primer caso, estaríamos ante otra modalidad de burla, que Vox podría desenmascarar fácilmente. En el segundo, si esas medidas van en serio, Vox debería exigir entrar en el gobierno, única forma de garantizar su cumplimiento. Bastaría un concejal y un consejero, en proporción con la representación del partido de Abascal. Lo cual sería otra forma de denunciar un posible intento de engaño, de incluir esas propuestas sólo para poner en un brete a Vox, pero sin que hubiera una sincera voluntad de aplicarlas.

Si Vox se mantiene firme, incluso pagando el precio de que la izquierda permanezca en el Ayuntamiento y se haga con el gobierno autonómico, le lloverán las críticas e improperios, pero creo que la mayoría de los votantes, al menos los que hemos permanecido fieles también en las elecciones del 26M, estaremos orgullosos de nuestro partido. Si acaba apoyando a un gobierno de PP y Cs, conformándose con un gesto mínimo o ni siquiera con esto, y por mucho que entonces se multipliquen los elogios desde la derecha, siempre arrastrará el estigma de que en el fondo no es tan distinto de la “derechita cobarde” ni de la “veleta naranja”. Que al final le tiemblan las piernas y acaba cediendo por temor a la opinión pública y sobre todo a la publicada. Que, en definitiva, es más de lo mismo.

Eso sería darles la razón a los que piensan que aquello en lo que Vox se aleja más de PP y Ciudadanos son extremismos que no tienen cabida en el actual consenso democrático, y de los que antes o después debe deshacerse. Que no se puede cuestionar el Estado autonómico que amenaza con destruir la nación española, ni las leyes de género que acaban con la igualdad entre hombres y mujeres, ni la letal combinación de abortismo e inmigración masiva que nos imponen desde la ONU y la UE, ni los ataques a la propiedad privada perpetrados por okupas, asaltantes de viviendas y unas administraciones fiscalmente confiscadoras y a la vez permisivas con los delincuentes. Que, en fin, no hay alternativa a este orden mundial ni al Estado progresista que instauró Rodríguez Zapatero, el amigo de Nicolás Maduro.

Alguien debe tener la dignidad de decir no a todo eso, así se pierda un Ayuntamiento o una Comunidad durante unos años. Fiat justitia et pereat mundus. Quizás sea la única forma de que algunos nos tomen en serio de una vez.

2 comentarios sobre “Dignidad

  1. De hecho, como prueba de presión, Jimenez Losantos se ha pasado la semana ridiculizando la postura de Vox, haciendo de ella una caricatura manipulándola: “Vox quiere hacerse una foto con Ciudadanos”, y reprochando a Vox, que “no cumpla lo que Ortega Smith comentó en una entrevista, en la que dijo que no pondría obstáculos en un acuerdo”, y el fondo es ese, un acuerdo, pero no de tres, que dos de ellos le dicen al tercero lo que tiene que acatar, firmar, insultándole.

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  2. Vox debería permitir la formación de gobiernos del PP y Cs y, una vez compuestos, no dejarles pasar ni una ley que no incluyese sus intereses, como ha hecho en Andalucía rechazando los presupuestos, y para que se retraten esos partidos. Porque la alternativa de permitir gobiernos de izquierda es una locura absoluta tal y como está la izquierda empeñada en cargarse España y su civilización. Ello no haría sino hacer perder votos futuros, porque la dignidad es muy bonita pero son los votantes los que sufren diariamente y 4 años o más los caprichos marxistas en su bolsillo y vida. Si Vox, por dignidad, no quiere intentar controlar con su voto necesario a PP y Cs y deja los gobiernos a la izquierda es que, en lo práctico, no sirve para nada, y vivimos de hechos y no de buenas palabras.

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