Tabarnia: una broma de verdad

TABARNIA-mapa-de-Barcelona-eñ-magacin

No recuerdo cuándo leí por primera vez la palabra Tabarnia. Confieso que hace sólo dos días que le he prestado suficiente atención para tratar de averiguar algo más sobre su significado. Tabarnia es un nombre inventado, como Eriador (o como Euskadi) pero a diferencia del salido de la pluma de Tolkien designa un territorio real. Aunque no parece haber un acuerdo definitivo sobre sus límites, en la versión más amplia que he encontrado Tabarnia abarcaría (véase mapa) desde el municipio de Vandellòs en la costa de Tarragona hasta el pueblo gerundense de Tossa de Mar, ya en el límite con el Bajo Ampurdán, pasando por la capital tarraconense y buena parte de la provincia de Barcelona, incluyendo por supuesto la metrópoli, y adentrándose hasta Santpedor, el pueblo natal de Pep Guardiola (què li sembla, míster?) situado a escasos setenta kilómetros de la costa.

El elemento definidor de este territorio no sería otro que el rechazo al secesionismo catalán. La Plataforma por la Autonomía de Barcelona (PAB) tiene como objetivo formal separar a Tabarnia de Cataluña, convirtiéndola en otra comunidad autónoma de España. Todo el asunto no deja de ser una parodia demoledora del independentismo, como se puede comprobar por esta somera enumeración:

  • Tabarnia tiene su propia bandera, resultado de fusionar las de Barcelona y Tarragona. (Ver abajo.)
  • Sus impulsores han creado el eslogan Barcelona is Not Catalonia.
  • Proponen un referéndum de autonomía en 2019. “Esto va de democracia”, afirman.
  • Se quejan de que “Cataluña nos expolia. Barcelona aporta un 28 % más de lo que recibe.”.
  • Imaginan que los tabarneses vivirán mucho mejor si consiguen separarse de Cataluña.
  • Esgrimen argumentos históricos basándose en la antigua soberanía condal.
  • Buscan paralelismos de sus reivindicaciones territoriales en otros lugares (señalando por ejemplo que Madrid, La Rioja o Cantabria se constituyeron en comunidades autónomas, separadas de las dos Castillas).
  • Denuncian una supuesta barcelofobia de la Cataluña profunda contra los pixapins o camacus.
  • Etc.

(Nota: en el campo catalán se conocen diversas maneras despectivas de referirse a los barceloneses. Una sería pixapins -“meapinos”- en alusión a los groseros modales miccionales de cierto turismo invasivo, de origen capitalino. La otra es una burlona exageración de la pronunciación barcelonesa de la expresión Què maco! –“¡Qué bonito!”- habitual en labios del típico visitante urbano, ávido de pintoresquismos.)

La moraleja es obvia: donde las dan las toman. ¿Cataluña quiere separarse de España? Pues que no se queje si Barcelona, Tarragona o el Valle de Arán toman ejemplo y se plantean a su vez separarse del Principado. Sin rehuir una potente ironía servida en frío, que vuelve contra los secesionistas sus propios argumentos, los organizadores de la PAB parecen ir en serio. Se basan en los artículos 143 y 144 de la Constitución, que establecen las condiciones para la creación de una comunidad autónoma. Pero sobre todo, parten del hecho innegable de la existencia de dos Cataluñas: la nacionalista, rural, monolingüe y cerrada en sí misma, frente a la cosmopolita, urbana y bilingüe, que se encuentra perfectamente cómoda en España y en Europa. Apoyándose en sondeos y resultados electorales, los autonomistas de Tabarnia sostienen que ambas Cataluñas tienen un reflejo territorial innegable. Simplificando, el litoral urbano frente al interior rural.

Por supuesto, el proyecto de Tabarnia puede incurrir en vicios similares a los del secesionismo catalán, el principal de los cuales quizás sería hablar en nombre de una sociedad uniforme que no existe. En Tabarnia, aunque en menor proporción que en el resto de Cataluña, hay también muchos nacionalistas catalanes; tantos que, sin ellos, los partidos independentistas no habrían conseguido ni de lejos los resultados de las pasadas elecciones. Como he tratado de expresar en mi anterior entrada, la reducción del nacionalismo a un fenómeno de paletos de pueblo es una caricatura en la que no encaja objetivamente la mayoría de independentistas.

Es aún aventurado asegurar que la autonomía de Tabarnia sea políticamente realizable; ni tan siquiera que sea deseable, salvo como mal menor ante una improbable secesión de Cataluña o una eternización del procés. A mí personalmente me sobran las diecisiete autonomías (simpatizaría con una descentralización en el nivel municipal, no regional), así que teóricamente no debería ser partidario de una decimoctava. Sin embargo, a los impulsores de Tabarnia hay que reconocerles que, poniendo literalmente en el mapa la innegable división de la sociedad catalana, le prestan una visibilidad seductora a la parte de ella que durante cuarenta años ha venido siendo más ignorada y despreciada. Los llamados xarnegos o, más pérfidamente si cabe, “colonos”, ahora son -somos- tabarneses. ¡Un respeto! El mero planteamiento de una comunidad autónoma de Tabarnia ya implica responder a los nacionalistas donde más les duele y con sus mismas armas dialécticas, reforzadas con aquella de la que más carecen: el sentido del humor.

Bandera de Tabarnia

Para más información, lean esta entrevista a Carla Arrufat publicada en ElMagacín.com. El mapa de arriba procede del mismo sitio.

Hay otra plataforma que defiende la autonomía de Barcelona sin utilizar el topónimo Tabarnia, aunque tampoco parece rechazarlo. Se llama BCN Via Fora.

 

Anuncios

Un comentario sobre “Tabarnia: una broma de verdad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s