Estado unitario y libertades

La medida más característica del programa de Vox consiste en “transformar el Estado autonómico en un Estado de Derecho unitario”, de modo que existan “un solo gobierno y un solo parlamento para toda España”. (“100 medidas para la España Viva”, nº 6.)

Una crítica muy repetida contra tal medida es tan inepta que no merece dedicarle muchas líneas. Dicen algunos que pretender desmantelar el Estado autonómico es inconstitucional. Pero reformar la Constitución mediante los procedimientos establecidos por ésta en su Título X no lo es, evidentemente. Inconstitucional es poner en marcha un proceso de secesión desde el parlamento de Cataluña, como si se tratara de una institución soberana que no estuviera sujeta a una legalidad superior. Y casualmente es Vox el único partido que participa como acusación popular contra este golpe de Estado que tuvo su momento culminante en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017.

Hay sin embargo una crítica a la supresión de las autonomías que, aunque no la comparta, me merece más respeto intelectual. Brevemente es la siguiente: la descentralización territorial limita el poder político, lo cual siempre es conveniente. La existencia de 17 gobiernos autonómicos con sus respectivas competencias supone una traba a las pretensiones de un Ejecutivo central de imponer, por ejemplo, determinadas leyes liberticidas. También favorece la existencia de la competencia fiscal entre administraciones, las cuales tratan de atraer las inversiones mediante rebajas de impuestos.

A una mentalidad liberal sin duda le suena bien esta música. Pero contrastemos tan bella teoría con la realidad. ¿En serio que las autonomías compiten fiscalmente entre sí? Que unas gocen de impuestos considerablemente más reducidos que otras no es una prueba de la competencia fiscal, sino lo contrario: si realmente los políticos autonómicos tuvieran entre sus prioridades crear un clima favorable a la inversión, todas las comunidades tenderían a una presión fiscal lo más baja posible, por lo que no habría grandes diferencias entre ellas. A la vista está que no sucede nada semejante.

Algo análogo podemos decir acerca de todos los ámbitos de intervención estatal. Que exista una fragmentación del poder territorial no es ninguna garantía a favor de las libertades, y a juzgar por la experiencia de estos cuarenta años de Estado autonómico, más bien parece lo contrario. Como señala Ignacio Gómez de Liaño en su reciente e interesantísimo libro Democracia, Islam, Nacionalismo (Ediciones Deliberar, 2018): “La organización del Estado en forma de Comunidades Autónomas ha generado una especie de sistema neo-feudal y oligárquico”, a la mayor gloria de unos caciques que “controlan muchos más resortes de poder e influencia que los gobernadores civiles del régimen de Franco.

Si un Estado unitario no ofrece, por sí mismo, sin los necesarios contrapesos, ninguna garantía contra el abuso del poder, creer que un buen procedimiento para prevenirlo es replicar aquél en diecisiete miniestados sólo puede calificarse como una ingenuidad. Tales estaditos tienden por naturaleza a la mera sustitución del poder central, sin ganancia alguna en libertades para los individuos, y lo que es peor, a utilizarlo como chivo expiatorio para intensificar el suyo propio, en el mejor de los casos apelando a ridículos aldeanismos artificiales, y en el peor apoyándose en ideologías nacionalistas totalitarias.

Que los reyes medievales fueran débiles frente a los señores feudales no convertía a estos en menos despóticos dentro de sus feudos. De hecho, podían serlo mucho más, debido a su imponente proximidad a los subordinados. Las libertades medievales no proceden de la mera fragmentación territorial del poder, sino de que en lugar de una fuente de legitimidad única, había una pluralidad de ellas: las leyes, las costumbres, la religión cristiana. Actualmente, por el contrario, las “dictaduras de proximidad” (tomo prestado el feliz hallazgo de Ignacio G. de Liaño) ni siquiera se encuentran con ese obstáculo al despotismo.

Hoy, trabajar por la recentralización del Estado es trabajar por la recuperación de libertades. No es casual que Vox defienda desmantelar el Estado autonómico y, al mismo tiempo, reducir los impuestos y derogar leyes como las de “género” y “memoria histórica”, que atentan contra libertades fundamentales reconocidas en la Constitución. A lo que hay que añadir su oposición al buenismo multiculturalista, que nos pone a los pies de los caballos del totalitarismo islamista.

La coherencia y consistencia del ideario de Vox es exactamente lo contrario de lo que propiamente podría llamarse “populismo”, es decir, una mera yuxtaposición de promesas populares y ocurrencias electoralistas. Pero sospecho que la mayor parte de los críticos del partido presidido por Santiago Abascal aún no lo han entendido.

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2 comentarios sobre “Estado unitario y libertades

  1. A mi lo que me parece sospechoso es que se le de tanta propaganda a VOX en los medios de comunicación, mientras que opciones similares en el pasado -críticas con la inmigración o la ideología de género- han sido silenciadas

    Lo cual me hace pensar que hay alguien interesado en que se vote “en masa” a VOX

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