Espada vuelve a la escena del crimen

Arcadi Espada ha dicho de Vox que es un partido inconstitucional, como Podemos, porque aspira a establecer un régimen ajeno a la Constitución del 78. Ha puesto como ejemplos las propuestas de desmantelar el Estado autonómico, de ilegalizar los partidos separatistas, de deportar a los inmigrantes legales que reincidan en delitos leves y de excluir la enseñanza del islam de la escuela pública. Y no termina aquí, sino que añade lo siguiente:

“Incluso comparte [Vox] con la izquierda las políticas de identidad, por más que sean otros los sujetos. Para Vox populi [sic], por ejemplo, los inmigrantes hispanoamericanos, que privilegiará en esa política de cuotas, ¡por origen!, que se propone establecer. O las víctimas del Síndrome de Down, que no considera víctimas de una enfermedad sino personas con una particular manera de ser y sobre las que proyecta una de las mentiras más innobles que habré leído en un programa político: ‘Y amparándoles [a esos enfermos] ante la persecución que sufren por parte de quienes se han propuesto exterminarles’.”

Permítanme ocuparme del primer bloque de ejemplos, antes de comentar el texto citado. Ya he hablado recientemente sobre la propuesta estrella de Vox, que es sustituir el Estado autonómico por un Estado unitario. Técnicamente se trataría de suprimir varios artículos del Título VIII, unas cuantas disposiciones adicionales y transitorias y eliminar algunas líneas de siete u ocho artículos más, como el 2º y el 4º. La mayor parte de la Constitución, que incluiría los derechos, libertades y la protección de la diversidad lingüística y cultural, permanecería incólume, incluso contando con la eliminación del Tribunal Constitucional, que también defiende Vox, y cuyas funciones asumiría el Supremo.

La dificultad, que a los dirigentes de Vox se les oculta menos que a nadie, es reunir una mayoría social y parlamentaria suficientes para llevar a cabo estas reformas. Pero eso es la política, en su sentido más profundo: tratar de convencer al mayor número posible de aquello en lo que uno cree, y no ponerse simplemente al frente de una multitud ya convencida de algo.

La mayoría de nuestros políticos y periodistas pretenden hacernos creer que el Estado autonómico ha sido un éxito, pese a que no ha logrado su principal objetivo, que era contentar a los nacionalistas catalanes y vascos, e incluso ha facilitado la emergencia de protonacionalismos en otras regiones. La verdad es que las autonomías no son más que una herencia envenenada de la Segunda República, bajo la cual se creó la Generalidad de Cataluña y se redactaron los primeros Estatutos. Afirmar que Vox quiere acabar con el régimen del 78 porque es el único partido en señalar el estrepitoso fracaso del Estado autonómico, un invento de origen anterior a la Guerra Civil, es algo más que ceguera; es contumacia en el error.

Sigo con los restantes ejemplos. Vox propone (medida 2 del documento “100 medidas para la España Viva”) ilegalizar los partidos y organizaciones “que persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía”. Pero Arcadi Espada lo expresa de una manera que sólo cabe calificar de tramposa: dice que Vox pretende “la ilegalización de partidos en función de los objetivos políticos que tengan”. Claro, destruir la unidad de España es un objetivo político, quién lo niega. El mismo que tienen la ETA y su brazo político. Dicho así, perseguir a la ETA no sería más que perseguir a alguien por sus objetivos políticos. ¡Bravo, Espada, ha conseguido usted poner su prosa a la altura de los Otegui, Puigdemont y Torra!

También es cierto que Vox propone (medida 15) deportar a inmigrantes legales que cometan delitos graves o sean reincidentes de delitos leves. Pero Espada, maestro de la palabra, además de omitir los delitos graves escribe “leves delitos”, anteponiendo el adjetivo al sustantivo, lo que despoja a la expresión de su sentido jurídico: de este modo, sugiere que expulsar del país a quien ha robado doscientas carteras es algo moralmente emparentado con la Noche de los Cristales Rotos.

Vox propone además excluir la enseñanza del islam de la escuela pública. Espada cita esta vez literalmente la medida 25, como si la idea se comentara por sí sola. Late aquí el relativismo de quien cree que todas las religiones valen lo mismo, y por tanto no encuentra argumentos para excluir la enseñanza pública del islam… ni supongo que de la cienciología o los sincretismos afrocaribeños. ¿Y por qué no deberíamos admitir en nuestras escuelas públicas, ya puestos, el nacionalsocialismo como asignatura optativa? Es lo que tiene dejarse subyugar por la lógica destructiva del relativismo.

Se escandaliza también Espada, ya adentrándonos en el fragmento que he transcrito de su artículo, de que se establezcan (cito la medida 22 de Vox) “cuotas de origen privilegiando a las nacionalidades que comparten idioma e importantes lazos de amistad y cultura con España”. Pues debería escandalizarse también con el artículo 11.3 de la Constitución, que reconoce “tratados de doble nacionalidad con los países iberoamericanos o con aquellos que hayan tenido o tengan una particular vinculación con España.” La carta magna discriminando “¡por origen!”. ¡Qué horror!

Como hemos visto, Espada identifica esta medida, así como la defensa de las personas con síndrome de Down, con las políticas de identidad de la izquierda que promueven la discriminación positiva para determinados colectivos. Y aquí es cuando se mete en un jardín.

La medida 79 de Vox que Espada cita parcialmente dice así: “Desarrollo de un plan [de] integración de las personas con síndrome de Down. Tratadas como una condición personal, no una discapacidad, y amparándol[a]s ante la persecución que sufren por parte de quienes se han propuesto exterminarles.”

Me siento en la obligación de admitir que Espada tiene razón en que el síndrome de Down es una discapacidad o enfermedad. Ahora bien, no hay ninguna incompatiblidad entre ser un enfermo o discapacitado y la condición de persona. Vox no necesita recurrir a un lenguaje análogo al del activismo LGTB (que por ejemplo se niega a considerar la transexualidad como un trastorno) para defender a los Down.

En lo que sí se equivoca Espada, y gravemente, es en tachar como “una de las mentiras más innobles” el que haya quienes pretenden exterminar a los Down. No sólo se equivoca, sino que demuestra tener un grave problema de memoria, cuando era él mismo quien sostenía, en un artículo de hace cinco años, que negarse a abortar “hijos tontos, enfermos y peores” debiera ser tratado como “un crimen contra la humanidad.” ¿No es esto defender el exterminio de los Down mediante el aborto eugenésico?

Arcadi Espada no ha podido evitar volver a la escena del crimen, a sus opiniones execrables sobre los Down. Es una verdadera lástima, porque a veces escribe con una rara lucidez. Cabe extraer de aquí una lección de humildad: alejado de la fe cristiana, el hombre moderno, incluso el más inteligente, termina invariablemente cayendo en los errores más monstruosos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s