Pedro Azcoll: Clinton es una bruja progresista

Pedro Azcoll Saiz (Barcelona, 1967), autor del ensayo Por qué no soy progresista, de próxima publicación en Biblioteca de Autores Ficticios, ha tenido la gentileza de concedernos su primera entrevista.

Entrevistador: Usted sostiene que el progresismo es una nueva religión, que ha desplazado al cristianismo. ¿No choca esto con el gran número de cristianos que se consideran progresistas, o viceversa?

Pedro Azcoll Saiz: Efectivamente, es así. Muchos cristianos se consideran progresistas, y además creen que esa es la lectura más acorde con el Evangelio, porque asocian el progresismo con la defensa de los débiles. Sin embargo, no nos debemos dejar engañar por esto. Los seres humanos solemos ser incoherentes. Hay católicos que creen en el tarot o el reiki, que consultan horóscopos o practican yoga. Son cosas claramente incompatibles con el primer mandamiento, pero la gente, incluidos muchos católicos bautizados, empieza por ignorar el catecismo, y además tampoco profundiza gran cosa, por lo general, en esas supersticiones o doctrinas procedentes de Oriente, del paganismo o del esoterismo. Lo absorben todo sin criterio. Y lo mismo sucede con el progresismo, que considerado muy superficialmente parece una especie de cristianismo secularizado, pero en realidad choca frontalmente con los fundamentos de la fe cristiana.

E: Sin embargo, el progresismo ha penetrado profundamente en la Iglesia. Usted acusa al propio Bergoglio de ser progresista.

PAS: Sin duda. Pero no es la primera vez que una herejía llega hasta los niveles más altos de la Iglesia. Ya ocurrió en los primeros siglos, con el arrianismo. Lo de Bergoglio es en parte un hecho generacional. Tenemos por un lado los curas progres de los años 80, muchos de los cuales son ahora obispos. Por otro, tenemos a quienes siempre saben adaptarse a las circunstancias, como en España tantos exfranquistas, ahora reconvertidos en furibundos antifranquistas. No conozco la biografía de Bergoglio, por lo que no sé exactamente a qué categoría pertenece. Por suerte, la Iglesia, al contrario de lo que dicen algunos ignorantes, no es una monarquía absoluta. Desde luego tampoco es una democracia, ni puede ni debe serlo, pero el obispo de Roma no tiene un poder ilimitado: no puede cambiar la doctrina a su antojo. Esta es una de las razones (aparte de la sobrenatural, que como creyente es para mí la principal) por la cual la Iglesia ha durado dos mil años.

E: ¿Usted no cree, como Churchill, que la democracia es el peor de los sistemas, exceptuando todos los demás?

PAS: Esta frase es ingeniosa, pero creo que está equivocada. Puede haber democracias desastrosas y dictaduras relativamente benévolas. Si por democracia entendemos estrictamente un sistema basado en el sufragio universal, sus defectos están claros. El pueblo se equivoca a menudo, y vota a incompetentes o malvados. Lo que sí es cierto es que cualquier otro sistema tiene también graves defectos, que conducen a su degradación, como ya vio Aristóteles. Lo ideal sería un sistema mixto que combinara las virtudes de los demás modelos ideales, que Aristóteles clasificaba como monárquicos, aristocráticos y democráticos. Pero eso es tan fácil de decir como difícil de plasmar en la práctica. Más que en la democracia, como supuesta expresión de la voluntad popular, yo creo en el concepto de imperio de la ley. Esto es lo verdaderamente contrario a la tiranía, no la democracia, que puede ser tan tiránica como cualquier monarquía o más. Sin embargo, el principio del voto, bien combinado y compensado con instituciones que limiten el poder de los gobiernos, actúa como un contrapeso o control adicional, y en este sentido sí soy favorable a ella. Todo lo contrario de como entienden la democracia los progresistas, que la ven como un pretexto para que nadie pueda legítimamente resistirse al poder político, cuando gobiernan ellos.

E: ¿Usted condenaría el franquismo?

PAS: Por supuesto que no. El franquismo fue una dictadura de derechas, que se implantó tras vencer a las izquierdas en la guerra civil. Con ello nos libró de caer en una dictadura de izquierdas que hubiera sido mucho peor, no sólo para España, sino para Europa y el mundo, porque habría acabado en la órbita de la URSS. La obra de Bolloten demuestra abrumadoramente cómo los comunistas, que al principio eran un partido minoritario, pero contaron con la colaboración consciente e inconsciente del PSOE y los republicanos de izquierdas, se hicieron con el control de la zona del Frente Popular, combinando el pragmatismo, las intrigas y los asesinatos de sus adversarios. El franquismo tuvo sus luces y sus sombras. Sobre todo fue muy dura la represión de posguerra, aunque ni mucho menos tuvo el carácter genocida que le imputan la izquierda sectaria y la derecha más estúpida. Las condenas a muerte ejecutadas fueron muchas menos que las cifras truculentas que maneja la historiografía progre, y no olvidemos que muchas de ellas, si no la mayoría, recayeron en individuos con responsabilidades en crímenes cometidos antes y durante la guerra, como Lluís Companys. En cualquier caso, pretender que todo fue malo con el franquismo es una soberana idiotez, como lo sería afirmar que todo fue color de rosa. Pero el progresismo no sólo miente, distorsiona y exagera, especialmente gracias al poder que le otorga la ley de memoria histórica, sino que rechaza todo aquello que de bueno tenía el franquismo: la defensa de la familia natural y la religión católica, el Estado fiscalmente reducido, la educación meritocrática y basada en la transmisión de conocimientos, el patriotismo…

E: Es consciente de que por afirmaciones como ésta le tildarán de fascista para arriba, tanto desde la izquierda como de la derecha.

PAS: Sí, evidentemente. El progresismo ha logrado imponer su “relato”, como se dice ahora, a pesar de la evidencia aplastante de los hechos en contra. El franquismo fue–nos dicen–una larga noche lóbrega, a pesar de que creó y consolidó una clase media a la que debemos agradecer el bienestar presente. El capitalismo–aseguran–tiene la culpa del hambre y las guerras, a pesar de que es el sistema que más ha reducido el número de pobres en toda la historia, de que el socialismo ha sido la causa de casi todas las hambrunas del siglo pasado y de la mayoría de guerras civiles, y de que Hitler provocó la Segunda Guerra Mundial gracias a su pacto con Stalin, con el que empezó por repartirse Polonia. Las mujeres en Occidente–repiten machaconamente– están discriminadas salarialmente y se les impone un “techo de cristal”, cosa que es absolutamente falsa, porque gozan de acceso pleno a todos los estudios y todas las profesiones, y simplemente tienen sus propias prioridades, que con frecuencia no coinciden con las de los hombres, pese a toda la propaganda feminista para convencerlas de lo contrario. El aborto es un “derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo”, pese a que desde el instante mismo de la fecundación, el cigoto es un organismo con su propio ADN, que tiene en sí mismo la potencialidad de desarrollarse hasta llegar a ser un adulto. La homosexualidad y otro tipo de conductas sexuales son inclinaciones tan valiosas como la heterosexualidad dentro del matrimonio, y quien lo niegue–sentencian–es un homófobo, pese a que es obvio que las relaciones sexuales con finalidad procreadora, dentro de una unión estable, son el mejor entorno concebible para la crianza del ser humano, y forjan lazos que de no existir favorecen el totalitarismo, que aspira al poder absoluto sobre las mentes, mediante el control de la enseñanza, y que compra la obediencia de los súbditos proporcionándoles placer y diversión sin fin y sin compromiso. Quiero aclarar que esto no significa que haya que prohibir la homosexualidad o la prostitución, ni mucho menos. Son prácticas que desde siempre han existido, y que deben ser toleradas en sociedades civilizadas, pues perseguirlas sería mucho peor remedio que la enfermedad, pero nunca deberían ser “dignificadas” ni fomentadas. Y ya lo último que nos ha impuesto el progresismo: la letanía de que la islamofobia es incluso más peligrosa que el islamismo, a pesar de que éste acumula miles de cadáveres desde las últimas décadas…

E: En su libro otorga un papel importantísimo a lo que llama la esfera “prepolítica”, la influencia de la televisión, el cine, la publicidad comercial y la subliteratura en conformar la mentalidad progresista.

PAS: Esto es clave. La telebasura, especialmente los programas basados en chismes de entrepierna, contribuye a moldear las nociones morales más básicas, según un esquema maniqueísta que sólo distingue entre lo supuestamente avanzado y lo retrógrado. La castidad se considera algo pernicioso y además imposible. Se elogia y ensalza la promiscuidad femenina, hasta niveles ninfomaníacos, como si fuera un gran éxito de la liberación de la mujer. Los mismos que aseguran deplorar la cosificación de las mujeres, aplauden a aquellas que coleccionan amantes de una noche, proponiéndolas como modelo a seguir. Especialmente triste es el influjo de esta propaganda nauseabunda sobre la juventud, intimidada por la idea de no perder la virginidad lo antes posible. Se promociona sin pudor un egoísmo desesperado, que cifra la felicidad no en el amor virtuoso, eclipsado por el amor pasional, sino en la búsqueda del placer sensorial como si no hubiera mañana. Y este egoísmo se encubre o edulcora con una hipócrita agitación de causas solidarias, a favor de víctimas convenientemente seleccionadas, desde los refugiados no cristianos hasta los galgos o los toros bravos. Mientras no sean cristianos perseguidos, niños abortados o presos políticos de países socialistas, cualquier causa puede servir para proporcionar la adecuada dosis de piedad sucedánea, que permita volver con buena conciencia, al instante siguiente, al narcisismo más desenfrenado.

E: Esto empezó con el cine de Hollywood, la música rock y en general la industria del entretenimiento made in USA, que ha adoctrinado ya a varias generaciones en la concepción “liberal” de la sexualidad y el hedonismo más burdamente materialista. ¿Cree, en este sentido, que el capitalismo, al estar interesado en una sociedad de consumidores sin trabas culturales ni morales, es también un gran responsable del triunfo del progresismo?

PAS: Algo de esto hay, pero conviene aquí precisar ciertos conceptos, para no caer en el discurso de la equidistancia entre capitalismo y socialismo, ni en las teorías conspirativas del nuevo orden mundial. Hay una responsabilidad de algunas grandes corporaciones  y de personajes como George Soros en la difusión del progresismo y la implantación de sus políticas. Pero la culpa de ello no es de la economía de mercado como modelo económico. También el apoyo de algunos industriales a Hitler sirivió a los comunistas para sostener el mito de que el nazismo fue un brote del capitalismo, y aún hoy algunos tratan de explicar las guerras, incluso el terrorismo islamista, exclusivamente como consecuencia de sórdidos intereses de rapiña de recursos o de venta de armas. En el fondo, teorías como las del Club Bilderberg y otras similares, en la tradición ultraderechista de los Protocolos de los Sabios de Sión, coinciden con el marxismo en su visión materialista de la historia, aunque la condimenten con detalles más o menos románticos y esotéricos. Yo huyo de estos planteamientos. Primero porque opino que el libre comercio es el único modelo que permite reducir indefinidamente la pobreza absoluta, y segundo porque estoy convencido de que el mundo no está movido tanto por fuerzas ciegas o supuestos intereses, como por las ideas, verdaderas o falsas. La lucha eterna, para mí, es la que expone la Biblia, entre las distintas idolatrías (el dinero es sólo una de ellas) y la fe en el Dios verdadero.

E: Pero el progresismo invariablemente acusa a la Iglesia, o al menos a la parte de ella que no se pliega a sus dictados, de querer imponer su moral y sus creencias a toda la sociedad. ¿Qué tiene que decir a esto?

PAS: Es cierto que la Iglesia no debe imponer lo que considera que es la Verdad sobre el ser humano. El mensaje de Cristo debe ser abrazado libremente, porque de lo contrario no tendría ningún valor moral, llevaría a una mera demostración externa carente de convencimiento sincero. Sin embargo, todo el mundo reconoce numerosos casos en que debemos imponer las normas morales por la fuerza, porque el mal producido por no hacer nada sería superior. Si alguien trata de cometer un asesinato, nuestra primera obligación es tratar de impedírselo, incluso matándole si no existiera otro medio, pues es más grave la muerte de un inocente que la de un culpable, que además puede cometer otros asesinatos. En multitud de situaciones, adoptar una especie de laissez faire moral ni siquiera se concibe. Aquí hay que incluir el caso del aborto. Un Estado que permite el aborto no es ideológicamente neutral, desde el momento en que desatiende su principal obligación, que es defender la vida humana. Los argumentos progresistas que tratan de deshumanizar al embrión o al feto merecen la misma repulsa que los argumentos de los nazis contra los judíos. Ahora bien, en otros asuntos, por supuesto estoy de acuerdo en que el Estado no debe intervenir. Pero ni en un sentido ni en otro, y los progresistas no suelen jugar limpio en este aspecto. Quieren librar a los jóvenes de la clase de religión, pero para someterlos a la influencia del lobby LGTB, con el apoyo estatal, y coartando la libertad de los padres de elegir cómo quieren educar a sus hijos.

E: Usted se muestra muy crítico con el Partido Popular de Rajoy y especialmente con Cristina Cifuentes, gran valedora en la Comunidad de Madrid de la ideología LGTB. ¿Cree en la posibilidad de una alternativa política al discurso progresista dominante?

PAS: Soy pesimista a corto plazo. No veo en el horizonte un movimiento, dentro del PP o fuera, como es el caso de Vox, capaz de tener cierto éxito, ya no digo gobernar. El progresismo lo impregna todo, y quizás su mayor éxito consiste en esta derecha domesticada, plegada a la corrección política, y que actúa consolidando los “avances” de la izquierda cada vez que gobierna. Rajoy no ha modificado en lo esencial nada del legado ideológico de Zapatero, y sigue siendo defendido por muchos como si se tratara de un gran estadista. En especial me subleva el apoyo que le presta la cadena de la Conferencia Episcopal, 13TV, aunque eso no es lo peor. Que la Iglesia desaproveche la oportunidad de difundir su mensaje, de dar a conocer la obra de intelectuales y artistas católicos a través de un medio tan potente como es la televisión, y en lugar de ello se dedique a emitir películas de Chuck Norris o Charles Bronson, aunque no tengo nada contra estos actores, me parece lamentable.

E: ¿Qué opina de Donald Trump?

PAS: Me parece que es una pena que se haya impuesto como candidato republicano, habiendo figuras mucho más serias como Ted Cruz y otros. Pero no comprendo a los conservadores que prefieren que gane Hillary Clinton, una bruja progresista sin escrúpulos. Trump no es un conservador, en el sentido norteamericano; algunas de sus propuestas económicas son erróneas, y su visión de la política internacional es confusa, aunque al menos asegura que quiere terminar con el Dáesh. Pero si ganara, cosa que parece improbable, ello supondría un notable revés para el progresismo. No su derrota, evidentemente, pero sí la pérdida de una batalla. Por lo menos hay alguien que se sale del guión políticamente correcto.

E: Por último, ¿qué les diría a los lectores que lo consideran a usted un personaje ficticio, un alter ego de este entrevistador?

PAS: Admito que a veces yo también tengo mis dudas. Mi propio nombre, Pedro Azcoll Saiz, es anagrama del suyo, Carlos López Díaz. ¿Se había dado cuenta?

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4 comentarios sobre “Pedro Azcoll: Clinton es una bruja progresista

  1. Carlos,
    en nuestro largo debate anterior, conseguí dejarte sin argumentos, hasta el puento en que solo podrías escribir frases de pataleo. Por que, en cuanto uno empieza a argumentar contigo, se caen todas tus verdades impuestas ‘por que sí’.
    Supongo que para responder a cosas que salieron en ese debate, escribes este nuevo post donde sales de tu armario radical y dices todas las cosas que realmente piensas.
    Y para no explicarlas en primera persona, te creas un personaje ficticio y te entrevistas tu mismo. Qué miedo.

    Viendo lo que cuentas aquí, no merece la pena ni responderte. Claramente, eres un fanático. Y con los fanáticos no se discute.
    Afortunadamente, en este País, en política los fanaticos como Santiago Abascal solo consiguen juntar a unos cuantos nostálgicos de la dictadura en alguna plaza del barrio de Salamanca, y al final no les votan ni sus amigos. Y en el plano social, los medios fanáticos como Actuall, solo los leéis los mismos que escribís en ellos, que por otra parte, no parece que tengáis que tener un currículum para dar vuestra opinión. Basta con que seáis fanáticos.

    Por ello, no me procupa que ni socialmente ni políticamente, algún día tenga influencia gente con tus ideas. Lo que si me asusta después de leer este post, es que un día alguien como tú cometa un atentado contra los ‘progresistas’, que para ti es casi todo el mundo, como el que ya ocurrió en Noruega hace unos años, por parte de un asesino con ideas como las tuyas.

    Clinton en una bruja progresista, si. Ojalá gobierne Trump con Sarah Palin. El PP es un partido de ultraizquierda. Ojalá gobierne Santi Abascal y nos haga a todos legionarios.

    Carlos, siento que pierdas a uno de los pocos lectores que dan vidilla a tu blog, pero voy a dejar de leerte, ya que a los fanáticos creo que no hay que darle alas.

    Si alguien como tu nace en un país árabe, sería un miebro del ISIS seguro. En serio, creo que eres un paranoico. Deberías hacértelo mirar.

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  2. Veo que el tono lacónico y sarcástico de mi anterior comentario consiguió sacarte de tus casillas, aunque no lo pretendía. Te falta sentido del humor. Escribía con el móvil, así que comprenderás que respondiera brevemente a tus parrafadas. Si alguien ha tenido aquí un pataleo infantil y necesita asesoramiento psicológico eres tú, que me llamas fanático, paranoico y me comparas con terroristas, sólo porque tengo opiniones distintas de las tuyas. Dices que no me vas a leer más. Pues sinceramente, no echaré de menos tus comentarios simplones y condescendientes, ni tus faltas ortográficas. Los he aguantado porque me gusta debatir. Pero ya ha quedado claro quién es aquí el fanático, que no soporta que le lleven la contraria sin caer en improperios. Como decimos en catalán: Bon vent i barca nova!

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  3. Algo más a lo dicho por Daniel: ¡Que gran muestra de humildad de Alfredo!. Conmueve su talante. Dice que dejó “sin argumentos” al bloguero, y las frases que Carlos profería eran “de pataleo”. No se como se dice en Psicología, pero alguien percibe erróneamente la realidad. Y no es para menos: mucho ego de por medio y obnubilación por causa ideológica.

    Carlos: excelente noción de conocimiento de los temas, y manejo atildado de las respuestas. Que sigan los éxitos.

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