No todas las religiones son iguales

El canal de noticias 24H de RTVE, y periódicos como El País y Público, atribuyeron las palabras “Dios es grande” a un sujeto que atacó con un machete a dos policías en Charleroi, Bélgica, a primeros de agosto. Lo que en realidad pronunció el agresor fue “Al·lahu-àkbar”, es decir, el takbir o profesión de fe islámica, que se traduce por “Alá es grande”.

Cabe mantener una sutil discusión académica acerca de si el concepto de Alá es asimilable al Dios judeocristiano, pero desde un punto de vista periodístico, esconder el takbir a los lectores es deontológicamente impresentable.

Por desgracia, no es el único ejemplo de los intentos casi desesperados de algunos de repartir las culpas de la violencia islamista entre las religiones en general y la cristiana en particular. Es  muy vieja la tesis con la que suelen aderezarse tales pretensiones, según la cual el cristianismo habría sido tan violento como lo es ahora el islamismo, hasta que la Ilustración vino a domesticarlo.

Sin entrar a discutir acerca de los hechos históricos (y habría para rato), quienes sostienen tal teoría nunca se preguntan por qué se produjo la Ilustración en una civilización cristiana, y no en la árabe, la persa o la hindú.

Pero el mayor peligro no se encuentra en aquellos que, de modo más o menos velado, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, tratan de atizarle al cristianismo. Como se dice vulgarmente, a estos se les ve demasiado el plumero. El problema  más grave reside en que, con la loable intención de salvar las barreras culturales entre los seres humanos, busquemos paralelismos espurios entre la religión fundada por Jesucristo, que dio su vida por todos los hombres, y la establecida por ese caudillo político-religioso llamado Mahoma.

El propio Jorge Bergoglio, en una entrevista publicada por un medio católico, relativizó el expansionismo islámico recordando que también Jesús ordenó a sus discípulos difundir el Evangelio por todo el mundo. Posteriormente, insistió en esta línea negando que exista una violencia específicamente musulmana, y señalando a favor de ello ejemplos de católicos que matan a su mujer. En el contexto de esas últimas declaraciones, dirigidas a periodistas que lo acompañaban en un avión, añadió que el yihadismo no es una guerra religiosa, sino algo que tiene que ver con una lucha por “intereses”, “dinero” y “recursos”.

Indudablemente, el Sumo Pontífice no sostiene una visión materialista de la historia. Ni tampoco desconoce la elemental distinción entre difundir la noticia de la salvación e imponer a sangre y fuego una doctrina. Tampoco –estoy convencido– ignora el papa que los terroristas islamistas insisten incansablemente (con razón o sin ella) en justificar sus crímenes en la aplicación rigurosa de los preceptos islámicos, a diferencia de un católico italiano que mata a su mujer, y a cuyo abogado, por pocos escrúpulos que tenga, a buen seguro no se le pasará por la cabeza hallar en la fe católica la menor disculpa.

¿Cómo podemos explicar entonces las palabras de Bergoglio? Lo ignoro. Quiero pensar que se trata sólo de un exceso de locuacidad, de gusto por la improvisación, pero dejo aquí esta cuestión, que es marginal respecto a nuestro asunto.

Gilbert K. Chesterton, hace más de un siglo, ya mostraba su hastío frente a “esta frase facilona que uno oye machaconamente repetida”, según la cual “las religiones difieren en sus formas y rituales, pero sus enseñanzas son idénticas”. El escritor católico inglés afirmaba rotundamente lo contrario: las religiones no se distinguen grandemente por sus “métodos externos” (templos, sacerdotes, escrituras sagradas, etc.), sino por sus contenidos. “Coinciden en el mecanismo pero difieren en el significado”.

Se dice con frecuencia que el islam no establece separación entre religión y política, y esto es cierto, pero sin ulterior profundización no nos explica demasiado. Siempre habrá la tentación de atribuir tal cosa a un accidente histórico, como si el humanismo, la ciencia y los derechos humanos hubieran surgido en Europa por generación espontánea, sin que tuviera nada que ver el humus cristiano.

La diferencia fundamental entre la religión cristiana y la musulmana estriba en la antropología judía que ve al hombre primordialmente como pecador, es decir, como desobediente, y que por ello mismo está necesitado de la misericordia divina. En el islam falta en gran medida esta rica antropología previa: se diría que se dan la obediencia y la desobediencia como hechos brutos, como un dualismo intolerable. En lugar de un verdadero diálogo entre el Creador y la criatura, hay una transmisión de órdenes y una mera elevación de signos de acatamiento. Y esto inevitablemente se refleja en el modelo de sociedad, basado en el dominio de los fieles sobre los infieles, del hombre sobre la mujer, de los soberanos sobre los súbditos.

Esperaremos en vano que el islam tenga su Renacimiento, su revolución científica, su Ilustración. Ni siquiera sus fueros, cortes estamentales y otras instituciones que, desde la Edad Media, refrenaban la arbitrariedad política en los reinos cristianos, porque no es un problema de modernidad contra reacción. El islam no tendrá todo eso porque el humanismo, tal como los occidentales lo entendemos, es extraño a su naturaleza.

Reconocer eso es muy duro, pues sabemos que es humanamente imposible cambiar la mentalidad básica de más de mil millones de musulmanes. Pero sí podemos obligarles a que nos respeten, lo quieran o no. Para ello es imprescindible empezar por no hacernos ridículas ilusiones sobre un supuesto islam pacífico, y en general abandonar definitivamente la absurda presunción de que, para bien y para mal, todas las religiones serían iguales.

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5 comentarios sobre “No todas las religiones son iguales

  1. Sharia is not religion. Sharia is a totalitarian societal structure and legal corpus that anti-American radicals seek to impose. Yes, their motivation for doing so is their interpretation of their religion — the fundamentalist, literalist construction of Islam. But that does not make sharia itself a matter of “religion” in the Western sense, even if vast numbers of Arab Muslims — for whom there is no cognizable separation of mosque and state — say otherwise. If Karl Marx had said, “The workers must control the means of production because God says so,” that would not have transmogrified the tyranny of Communism into the “freedom of religion.”

    http://www.nationalreview.com/article/439203/immigration-religious-freedom-islamic-sharia-supremacists-can-be-denied-admission

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  2. Es lamentable que haya tanta gente que equipare islamismo y cristianismo (hasta el punto de intentar ocultar las barbaridades del primero y de intentar magnificar algún hecho puntual del segundo). Pero lo que no es lamentable, sino terrible, es que sea el mismo Papa quien lo haga. Y no, no se puede achacar a un exceso de locuacidad o a un error de improvisación, porque lleva en esa misma línea desde que llegó al papado, llegando incluso a hacer una justificación implítica del atentado terrorista contra la revista Charlie Hebdo, que ya es decir.

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  3. Decir que gracias al Cristianismo tuvimos Renacimiento e Ilustración, es tirar piedras contra el tejado del Cristianismo.
    La Ilustración impuso la idolatría de la razón y de la ciencia, así como la primacía de la verdad razonada sobre la Fe o Verdad Revelada, y por ello fue la primera forma de progresismo. La Ilustración fue hija del Renacimiento y la Reforma, y fue madre del ateísmo, del materialismo y del marxismo, como síntesis de ambos.

    Obviamente no todas las religiones son iguales, y el Islam y el Cristianismo tienen sus diferencias, pero también sus similitudes. No hay que olvidar que ambas comparten la herencia de Abraham, el padre de la Fe; y no hay que olvidar que los soldados musulmanes del Ejército de África que dirigía el General Franco, fueron decisivos para derrotar a la España atea.

    Loar a la Ilustración, y más aún, hacerla heredera del Cristianismo es caer en la trampa del progresismo. Todos los grandes teólogos católicos del s.XIX (como Balmes, por ejemplo), condenaron la Ilustración, y dejaron clara su incompatibilidad con la Teología Cristiana inaugurada por Santo Tomás.

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    1. a Beatriz,

      valoro mucho su comentario. De hecho, mientras escribía mi entrada, me preguntaba si no parecería que daba la Ilustración acríticamente por buena, impresión que por lo visto no he podido evitar. Sin embargo, sí pienso que la Ilustración es en cierto modo hija, aunque sea una hija bastarda, del cristianismo. Lo que trataba de decir es que quienes tanto insisten en oponer razón y cristianismo, para atacar a este último, no advierten que al final se cargan también el racionalismo. Pero aclarar todo esto (de lo que hablo en anteriores escritos de este mismo blog) implicaba alargar demasiado el texto.

      Sólo una observación acerca de la guardia mora de Franco: hay que enmarcarla, creo yo, en la brillante carrera africanista del general, más que en una inverosímil alianza entre musulmanes y cristianos contra el ateísmo. Los musulmanes sólo se alían con “infieles” contra un enemigo común para luego traicionar vilmente a sus antiguos aliados. Véase si no cómo agradecieron los yihadistas el apoyo de USA en Afganistán, cometiendo el mayor atentado terrorista de la historia contra sus antiguos “amigos”. Para enfrentarnos al progresismo ateo, Dios nos libre de buscarnos semejantes apoyos.

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