Tiempos de esperanza

En el capítulo de las reacciones al pacto parlamentario en Andalucía entre los tres partidos que suman mayoría de votos y escaños, permítanme una nota al pie escrita desde Tarragona, donde hace escasos días se inauguró la primera sede de Vox en Cataluña.

El Diari de Tarragona ha publicado en el día de los Santos Inocentes un editorial titulado “El pacto de Andalucía, un primer aviso”. Lo único que me interesa de él son sus últimas palabras:

“Realmente es preocupante que la política española retroceda a los tiempos del franquismo. Si Andalucía, como temen algunos analistas, es el trampolín de la ultraderecha para entrar en el Congreso de Diputados, nos esperan tiempos de tribulaciones aún mayores.”

Esto es la página 4 del periódico. La siguiente la ocupa, a cuatro columnas, un artículo de una feminazi que arremete contra una sentencia favorable a una custodia compartida, despotricando como una energúmena contra la “moral judeocristiana” y la “ideología extremadamente machista” de la juez.

En las dos páginas anteriores puede leerse un reportaje sobre el crecimiento de la inmigración en Tarragona (un 60 %), encabezada por la procedente de Marruecos, y presentada por el diario como un paliativo de la crisis de natalidad.

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No estoy muy seguro de lo que el editorialista trata de decirnos con “los tiempos del franquismo”. Puede que se refiera a aquéllos en los que los impuestos eran bajos y no existía paro, no había ninguna crisis de la natalidad y los odios de la Guerra Civil habían sido superados por una inmensa mayoría de españoles, con víctimas en ambos bandos. O tal vez se refiera a la represión (sobre todo contra terroristas y comunistas) y la prohibición de los partidos políticos.

Vox es un partido que defiende decididamente la monarquía parlamentaria, el sistema de partidos y la independencia judicial. Todo ello es compatible (y lo último se vería además reforzado) con la reforma constitucional que propugna, reforma de la que también vienen hablando desde hace años los partidos de izquierdas, aunque con objetivos muy distintos y generalmente menos explícitos, sin que nadie se escandalice.

Como creo que el editorialista no ignora esto, deduzco que lo que le inquieta es más lo otro, la idea de una sociedad laboriosa, con un Estado más ligero y sostenible, con muchos más niños, y alejada de resentimientos como los cultivados por la memoria histórica o la ideología de género.

No me resulta fácil imaginar las “tribulaciones” que traería consigo la futura entrada de Vox en las Cortes. A lo mejor el editorial se refiere a la suspensión de la autonomía catalana, esa cuyo presidente suspira por una “vía eslovena”, que fue el prólogo del conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. O quizás esté pensando en la irrupción de políticas que protejan y fomenten esa horrible familia natalista y heteropatriarcal, gracias a la cual estamos todos aquí.

Ojalá tengamos pronto esta clase de “tribulaciones”. Pienso votar por ellas en todas las ocasiones que se presenten, no para volver a ningún tiempo pasado, que algunos se empeñan en rememorar con obsesivo rencor, sino para que mis hijos tengan un futuro mejor.

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