Por qué no soy progresista

El gran filósofo inglés Bertrand Russell pronunció una conferencia en Londres, hará pronto noventa años, titulada “Why I am not a Christian” (Por qué no soy cristiano). Tiempo después, esta conferencia, junto con otros ensayos del autor, fue publicada en un libro con el mismo título, que aún hoy sigue siendo reeditado en ediciones de bolsillo.

Por qué no soy cristiano es un libro recomendable, además de para aquel que desee conocer de primera mano las opiniones de Russell sobre religión, moral y política, por el capítulo que ofrece la transcripción del célebre debate radiofónico entre el filósofo y el padre Copleston, sobre la existencia de Dios.

Sin embargo, hay que decir que el resto de la obra es muy decepcionante. En contraste con las notables aportaciones del pensador inglés en campos como la filosofía del conocimiento y los fundamentos de la matemática, sus opiniones personales sobre religión y política eran de una simpleza pavorosa. Este fenómeno de grandes pensadores y científicos que, cuando se aventuran fuera del terreno estricto de su especialidad, son capaces de proferir las mayores sandeces, ya fue señalado por Ortega y Gasset en los años treinta, refiriéndose a él como “la barbarie del especialismo”.

También se ocupó de ello Jean-François Revel en su monumental ensayo El conocimiento inútil. Concretamente, sobre Bertrand Russell, el escritor francés recordaba que el filósofo había defendido en 1937 el desarme unilateral del Reino Unido frente al régimen nazi, convencido de que “si los soldados de Hitler nos invadieran, deberíamos acogerlos amistosamente, como si fueran turistas; así perderían su rigidez y podrían encontrar seductor nuestro estilo de vida”.

Pero vayamos al grano. Una conferencia titulada Por qué no soy cristiano podía implicar un cierto grado de audacia en 1927, o al menos un decidido afán por escandalizar un poquito; aunque tampoco vayan a pensar que hace casi un siglo la crítica del cristianismo no había alcanzado una gran popularidad. Casi todos los topicazos anticristianos que hoy nos toca escuchar en tertulias o artículos efímeros eran ya moneda corriente en las primeras décadas del siglo XX, como puede comprobar cualquiera que lea los brillantes ensayos polémicos de Gilbert K. Chesterton.

De lo que no me cabe duda es que, si hoy quisiéramos de verdad épater le bourgeois, deberíamos pronunciar una conferencia o escribir un libro titulado “Por qué no soy progresista”. Pues si Russell en 1927 no era cristiano, a todas luces puede afirmarse que era un progresista de manual, y que su cosmovisión no ha hecho más que ganar preponderancia con el tiempo, entre intelectuales más o menos productivos y entre meros repetidores o consumidores de opiniones ajenas. Comparen, si no, la actitud pacifista de Russell frente al nazismo, con la que sostienen los biempensantes progresistas de nuestros días ante el islamismo, basada en el “diálogo” y las fronteras abiertas.

Nunca he perdido la esperanza de ver publicada un día una obra que examine los dogmas fundamentales del progresismo, con la misma habilidad divulgativa de Bertrand Russell, aunque con mucho más rigor que el utilizado por éste para despachar el cristianismo. Gracias a Dios, esta obra ha sido por fin escrita[1].

Por qué no soy progresista es uno de esos libros que se devoran en dos tardes. La obra consta de tres partes. En la primera, el autor, Pedro Azcoll Saiz, procede a acotar, tanto desde un punto de vista descriptivo como histórico, lo que entiende por progresismo. Se hace un repaso, no exento de humorismo, de las ideas socialistas, anarquistas, la ideología de género, el ecologismo, el pacifismo, etc. Azcoll sostiene que el progresismo es “la gran religión de nuestro tiempo”, aproximadamente desde principios del siglo pasado, aunque con un importante punto de inflexión fechable en mayo del 68. Sus precedentes remotos pueden hallarse en los sofistas griegos, si bien la larga gestación del progresismo como religión universal no empezó a cobrar el aspecto que nos resulta familiar hasta el movimiento ilustrado del siglo XVIII.

En la segunda parte, Pedro Azcoll acomete una tarea más ambiciosa: desvelar la lógica profunda que subyace en la cosmovisión progresista. La tesis del autor es que el progresismo realmente es una filosofía subjetivista. El progresista tiende a creer, de manera más o menos consciente, que no existe un orden objetivo y eterno de las cosas, sino que todo es o bien accidental o construcción humana. En consecuencia, “siempre que se topa con un aparente orden necesario, él lo interpreta como una estructura de dominación, llámese el mercado, el patriarcado o como se quiera”.

Azcoll afirma que la vía principal por la cual se produce el adoctrinamiento progresista son los primeros años de infancia, en la fase que denomina prepolítica. La pedagogía moderna se basa en la idea de que lo importante no es transmitir conocimientos, sino fomentar la espontaneidad y la creatividad. De este modo, cuando la mente de los niños es más moldeable, se les inculca profundamente la idea de que no existe ningún orden objetivo y necesario, sino de que cada cual debe encontrar su camino personal. No hay una verdad absoluta y universal, sino prácticamente tantas verdades como seres humanos. El progresismo sustituye el lema délfico “conócete a ti mismo” por el moderno “sé tú mismo”.

El relativismo progresista está estrechamente relacionado con el fenómeno del sentimentalismo. A esta cuestión dedica el autor algunas de sus páginas sin duda más logradas, en las cuales examina múltiples aspectos de la cultura contemporánea, desde la literatura y el cine hasta la publicidad comercial, pasando por los libros de autoayuda y seudoespiritualidad, con las cuales desarrolla y precisa su tesis central sobre el subjetivismo. El progresista cree que hay que dejarse guiar por los buenos sentimientos. La distinción entre buenos y malos sentimientos es uno de sus evidentes puntos débiles, pues al no admitir un criterio objetivo externo, es el mismo sentimiento el que se autoentroniza como “bueno”.

Para el progresista, cuentan mucho más las intenciones que los resultados. Esto determina todas sus concepciones, tanto en política económica, como en la política exterior o la moral sexual. De ahí que interprete toda discrepancia como malvada, o al menos insensible.

El progresista cree que la educación es la auténtica cura de todos los males, pero recordemos cómo la entiende él: como una remoción de todos los “prejuicios” que nos impiden desarrollar nuestra espontaneidad, prejuicios que proceden y son parte de las estructuras de dominación.

En la tercera parte, Azcoll acomete la tarea más polémica, pues es aquí donde realmente trata de argumentar por qué él no es progresista, exponiendo una crítica sistemática de esta ideología que hasta este momento sólo había apuntado o sugerido.

Según nuestro autor, el progresismo o subjetivismo es fundamentalmente un ateísmo, pues resulta incompatible con cualquier concepción de un Bien y una Verdad objetivos y eternos, que trascienda al hombre. Esto parece contradecirse con el hecho de que muchos creyentes, especialmente entre los cristianos, se consideran progresistas, o viceversa. Más aún, una parte del discurso del propio papa católico desprende un inconfundible aroma progresista. Ahora bien, esto se explicaría, según Azcoll, porque “la mayoría de personas no solemos ser absolutamente coherentes, y sostenemos al mismo tiempo ideas y creencias diversas que, convenientemente desarrolladas, evidenciarían ser incompatibles”.

Para el autor, gran parte del éxito del progresismo reside precisamente en que, mientras en sus formulaciones más radicales y lúcidas es claramente antirreligioso, en su versión moderada se muestra no sólo compatible con el cristianismo, sino en aparente sintonía con él. Es un tópico incluso mostrar a Jesús como una especie de progresista o revolucionario avant la lettre. Azcoll desmonta sin miramientos esta aparente cercanía entre progresismo y cristianismo. Es especialmente duro con lo que llama el “cristianismo kumbayá”, que reduce el Evangelio a un mensaje buenista de paz y amor, eliminando o restando importancia a todo aquello, desde lo sobrenatural hasta las palabras más aparentemente duras e inequívocas de Cristo, que claramente no es asimilable por el progresismo.

Azcoll critica desde el respeto, pero sin ambages, a Bergoglio, al que imputa esa vieja confusión entre el progresismo y parte del mensaje cristiano, con el agravante de su máxima responsabilidad, lo que podría debilitar a la Iglesia como la institución más importante que resiste a la ideología global.

Si el progresismo es un ateísmo, con frecuencia inteligentemente disfrazado, para rebatirlo resulta imprescindible ofrecer argumentos racionales en favor de la existencia de Dios, del alma humana y de la moral judeocristiana. Pedro Azcoll, en la mejor tradición del pensamiento cristiano, cree que estos argumentos existen y ofrece un somero esbozo de ellos. Admite que no pueden considerarse formalmente demostrativos, pero señala que lo mismo sucede con los argumentos ateos. Esta es la razón por la cual el nuevo ateísmo pretende traspasar la “carga de la prueba” al teísmo: basta con que no se pueda demostrar la existencia de Dios (o de las hadas, o de la tetera en órbita de Bertrand Russell) para no creer en Él.

Azcoll sostiene que esto es “una mera argucia, porque la existencia de Dios tiene que ver con el fundamento de todo, y por tanto no puede situarse al mismo nivel de cualquier ser imaginario que se nos ocurra, cuya existencia o inexistencia no afecta al conjunto del universo”. El hombre está condenado a elegir entre creer en Dios o no; puede encubrir la gravedad de esta decisión fundamental con un chiste, como el de la tetera de Russell o el Monstruo del Espagueti Volador, pero se equivoca si cree que así logra eludirla.

En este punto, Azcoll observa que cobra todo su sentido el papel de la fe, que procede del mismo Dios. Sólo ella nos ayuda a tomar la decisión correcta. Pero ello no entraña ningún desprecio de la razón, sino al contrario. El autor traduce unos versos del científico y poeta catalán David Jou: “Cuando digo que creo no voy contra razón: penetro en la razón,/exulto en la razón, me adentro en la raíz de la razón[2].” En la conclusión, Azcoll vuelve a ceder de nuevo la palabra a este catedrático de Física y estimable poeta:

Algunos hablan de la razón

como de un producto del cerebro.

otros hablamos del cerebro

como de un producto de la Razón,

de una razón anterior a los humanos, a los animales,

a las estrellas y galaxias,

una Razón igual o superior

a la de las leyes físicas,

una Razón capaz de crear aún más razón

-una pequeña razón que pudiese ir reconociendo,

lentamente,

la Razón inicial, profunda y grandiosa-.

“Progresista -apostilla ácidamente Pedro Azcoll – es quien cree que la razón es exclusivamente un producto de su cerebro; que en cierta manera razona como si el mundo hubiera empezado a existir con él”.

En definitiva, es este un libro que será de gran utilidad para cualquiera que desee analizar críticamente los fundamentos de sus propias opiniones políticas, sean éstas del tipo que sean, profundizando en el nivel previo a la política, que es donde se fraguan realmente.

 

 

 

[1] Agradezco al autor, Pedro Azcoll Saiz, que me haya permitido acceder a su manuscrito, que será publicado en breve en la editorial Biblioteca de Autores Ficticios.

[2] David Jou, Poemes sobre ciència i fe, Viena Edicions, Barcelona, 2013.

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17 comentarios sobre “Por qué no soy progresista

  1. La mejor definición de Dios la da Spinoza. Un filósofo utilizado y deturpado por la izquierda y el progresismo. Un claro ejemplo de la manipulación del saber y lo social que llevan implícitos todas las políticas del PC (Políticamente Correcto). Mientras los cristianos y la tradición occidental no hacen nada ni leen, la barbarie progresista lo inunda todo.

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  2. Carlos,
    a todos nos gusta encontrar un libro que explica exactamente lo que nosotros pensamos, para sentirnos reforzados. Eso es justo lo que convirtió el libro de Russell en su momento, y El espejismo de Dios de Dawkins un siglo después en libros de cabecera de la gente atea y laica.

    Tu has encontrado tu libro, como cuentas. Con todos mis respetos, comparar a Pedro Azcoll con Bertrand Russell con lo que fue la figura de Russell en muchos ámbitos, es curioso. Pero voy a mis comentarios.

    Parece que Azcoll cae de nuevo en un montón de tópicos que tu ya has planteado en este blog, y que son a todas luces incorrectos. No por repetirlos más veces, o publicarlos en un libro, van a ser más ciertos:

    1. “Azcoll afirma que la vía principal por la cual se produce el adoctrinamiento progresista son los primeros años de infancia, en la fase que denomina prepolítica”. Lo que sin duda se produce durante esos años es el adoctrinamiento cristiano, con el bautismo, la catequesis y otras cosas similares. Y hay muchos estudios que indican que según crece la persona, va aumentado el porcentaje de no-creyentes. Y no solo es adoctrinamiento, si no que te bautizan directamente, y luego el proceso para darse de baja de la Iglesia es casi imposible.

    2. “el nuevo ateísmo pretende traspasar la “carga de la prueba” al teísmo: basta con que no se pueda demostrar la existencia de Dios (o de las hadas, o de la tetera en órbita de Bertrand Russell) para no creer en Él.” Por supuesto. Como en cualquier aspecto de la vida. Si yo te digo que hay jirafas en mi barrio de Madrid, seguro que me pides que lo demuestre. ¿O me vas a permitir ‘creer que hay jirafas en Mdrid’ sin demostrarlo? Es más, según vuestros razonamientos, para que lo niegues, te pedirá que demostraras que no hay jirafas, lo cual es ridículo.

    3. Y esto entronca con el tercer argumento raro: “la existencia de Dios tiene que ver con el fundamento de todo, y por tanto no puede situarse al mismo nivel de cualquier ser imaginario que se nos ocurra, cuya existencia o inexistencia no afecta al conjunto del universo”. Como pensar en Dios es más importante que la existencia de jirafas en Madrid, en Dios si puedo creer por que sí, sin pruebas, y en lo otro no. Ese argumento no se sostiene. Por que por la misma regla de tres, deberíamos creer en cualquier deidad hinduista o en el DIos de los musulmanes, por ejemplo, ya que la existencia de estas deidades tienes que ver con el fundamento de todo.

    En fin, que alguien ha escrito un libro lleno de afirmaciones que no se sostienen.

    Tu comentario sobre el Papa Francisco también me parece sorprendente. Tu afirmas que se está dejando llevar por la ideología mayoritaria, que es el progresismo.

    Pues una mayoría social cree que la ideología dominante es el capitalismo y el cutlo al enriquecimiento, y que el Papa está siendo valiente, y yendo contra esa ideología. Recientemtne han vetado como embajador en el Vaticano a Fernández Díaz, del Opus Deis, que ha tenido el control de la Iglesia durante años. Y eso escuece, entiendo.

    Lo más interesante de todo tu post, socialmente, es que vuestra obsesión con el progresismo viene en el fondo de un problema religioso. Cada vez es menor la presencia y la necesidad de la religión católica en la sociedad, y buscáis todo tipo de argumentos sin consistencia para evitar eso.

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  3. A elorodelostrigres. Exquisito su blog, espero seguir leyéndole tras el descanso estival. Spinoza me es muy querido… sin embargo, creo que estaba equivocado. Para él, todo es necesario. Esto implica que no entiende a Dios como Creador. Una idea sugestiva, pero que en mi opinión conduce a un callejón sin salida metafísico. Yo creo, como católico, que existe lo contingente (creado), además de Lo Necesario (increado, es decir, Dios). En entradas mías anteriores, fácilmente rastreables, he escrito sobre ello. Un saludo.

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  4. A Alfredo,

    de nuevo, me respondes según el previsible guión progre. Que si grandes pensadores apoyan tu manera de pensar (¿quién lo niega? pero también hay otros grandes que no), que si los católicos somos cada vez menos y estamos rodeados (¿quién lo niega? ¿y qué nos importa, si creemos que estamos en la verdad?)… Mira, yo no sabía que Fernández Díaz había sido vetado por el Vaticano, pero me importa un pimiento. Ni soy del PP, ni del Opus “Deis”… Si critico al papa es por sus escritos y sus pronunciamientos dicharacheros en aviones, que me parecen trufados de disparates, los diga quien los diga.

    Sobre el argumento de la carga de la prueba, veo que sigues sin entender mi crítica. No es que el concepto de Dios sea “más importante” que la existencia de jirafas en Madrid. Es que es más “importante” (radical, fundamental) que cualquier otra idea. Lo que yo digo no es que haya que creer en Él porque sí (creo que hay razones para hacerlo, que he expuesto en escritos anteriores), sino que no me basta, en este caso, con que no se pueda probar apodícticamente su existencia para no creer en Él. (Y cuando hablo de Dios, me refiero al de las tres grandes religiones monoteístas: la cuestión de los dogmas específicamente cristianos es posterior.)

    Respecto al adoctrinamiento católico, no me hagas reir. Si quieres poner tres o cuatro horitas de catequesis y clase de religión a la semana, al mismo nivel que las restantes horas de escuela, instituto, casi toda la TV y el cine,en cuanto a poder de influencia, eres libre. Y aunque tú digas que estamos bombardeados por propaganda capitalista, yo enciendo cualquier canal de TV ahora mismo y tengo mil veces más probabilidades de encontrar un lema progresista (prepolítico o claramente político) que una defensa del mercado libre o la propiedad privada. Los progresistas habéis ganado hace tiempo la batalla cultural, como tú muy bien te complaces en recordarme, aunque luego te contradigas hablando de no sé qué poder adoctrinador de la Iglesia y el Capital.

    Por último, no tengo ni idea de si el proceso de “darse de baja” de la Iglesia (apostasía) es tan difícil, pero seguro que es más fácil que en el islam, donde directamente te matan. ¡Ah, pero metámonos con la Iglesia, que eso es lo que mola!

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  5. a Alfredo, de nuevo:

    Un par de cosas que me he dejado en el tintero, en mi anterior respuesta.

    Sobre la apostasía, lo que no entiendo es qué necesidad hay de apostatar, si no eres creyente. ¿Qué te importa si estás bautizado, si no crees en ninguna virtud sobrenatural del bautizo?

    En cuanto a lo que dices de que al final, “vuestra obsesión con el progresismo viene en el fondo de un problema religioso”, pues me alegro de que hayas captado mi tesis, Efectivamente, yo creo que el progresismo implica el abandono del cristianismo. En cambio, tu admirado papa Francisco no lo ve así. Qué le vamos a hacer…

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  6. Carlos,
    Pues si la preocupación sobre el progresismo es la pérdida de poder del cristianismo, el libro que mencionas, más que ‘Por qué no soy progresista’ debería llamarse ‘Por qué soy cristiano’. Muchos de los amigos que considero más progresistas en el sentido social son católicos practicantes.

    Después de muchos posts y mucho debate, la conclusión es que tu quieres creer en Dios por que sí, y me parece estupendo. Pero sigue sin haber ninguna demostración de su existencia. Como hemos hablado más veces, si hubiera pruebas claras, todos seríamos cristianos, y no sería necesario tu blog.

    Y sí, muchos defendemos el laicismo, o la separación entre Iglesia y Estado. Aunque tu me dirás que la Iglesia cristiana, a diferencia de la musulmana, no influye en los gobiernos, aquí van algunos ejemplos:

    1. Fernández Díaz , ministro del interior de España afirma públicamente que hay un arcángel, de nombre Marcelo (me encantaría saber cómo sabe el nombre del arcángel), que le ayuda en sus decisiones. Si, tal como suena. Un ministro que toma decisiones guiado por un ser imaginario que además parece que le habla.

    2. Mike Pence, el segundo de a bordo de Trump, que podría ser vicepresidente de Estados Unidos en unos meses, se define a sí mismo como un conservador cristiano, y asegura, entre otras cosas, que la teoría de la evolución es pura palabrería, es muy crítico con la investigación con células madre y, cómo no, ha puesto en duda la existencia del cambio climático.

    Y aún se puede afirmar que vale, que hay gente religiosa gobernándonos, pero que no son violentos como los musulmanes. Espero que no ocurra, pero tu deja a Trump gobernar unos meses, y a ver cuántas locuras hace en nombre de su religión.

    Ah, y hoy me he enterado que en la Catedral de Valencia se sigue celebrando el día 20 de cada mes una misa en honor de Francisco Franco. Eso si, el que está haciendo cosas poco católicas es el papa Francisco…

    En fin, que el debate entre neoliberalismo y socialdemocracia en el plano económico/social es un debate importante, y son formas distintas de afrontar la política de un país con sus seguidores y detractores.

    Y la espiritualidad de cada uno es algo muy respetable. Pero la presencia de la religión en los ámbitos de poder es algo muy peligroso, y que la mayoría de la población no quiere.

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  7. a Alfredo,

    “Muchos de los amigos que considero más progresistas en el sentido social son católicos practicantes.”

    Ja, ja, debes tener un ejército de amigos, porque yo no veo que haya relativamente tantos casos de católicos practicantes y progresistas, aunque por supuesto que los hay, empezando por curas. Pero como decía antes, eso no demuestra nada, las personas somos por naturaleza incoherentes: también hay católicos que practican reiki y consultan el tarot, lo que cualquiera con unos rudimentos de catolicismo sabe que es incompatible.

    Dices que yo quiero creer en Dios “porque sí”. Pues, mira, me rindo. Si después de todo lo que he escrito sobre el tema en este blog y en mi blog anterior, Archipiélago Duda, sigues diciendo que yo afirmo la existencia de Dios sin argumentos, desisto discutir más contigo sobre ello. Desde el primer momento reconozco, porque es obvio, que la existencia de Dios es tan indemostrable como lo contrario, pero tú sigues esgrimiendo triunfalmente esto mismo como si con ello ya estuviera dicho todo. Tienes una capacidad para resbalar sobre los argumentos ajenos (acertados o equivocados, ¡pero son argumentos!) que ni el campeón del mundo de patinaje.

    Y perdona que te lo diga con crudeza, pero tú no tienes ni puta idea de lo que es el laicismo. La separación entre Iglesia y Estado la defiende ya el mismo Jesucristo, cuando dice aquello de “al César lo que es del César”. Y San Pablo, cuando defiende obedecer a las autoridades seglares, siempre que no interfieran en las convicciones más íntimas. Eso está en el ADN del cristianismo. Pero laicismo no es que los gobernantes tengan que esconder su fe, cuando la tienen. Estados Unidos es una democracia con una escrupulosa separación Iglesia-Estado, y ello no impide que sus presidentes invoquen frecuentemente a Dios, participen en jornadas de oración y que hasta los dólares incluyan el lema “In God we trust”. A ti te parecerá horrible que las creencias religiosas influyan en los gobernantes. Pues estamos empatados: yo deploro que influyan en ellos ideas progresistas.

    Eso no significa que yo tenga que compartir cualquier majadería que se le ocurra a alguien por el hecho de que supuestamente esté justificada por una creencia religiosa. Es la segunda vez que me quieres relacionar con Fernández Díaz, y no sé cómo decirte que yo no quiero saber nada del PP de Rajoy el azote de “liberales” y “conservadores” (a los que invitó a irse del partido en 2008), Cifuentes el ariete de los LGTB y toda esa panda. En cuanto a Trump, desconozco sus ideas religiosas, pero sospecho que no las tiene, aunque se cuidará mucho de demostrarlo. Desde luego, católico no es. Y sobre Mike Pence, los católicos mínimamente informados no compartimos los reparos de los protestantes americanos contra la teoría de la evolución; cansa ya que siempre nos estéis restregando extravagancias de otras confesiones. Es como si me echaras a mí en cara que los testigos de Jehová están contra las transfusiones de sangre. ¿Y a mí qué me explicas? Allá ellos.

    Otra cosa, que no quiero dejar pasar, es lo de las células madre y el cambio climático. Sobre las primeras, no es un debate entre ciencia y oscurantismo, como lo presentáis demagógicamente los progres, sino un debate entre utilizar células madre EMBRIONARIAS (que suponen destrucción de embriones humanos) o células madre procedentes de otro tipo de tejidos que no implican destruir vida humana, línea de investigación cada vez más desarrollada y prometedora. Y respecto al cambio climático, no creo que la cosa tenga nada que ver con la religión. Yo también tengo serias dudas de que esté demostrada la correlación entre gases de efecto invernadero antropogénicos y calentamiento global (entre otras cosas, porque el calentamiento lleva casi dos décadas estancado), pero no veo que la Biblia dijera nada al respecto, y me la he leído de pe a pa.

    Termino con las misas dedicadas a Franco. No sé si sabes muy bien qué es la misa, pero no es “en honor” de nadie más que Jesucristo. Otra cosa es que en una misa se rece por el alma de algún difunto, que puede ser Franco, o cualquiera que fuese católico; también se ruega casi todos los domingos por los que no son cristianos. Pero sobre el franquismo hablaré otro día, por hoy ya tienes bastante materia de escándalo.

    Un saludo,
    Carlos

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  8. Carlos,
    Nuestros debates no van a ningún lado, por que empleamos datos distintos.

    Respecto a la existencia de Dios, una vez más te recuerdo, por mucho que hayas escrito al respecto, que el que tiene que demostrar algo es el que lo afirma, no el que lo niega. Tu mismo, al hablar del cambio climático, afirmas “Yo también tengo serias dudas de que esté demostrada la correlación entre gases de efecto invernadero antropogénicos y calentamiento global“. Luego estás esperando, lógicamente, que el que afirma que existe el calentamiento, lo demuestre con datos. Igual ocurre con la existencia de Dios. Los que negamos esa existencia no tenemos que demostrar nada, solo afirmamos que no está demostrado. Y punto.
    Y si nos ponemos, igual que tu crees en Dios, podría haber gente que cree ‘en el cambio climático’, y no eres quien para rebatirles, ¿No?

    Respecto a la cantidad de progresistas en la Iglesia, no sé en qué te basas para decir que son minoría. Si tienes cifras sobre esto, por favor publícalas. Hasta el propio Papa actual es progresista y también le pones en duda. Vamos, que tu quieres creer que la Iglesia sigue tu forma de pensar, pero lo mismo no es así. Según el periódico de ayer, los propios obispos están queriendo cambiar 13 TV (esa televisión en la que la Iglesia gasta mucho más que en Cáritas), por que es ‘demasiado conservadora’. Y también te parecerá que ese movimiento es minoritario e incorrecto, supongo. Isabel San Sebastián debería seguir en su puesto, por que representa muy bien a los católicos.

    Dices que ser católico y progresista es ‘incoherente’. Pues muchos católicos creen que lo incoherente es ser católico y ser millonario, o ser católico y ser un empresario que gana 1000 veces más que sus empleados. Y los católicos que opinan eso hacen una lectura de la Biblia claramente distinta que tu. Pero la tuya es la correcta, supongo.

    En la Iglesia, como en toda Comunidad humana que agrupa a muchas personas, hay formas muy distintas de ver las cosas y todos creéis que estáis en lo correcto, y que os basáis en datos y en escrituras.
    En los últimos años, la corriente conservadora ha estado ganando en la Iglesia, y muchos católicos más preocupados con los social (por no llamarlos progresistas, que no te gusta) no estaban muy cómodos. Ahora parece que es esta corriente más social la que tiene un mayor poder, y a los conservadores no os convence. Supongo que los poderes conservadores ya estarán trabajando en el Vaticano para retomar el poder.

    Y tu, según lees esto, estarás pensando que no tengo ni idea, que es clarísimo que el catolicismo va ligado con tus ideas y no con las ideas del papa Francisco ni de la teología de la Liberación… Pues nada, sigue insistiendo. Pero ser un poco más humilde te ayudaría a ser un poco más realista en tus afirmaciones.

    Y respecto al laicismo y el ejemplo de Estados Unidos, no estoy de acuerdo contigo. Que en los billetes aparezca “In God we trust” o que el gabinete presidencial rece antes de tomar una decisión no es ningún ejemplo de separación Iglesia-Estado. Otra cosa es que a ti te parezca bien, ya que son cristianos.
    Si viéramos un vídeo de un gobierno de un país árabe rezando antes de reunirse a debatir algún tema, les llamaríamos casi yihadistas.

    Afortunadamente, en ningún país europeo a estas alturas podría aparecer Dios en los billetes, y un consejo de ministros no puede aparecer rezando en conjunto. Eso es el camino del laicismo, que poco a poco va consiguiendo su lugar.

    Para empezar, el día que en España no paguemos a la Iglesia católica con los impuestos de todos, habremos dado un buen paso.

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  9. a Alfredo,

    El cambio climático es una hipótesis científica (verdadera o falsa); la existencia de Dios no lo es ni pretende serlo. Si lo que tú quieres decir es que sólo es válido el conocimiento experimental, estás sosteniendo una tesis (“Sólo es válido el conocimiento experimental”) que no es científica (es decir, válida) según su propio criterio.

    Como siempre, vuelves al reduccionismo sociológico: como los progresistas cada vez sois más (y yo lo admito), significa que tenéis razón. Pues bien, yo no lo creo, no me parece un argumento decisivo. En cualquier caso, sigo pensando que exageras con lo de “muchos católicos practicantes progresistas”. Yo creo que cristianos progresistas hay efectivamente muchos, pero porque son ambas cosas superficialmente. Pero católicos PRACTICANTES y progresistas debe haber muchos menos, aunque reconozco que no tengo datos. ¿Tú sí?

    Tampoco sé si es muy congruente ser millonario y católico. Ni si lo es ser millonario y progresista, como hay tantos. Pero yo no veo la correlación estricta entre las ideas moralmente conservadoras y la riqueza, sino más bien lo contrario. Generalmente han sido los ricos y los aristócratas los más favorables a las “ideas avanzadas”. La primera gran rebelión contra las ideas laicistas radicales fue la guerra de la Vendée, durante la revolución francesa. La mayor parte eran campesinos. Fueron masacrados sin piedad (más de cien mil muertos, incluyendo mujeres y niños), en nombre de la “libertad, igualdad, fraternidad”.

    En cuanto a sostener la Iglesia católica con los impuestos de todos, eso no es verdad porque eres libre de marcar la cruz en la casilla de la declaración de la renta. Y aunque ni siquiera eso fuera para la Iglesia, alguien debería ocuparse de todos los comedores sociales, colegios, etc., sostenidos por la Iglesia, con lo que creo que nos sale bastante barata.

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  10. Carlos,
    Empiezo diciendote que sí es verdad que sostenemos la Iglesia con impuestos de todos. Cuando marcas la casilla de la Iglesia, no pagas impuestos extra para destinarlos a esa institución, si no que el 0,7 de tus impuestos normales van a ese fin. Por tanto, estás detrayendo del dinero de todos una parte para la Iglesia. La Iglesia es consciente de ello, por supuesto, y por eso de vez en cuando algún partido quiere propone cambiar esta forma de financiación y la Iglesia monta en cólera.

    Por otra parte, el mito que utiliza la Iglesia para solicitar el marcado de su cruz, de que así se financian las labores sociales, es poco cierto. Solo el 6% del presupuesto de Cáritas, por ejemplo, viene de la casilla de la Iglesia. La mayoría viene de la casilla de fines sociales, de la que se destina dinero a muchas ONGs de la Iglesia. El dinero de la casilla de la Iglesia va casi en su mayoría a sostenes sueldos de obispos y curas, y otros gastos de la Iglesia, como la ya mencionada cadena 13TV, que está financiada con dinero de todos.
    Aquí tienes los detalles:
    http://www.portantas.org/index.php/que-hace-la-iglesia-con-el-dinero.html
    http://politica.elpais.com/politica/2016/03/11/actualidad/1457723749_058930.html

    ¿Por qué la Iglesia no se financia con aportaciones de sus socios, como cualquier otra entidad? Pues por falta de sepración real Iglesia-Estado, y por que si no fuera tan cómodo como marcar una cruz, con la presión de los fines sociales no tan ciertos, muchísima gente no aportaría nada.

    Yo tampoco tengo datos sobre el número de progresistas en la Iglesia, pero tengo en mi entorno a muchos cristianos practicantes que son muy progresistas. Tu, una vez más, afirmas que ‘deben ser ambas cosas superficialmente’. Por que tu sabes más que ellos sobre la Iglesia, claro. Un poco de humildad te haría ser más realista, también en esto.

    Respecto a la guerra de la Vendeé, está bien mencionar un acontecimiento de hace unos siglos, pero a día de hoy, los principales políticos anti-laicistas de nuestro País, no provienen de familias humildes ni son campesinos o trabajadores. Curiosamente los católicos progresistas que conozco personalmente, y otros grupos católicos de ideas similares (que puedes seguir en internet) son los primeros que están de acuerdo con aumentar la separación Iglesia-Estado. En cambio, las asociaciones conservadores con fuerza en el Vaticano (hasta ahora), que son las que más abogan contra el laicismo, no están formadas por campesinos ni obreros. Son asociaciones elitistas, con gente muy poderosa económicamente en sus filas.

    Y por último, si como afirmas tu, “no solo es válido el conocimiento científico”, entiendo que crees en cualquier cosa que alguien proponga, aparte de en Dios. O al menos en cualquier cosa que te interese creer, como en Dios. Está bien. Mucha gente usa la homeopatía, con esa misma afirmación.

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  11. Mi 0,7 % para la Iglesia es mi 0,7 %. No es tuyo ni de nadie más, yo lo doy a quien quiero.

    La homeopatía pretende ser ciencia; la teología no. Siempre estás mezclando churras con merinas.

    Gracias por tu lección de humildad. Reconozco que eres muy superior a mí en sabiduría y bondad.

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  12. “Mi 0,7 % para la Iglesia es mi 0,7 %. No es tuyo ni de nadie más, yo lo doy a quien quiero.”

    Eso no responde a mi argumento. Tu 0,7 % tal como se hace ahora, es del dinero común de todos los españoles.

    Si quieres pagar tus impuestos y luego dar 0,7 % extra a la Iglesia o a quien quieras, perfecto. Pero no es lo que haces cuando marcas la cruz de la Iglesia. Y mientras siga siendo así el modelo, la Iglesia no podrá decir que se autofinancia. Lo siento.

    Un saludo, y siento si no he sido humilde en algún momento del debate.

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  13. Pienso que una de las diferencias esenciales entre un cristiano y un progresista es que el cristiano cree en la vida eterna del alma después de la muerte del cuerpo, mientras que el progresista cree que el alma muere con el cuerpo.

    En ese aspecto, debería ser más feliz el cristiano, que cree en la eternidad; y por tanto no debería haber progresistas, porque a nadie le gusta no ser feliz.

    Pero por desgracia, las creencias no pueden elegirse. El progresista no puede creer en la eternidad del alma, sencillamente porque su razón le dice que el alma muere con el cuerpo, del mismo modo que le dice que partiendo de los axiomas de Euclides, la suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos rectos.

    Es lo que cuenta Unamuno en “El sentimiento trágico de la vida”. Quería creer, pero no podía, porque su entendimiento podía más que su voluntad.

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    1. La razón no nos dice que el alma muere con el cuerpo. No en todo caso como nos dice que los ángulos de un triángulo suman dos rectos. Si hay otra vida o no, es una cuestión de hecho que no puede decidirse mediante ningún razonamiento lógico. La experiencia sólo nos informa de lo que le sucede al cuerpo, no al alma.

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      1. No estoy seguro de que todos los teólogos estén de acuerdo en que la inmortalidad del alma no sea objeto de razonamiento lógico. La teología cristiana siempre ha querido demostrar sus verdades fundamentales (la existencia de Dios y la inmortalidad del alma) de modo racional, con el fin de dar un soporte lógico a la Fe.

        Lo que yo pienso, es que del mismo modo que necesitamos ojos para ver y oídos para oír (y piel para sentir, etc.), necesitamos de cerebro para pensar. De ello, creo que se puede deducir racionalmente, que cuando al morir, nuestro cerebro deja de funcionar, dejamos de pensar, y por tanto, nuestra “alma” muere (entendiendo “alma” como autoconciencia).

        Lo que no sé, es si habrá algún razonamiento que demuestre la inmortalidad del alma de algún modo lógico, y por tanto aceptable para los que no tienen Fe (del mismo modo que Sto.Tomás o S.Anselmo quisieron demostrar racionalmente la existencia de Dios), o si, por el contrario, los cristianos consideran que se debe tener fe en la vida eterna aunque sea en contra de toda lógica (cosa ésta última, que dudo mucho).

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