Los nervios de la partidocracia

Screenshot_20190414-202923~2(Mitin de Vox en Tarragona, 13 de abril. jordiferre8)

La partidocracia está muy nerviosa. Por eso, la matraca de la división del voto se escuchará hasta el 27 de abril, jornada de reflexión. No es más que un cuento asustaviejas, dirigido a los que hemos decidido votar a Vox, y a los que lo decidirán en los próximos días, para intentar impedir que el partido liderado por Santiago Abascal no termine dando el sorpasso a Ciudadanos e incluso al Partido Popular.

Aquí se juega mucho más que la presidencia del gobierno. Todo un sistema basado en los falsos consensos de la ideología progresista puede tener los días contados. Ya no habrá (ya no hay, desde la irrupción de Vox) más temas tabúes: las autonomías, la ideología de género, la memoria histórica, el relato de la derrota de ETA, la socialdemocracia, el aborto… Ya no marcarán la agenda ni controlarán el lenguaje la izquierda ni los nacionalistas ni los filoterroristas. Ya hay millones de españoles a los cuales no les asusta, incluso les divierte, que los llamen fachas, machistas, xenófobos, homófobos: mentiras tan burdas, sambenitos tan gastados que se vuelven contra quienes los esgrimen.

Estas elecciones tienen una particularidad: se producen a menos de cinco meses de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, la mejor encuesta que ningún sociólogo podría haber soñado. Por supuesto que no se pueden extrapolar sin más unos resultados autonómicos a toda la nación, pero sí son mil veces más significativos que esos sondeos con un 40 por ciento de indecisos, con los cuales pretenden amedrentarnos y hacernos creer que Sánchez va a gobernar cuatro años con el apoyo de Podemos y ERC, si no votamos en masa al PP; es decir, a la vieja partidocracia.

Observemos lo que ocurrió en Andalucía. El PP perdió 7 escaños, pero Cs ganó 12. Es decir, la suma de ambos partidos se incrementó en 5 diputados autonómicos. Con el apoyo de los 12 que también ganó Vox (desde cero), les sobraron dos escaños para alcanzar la mayoría absoluta y acabar con cuarenta años de socialismo en la comunidad autónoma.

Ahora vamos al Congreso salido de las últimas elecciones generales. Las formaciones de Casado y Rivera sumaron 169 diputados, a 7 de la mayoría absoluta. Supongamos que dentro de dos semanas el previsible descalabro del PP es tan considerable, y el aumento de Cs tan discreto, que no sólo no conservan esos 169 diputados, sino que pierden 10. (Un ejemplo sencillo: que el PP pierda veinte y Cs gane 10.) En ese caso, quedarían a 17 escaños de la mayoría absoluta.

Pues bien, hay razones para pensar que Vox va a obtener mucho más que esos 17 escaños. No tanto por las encuestas (pese a sus esfuerzos por ocultarlo), como por el éxito apoteósico de Santiago Abascal llenando y desbordando auditorios, y por la ebullición que se vive en las redes sociales: se palpa en el ambiente que un fenómeno extraordinario ha irrumpido en la política española.

Claro que los pálpitos nos pueden llevar a engaño. Para intentar ser lo más objetivos posible, volvamos de nuevo a nuestra macroencuesta andaluza, una encuesta sin indecisos, sin “cocinas”, donde no hay lugar a error o interpretación. Entonces se produjo un verdadero tsunami: un partido que creció en votos, desde las autonómicas de 2015, ¡un 2.049 por ciento! Es decir, que multiplicó por más de veinte sus resultados.

Para extrapolar este incremento a las próximas elecciones, necesitaríamos que Vox se hubiera presentado en todas las provincias, en alguna de las anteriores elecciones generales. No ha sido así, pero al menos tenemos un dato precioso: los votos que un recién creado Vox obtuvo en las elecciones europeas de 2014, muy cercanas en el tiempo a las andaluzas de 2015, y en las que recibió papeletas de todas las provincias. En esa ocasión obtuvo cerca de 250.000 votos. Multiplicados por veinte, ahora serían casi 5 millones.

¿Cómo se traduce esto en escaños? No es fácil estimarlo, porque depende de los resultados de todos los partidos, circunscripción por circunscripción. Pero podemos intentar una sencilla aproximación empírica. En las generales de 2016, los partidos que más se acercaron a los cinco millones de votantes, por encima (PSOE) y por debajo (Podemos sin sus confluencias), sumaron aproximadamente 8,7 millones de votos, y 130 diputados. Esto arroja un promedio de cerca de 67.000 votos por escaño. Dividan los hipotéticos cinco millones de Vox por ese cociente y les saldrán 75 escaños.

Pongamos que nos equivocamos de pleno. Pongamos que Vox sólo obtiene 35 diputados, menos de la mitad de los que acabamos de pronosticar. Y que PP y Cs juntos, debido al derrumbe del primero, y pese al ascenso del segundo, llegan a perder veinticinco. Aún así serían 179 diputados, tres más que la mayoría absoluta. A donde voy a parar es que aquí no nos estamos jugando la permanencia de Pedro Sánchez en la Moncloa. Este no es más que el discurso del miedo que necesita Casado para que la debacle del Partido Popular no sea tan aparatosa como se teme. Y también el que necesita el propio Sánchez para que sus votantes no se desmoralicen y se queden en casa como hicieron en Andalucía.

Todo indica que gobernará la derecha, con un pacto de gobierno a dos o tres partidos. Pero cambia mucho el panorama según qué combinación se produzca. Un gobierno de PP y Cs, en el mejor de los casos, reducirá el paro a la mitad, pero dejará esencialmente los problemas existenciales de España en la misma situación que se los encuentre, para que en pocos años vuelvan la izquierda y los separatistas a llevarnos al borde del abismo.

En cambio, un gobierno presidido por Santiago Abascal aplicaría el programa del único partido que defiende lo que pensamos millones de españoles, que nunca admitimos el pack indivisible que nos han vendido los viejos partidos (tal como explica Abascal en el libro de Sánchez Dragó), en el cual incluyen desde el Estado autonómico hasta la ley de Violencia de Género, pasando por leyes que protegen más a delincuentes y okupas que a personas honradas y propietarios.

No es descabellado. Con 75 diputados, Vox puede superar a un Cs que crece, pero siempre menos de lo esperado, debido a su evanescencia ideológica, e incluso a un PP que recibirá un formidable castigo por la corrupción y las traiciones a sus votantes. Y por desastrosos que fueran los resultados del PP y decepcionantes los de Cs, sería difícil que no se lograra una holgada mayoría absoluta. La temible “división del voto” de derechas lo es para todos menos para Vox y sus votantes. Porque el voto útil existe, pero es el de Vox, el único que garantiza que esa mayoría absoluta servirá para algo más que para decidir quién será el próximo presidente de gobierno.

P. D. de 19 abril: En las europeas de 2014, Vox obtuvo muchos más votos en Andalucía que en las autonómicas de 2015. Exactamente 32.407. Por tanto, para ser congruentes con el método, el factor multiplicador sería 12. Esto nos da unos tres millones de votos, lo que podría suponer unos 30 diputados. (Ciudadanos en 2016 obtuvo 32 escaños con 3.141.570 votos.) Pero hay muchas razones para suponer que el factor multiplicador será mayor, porque son las primeras elecciones en que Vox ha roto la ley del silencio. En todo caso, 30 diputados sería el suelo de Vox. El techo nadie lo sabe.

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3 comentarios sobre “Los nervios de la partidocracia

  1. Quizás 75 escaños me parece exagerado pero quien sabe. Como conjeturar no cuesta nada la posibilidad de algo así como VOX 60, PP 58, Cs 58 me parece bastante posible. Así el presidente de gobierno debería ser de VOX. Yo creo que VOX tiene muchísimo voto oculto, el PP y Podemos algo y PSOE y Cs casi nada. En un par de semanas salimos de dudas.

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