Progresismo y pederastia

La pederastia en la Iglesia es un tema odioso. Que haya quien mancille la inocencia de un niño aprovechándose de su confianza y su autoridad repugna profundamente a toda persona normal. Pero el asco no debe impedirnos reflexionar, porque hay un interés fortísimo en instrumentalizar este asunto para desprestigiar a la Iglesia católica, en especial a los papados de Benedicto XVI y de Juan Pablo II, verdaderas bestias negras del progresismo. Y, lo que es mucho peor, para forzarla a ir en una determinada dirección, contraria a las verdades de fe de las que es depositaria.

La estrategia fundamental de quienes utilizan los escándalos con fines ideológicos consiste en establecer una relación de causa y efecto entre la pederastia y el celibato. No hay tertulia mediática donde no se sugiera que algunos sacerdotes abusan de niños porque no se pueden casar, aunque normalmente no lo dicen en términos tan claros, porque sonaría como la perfecta estupidez que es. La verdad es que la gran mayoría de delitos de abuso de menores, como la difusión organizada de pornografía infantil, son cometidos por laicos sin relación alguna con la Iglesia, y en no pocos casos por laicos casados o con pareja.

Relacionar la pederastia con el celibato pretende, a todas luces, cuestionar de raíz el concepto cristiano de castidad. Son muchos quienes dentro de la propia Iglesia han interiorizado la visión progresista sobre la sexualidad, que la considera ante todo como una técnica para obtener placer, y desdeña cualquier ejercicio de continencia o represión del instinto sexual como una superstición absurda.

No es difícil ver que de esa manera se acaba dinamitando la propia idea de sacrificio, es decir, el núcleo mismo de la fe cristiana. Y con ella, la propia moral desde la cual todavía aborrecemos la pederastia. De momento, los intentos de blanquearla se limitan a restringidos círculos intelectuales y activistas, pero ese podría ser un primer paso.

Ya resulta bastante hipócrita escandalizarse por los pecados contra la inocencia infantil de algunos clérigos indignos y al mismo tiempo aprobar, o al menos ver con indiferencia, que a niños de ocho años se les impartan “talleres LGTB”, como ha denunciado recientemente la presidente de Vox Madrid, Rocío Monasterio.

La pederastia y la crítica al celibato comparten en realidad un mismo origen: la falta de fe, suplida con el torpe sucedáneo progresista. No más progresismo, sino menos, protegería mucho mejor a los niños. Para empezar, no exterminándolos antes de que nazcan.

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3 comentarios sobre “Progresismo y pederastia

  1. ¡Vaya empanadilla mental para encubrir los crímenes de la Iglesia, que en estos días, las víctimas, millones salen a las calles, y los medios soviéticos como este, Stalintir, etc, se lo callan. Como se lo calle la izquierda. Anda, ve a la calle, con las víctimas.

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