Ni tan mártires ni tan canallas

Un conocido cantante publica en las redes sociales la fotografía de un camarero que no le atiende en catalán. Un famoso futbolista es condenado a veintiún meses de cárcel por defraudar al fisco. Ambas noticias están relacionadas, directa o indirectamente, con el nacionalismo catalán, quizás más por las tomas de postura de quienes opinan sobre ellas que por las de sus protagonistas.

Sobre el incidente de Quimi Portet con un camarero de la compañia Baleària, se me ocurren los siguientes comentarios:

1) Me parece estúpido molestarse porque un camarero o dependiente no te atienda en catalán o mallorquín. No cuesta nada pasar inmediatamente al castellano, que es lo que he hecho yo en alguna ocasión semejante.

2) Dicho esto, que un trabajador conozca el idioma local de una comunidad es algo aconsejable por una mera razón de profesionalidad. Si no lo sabe, debe disculparse con sencillez: “Lo siento, pero no entiendo el catalán (o mallorquín, valenciano, etc.)”

3) Para juzgar el incidente, deberíamos conocer exactamente la conversación que hubo entre el cantante y el camarero. Sólo así sabríamos si la respuesta del segundo (al parecer, dijo algo así como que entendía varios idiomas, excepto el del cliente) fue irrespetuosa, o una ocurrente réplica a una actitud abusiva del primero.

4) En cualquier caso, hay que ser mala persona para difundir la identidad de un trabajador, a causa de un incidente tan insignificante, con el evidente ánimo de poner en riesgo su empleo.

Ahora, lo que opino sobre la condena a Messi por defraudar a Hacienda:

1) El FC Barcelona se equivoca, no por apoyar a Messi (que a fin de cuentas no ha cometido ningún crimen execrable), sino por la forma de hacerlo, que cuestiona el fallo judicial sugiriendo pérfidamente que obedece a un trasfondo anticatalán.

2) El ensañamiento en las redes sociales con Messi, cuando ya ha sido condenado y además ha pagado su deuda con Hacienda, es claramente innoble.

3) Defraudar al fisco no es lo mismo que robar, lo que no significa que esté bien. El dinero devuelto por Messi es dinero que ha ganado él. El futbolista debe pagar como hacen todas las personas y empresas que cumplen con las leyes, pero eso no debe servir para eludir el necesario debate sobre si la carga fiscal que soportan estas no alcanza niveles confiscatorios.

Concluyo: el nacionalismo envenena todo lo que toca. Uno de sus efectos más lamentables es que promueve una visión en blanco y negro de cualquier asunto, como si hubiera que estar a favor o en contra a priori, sin cabida para matiz de ningún tipo. Y desgraciadamente, acostumbra a salirse con la suya.

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