Fantaciencia poselectoral

El voto útil es el principal argumento con el cual el Partido Popular lleva años huyendo de la mínima autocrítica que le permitiría comprender por qué surgieron Ciudadanos y Vox. Pero ahora quiero centrarme en una versión de esa cantinela disfrazada de rigor matemático. Ayer publicaba el ABC un artículo titulado “Los 700.000 votos (inútiles) de Vox que penalizaron al centro-derecha”, aludiendo a los sufragios que ha recibido el partido liderado por Santiago Abascal en 34 provincias donde no ha logrado un solo diputado. 

Dejemos claro antes de nada que cada uno de los diputados del Congreso representa la soberanía nacional indivisible, no a su provincia. Dicho esto, una reflexión que cabe hacer es la siguiente: ¿Cuántos votos adicionales hubieran sido necesarios para que esos 700.000, o al menos la mayor parte, se hubieran traducido en representantes de Vox?

Si la respuesta es “relativamente pocos”, no corresponde hablar de votos perdidos o inútiles, sino de insuficientes, que es algo muy distinto. En este caso, la “culpa”, si se puede hablar así, no sería de los que hemos votado a Vox en provincias como Tarragona o Cáceres, sino de los que no lo han hecho. Con todo el derecho del mundo, excuso decirlo.

Para ser más precisos, mis cálculos me permiten afirmar que si sólo 366.000 personas más hubieran votado a Vox en veintisiete provincias, el partido hubiera logrado en total 51 escaños, sumando así, con los votos de PP, Cs y NA+, mayoría absoluta en el Congreso.

Lo explicaré con un ejemplo. En Huelva, Vox obtuvo 33.904 votos y cero diputados. Por otra parte, el partido que ahí consiguió un escaño provincial con menos votos fue Podemos, con 34.233. Esto significa que el primero hubiera alcanzado representación en Huelva con sólo “robarle” 329 votantes al segundo.

En otras provincias las diferencias fueron mucho mayores, pero frecuentemente con partidos como Cs o el PP, por lo que el baile de un escaño no era nada improbable. Numerosos votantes dudaron hasta el último momento. Es más, a menudo se consigue un diputado incluso con menos papeletas. Basta con variar los resultados de algún otro partido y la participación. Por eso, cuando en las elecciones de 2016 se obtuvo un escaño con menor número de votos, he tomado este dato en lugar del de 2019.

Para mayor verosimilitud, no he tenido en cuenta los datos de Gerona, Lérida, Lugo, Orense ni las tres Vascongadas, porque en estas siete provincias habría que multiplicar los resultados de Vox por más de cuatro (en Guipúzcoa por más de diez) para obtener un diputado.

Sumando los resultados de las veintisiete provincias que quedan sin representación de Vox, pero a no tanta distancia del escaño, tenemos que 988.903 votos se han convertido en 27 diputados de unos partidos u otros, uno para cada circunscripción, ya sea en 2019 o 2016. La diferencia con los “votos inútiles” de que habla el artículo de ABC (623.271, descontando los de las siete provincias mencionadas) sería por tanto de 365.632. Un mísero 1,4 % del total de votos válidos que sumado al 10 % de Vox, con esa distribución provincial, lo habrían disparado hasta los 51 diputados en total, alterando por completo los acuerdos parlamentarios para formar gobierno.

Aquí están también los “votos perdidos” en el espacio d’Hondt, que penalizaron al centro-derecha. Tan fantasioso es imaginar, por mucho aparato numérico que se utilice, que hubieran ido a parar a Vox como que los de éste fueran al PP. Y con no menos base aritmética podríamos decir que son los que nos han faltado para conseguir un gobierno decidido a enfrentarse al golpismo separatista, a las feminazis y al ruinoso socialismo.

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Un comentario sobre “Fantaciencia poselectoral

  1. Quiero añadir el caso de mi voto en particular. En estas elecciones voté por primera vez en mi vida. Nunca me había molestado en hacerlo puesto que no me interesaba mucho la política. Pero sí me interesa mi fe cristiana; y esta vez entendí que, por primera vez, había un partido que tomaba mi interés en cuenta. ¿Cuántos votos habrán habido como el mío? No lo se. Pero puede que bastantes. Quizá insuficientes, pero no perdidos o inútiles. Pensar esto último es ignorar el significado de la palabra democracia. Muchas gracias.

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