El Monstruo del Espagueti Volador ya cansa

Siempre que escribo sobre la existencia de Dios recibo comentarios de algunos escépticos de guardia, afirmando que la creencia en un Creador y otros dogmas del cristianismo es incompatible con la ciencia. Su argumento preferido es el que Antony Flew llamó la carga de la prueba, según el cual corresponde a los creyentes demostrar que Dios existe, no a los ateos lo contrario. (Flew renegó más tarde de su argumento y terminó “convirtiéndose” al teísmo, aunque sin abrazar ninguna religión positiva.) Un precedente de esta línea argumental se halla en Auguste Comte, quien señaló que pese a que nunca se ha refutado formalmente que los dioses del Olimpo existen, no por ello seguimos creyendo en ellos.

El argumento de Comte pone entre paréntesis la diferencia crucial entre el politeísmo y el monoteísmo. Se trata de dos cosmovisiones radicalmente distintas, más allá de la cuestión del número de dioses. El Dios judeocristiano no es único por un mero prurito de simplicidad estética o de economía conceptual, sino porque su naturaleza absoluta e infinita es incompatible con una pluralidad de deidades. Los hombres dejaron de creer en Zeus, Apolo y Afrodita a medida que el cristianismo, armado con las categorías filosóficas griegas, se reveló como una explicación mucho más potente y profunda.

Ahora bien, Bertrand Russell hizo descender el argumento comteano a un nivel bastante menos serio, al comparar a Dios con una tetera de porcelana orbitando entre la Tierra y Marte, cuya inexistencia no podría demostrarse, por tratarse de un objeto demasiado pequeño para los telescopios. Más recientemente, algunos escépticos han inventado deidades paródicas como el Monstruo del Espagueti Volador o la Unicornio Rosa Invisible, de las que fingen ser adoradores, a falta de pruebas definitivas contra su existencia. También es habitual que los ateos o agnósticos pongan a Dios al rango de personajes infantiles como Papá Noel o el Ratoncito Pérez.

Digo que estos argumentos no son serios, primero, porque no existe ninguna razón para creer en el Ratoncito Pérez o la tetera de Russell; y segundo, porque el hecho de que existan o no, en rigor no cambia nada. Aunque hubiera realmente un ratón mágico que trae regalos a los niños cuando pierden un diente, todo lo demás seguiría exactamente igual. No se removería ninguna concepción del mundo si mañana la revista Nature publicara un artículo con pruebas empíricas de la actividad del simpático ratoncito, o con fotografías de una tetera flotando en el espacio a cien millones de kilómetros. Bien, esto no sería totalmente así, seguramente se produciría algún tipo de impacto psicológico, y proliferarían los chiflados que extraerían conclusiones delirantes de estos descubrimientos. Pero desde un punto de vista meramente lógico, nada de ello tendría justificación alguna.

Por el contrario, cuando hablamos de Dios nos estamos refiriendo al fundamento de todo cuanto existe. Uno puede perfectamente opinar que es un ente imaginario, pero no puede sostener, sin incurrir en una grosera simplificación, que se trata de un personaje ficticio como cualquier otro. El argumento de la carga de la prueba no vale igual para Dios que para el Ratoncito Pérez, pues no tenemos ninguna razón -repito- para creer en la existencia del segundo, mientras que sí las tenemos para creer en el primero. Y además tal creencia afecta decisivamente a nuestra concepción de la existencia.

Si hay un Creador, la vida tiene una finalidad trascendente, que no podemos simplemente inventar. Las repercusiones en la moral, el derecho y la política son hondísimas, independientemente de que las debilidades humanas se interpongan entre la teoría y la praxis. En cambio, si no hay un Creador, ni siquiera tiene sentido el concepto de debilidad humana, pues no hay una verdad absoluta que sirva de criterio para ninguna praxis.

Lo que subyace en el argumento de la carga de la prueba es la idea de que sólo existe lo observable. Los escépticos religiosos tratan de monopolizar el prestigio de la ciencia moderna para su causa, pero en realidad confunden ésta con una versión sumamente pedestre de empirismo. Sin duda, la ciencia es en buena medida un método de refinamiento de la observación, pero también es más que eso. No se limita a encontrar relaciones entre los fenómenos, con una finalidad meramente técnica, sino que busca explicaciones, busca la verdad detrás del mundo sensible. Otra cosa es que la verdad última sea alcanzable.

Creemos en la fuerza de la gravedad sin verla, pues sólo observamos sus efectos. El positivista de tropa nos dirá que la gravedad no es nada más que sus efectos, y que hablamos de fuerzas, de materia y de energía sólo por necesidades gramaticales. Pero si fuera consecuente con este planteamiento radical, se vería abocado al puro solipsismo: a negar que debamos creer en la realidad del mundo externo, e incluso de las otras mentes, más allá de los fenómenos. Sólo podría dar crédito a la existencia de su propio yo solitario, sumido en una ensoñación carente de sentido.

Que hay algo en lugar de nada y que el universo es inteligible son poderosas razones para creer en un fundamento personal de todo cuanto existe. Incluso si tales razones llevaran a la conclusión equivocada, no se puede sostener que no están basadas en la observación (pues es evidente que existimos, y que hay un orden inteligible), y menos aún se pueden poner al mismo nivel que las (inexistentes) razones para creer en el Monstruo del Espagueti Volador. No es intelectualmente válido eludir con gracietas presuntuosas la grave cuestión de si el fundamento último de la realidad es de carácter personal o impersonal. Los teístas nos merecemos unos ateos con mejores argumentos, y no tener que estar día sí y día no, por caridad, replicando trivialidades sonrojantes.

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5 comentarios sobre “El Monstruo del Espagueti Volador ya cansa

      1. No es así. El cristinanismo se impuso en Europa antes de la razón. Gracias a la fuerza de la razón, en Europa el cristianismo tuvo que suavizarse, hasta tener como hoy, una presencia cada vez menor en el día a día de la mayoría social.
        La ilustración, la teoría de la evolución, y otras cuantas cosas obligaron al cristianismo europeo a adaptarse. Aunque aún hoy siga manteniendo unas cuantas irracionalidades.

        Al Islam le han faltado esas influencias.

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  1. @Alfredo
    Para empezar no fueron los cristianos los que echaron a los paganos a los leones sino a la inversa pese a ello para cuando Constantino legaliza el cristianismo los cristianos ya son casi la mitad de la población del imperio. Los germanos que acabaron con el Imperio Romano eran cristianos aranos y desde luego que no fueron las legiones de Roma las que les convirtieron y tampoco la promesa de una ayuda militar para saquear a los vecinos lo cual también ha sido vehículo tradicional de la expansión del Islam.

    En cuanto al hecho de que el Islam no tuviese ilustración es como decir que el Nazismo no tuvo científicos judíos. Si el Islam no tuvo esas cosas que usted menciona es porque no podía tenerlas. Porque us Dios puede hacer lo que le venga en gana mientras que ya en la Edad Media la Iglesia abogaba por un Dios racional y unas leyes del Universo _fijas_ que podian ser estudiadas; y de hecho lo fueron por clérigos medievales, porque lo de al Cesar lo que es del Cesar lleva la idea de la separación de Iglesia y Estado mientras que en el Islam el Estado es solo el instrumento de este, porque la Iglesia funda la Universidad, porque la Iglesia y no Cordoba ni Bagad hace el 90% del trabajo en lo que concierne recuperar la herencia griega y el 100% en lo que se refiere a la latina, porque aunque si bien ideas que iban demasiado lejos podían ser declaradas herejías el Cristiansmo SI permitía el debate teológico aldo que no es posible en el Islam desde que se cerraron la puerta del Istiqiail (interpretacion) en el siglo XI, porque el Evangelio solo fija unos preceptos muy generales, mientras que en el Islma se refierne a Mahoma incluso para saber en que direccion cagar (no es broma), porque el autor de la teoria del Big Bang es un clerigo belga mientras que en el Islam sigue habiendo clérigos diciendo que puesto que Mahoma ha dicho que la Tierra es plana es plana.

    En resumen lo suyo es profundamente imbecil.

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  2. Carlos, tu post está muy bien escrito. Por esa calidad en la escritura es que sigo leyendo tu blog.
    Eso si, el fondo no está bien argumentado. En general, el hecho de que una teoría inventada pueda tener mucho impacto social y vital (y la existencia de un Dios efectivamente la tendría) no la hace menos inventada que cualquier otra.
    La teoría de la tetera volante de Russell, aunque igual de poco demostrada que la existencia de Dios, lleva razón que no cambiaría muchas cosas. Pero la teoría del Mosntruo del Espaguetti Volador si que habla de un ser que ha creado nuestro mundo, ese Monstruo, y alrededor de el crea toda una serie de ideas. Igual que la Iglesia cristiana.

    Una vez más, aunque suene pesado, tengo que decirte que las pruebas de la existencia del Dios de los católicos son las mismas que la del Monstruo de Espaguetti, o las de cualquier deidad del Hinduismo. Es decir, ninguna.

    Y, con peligro de herir sensibilidades, igual que tu dices que ‘La teoría del Monstruo de Spaguetti ya cansa’, muchos pensamos que la teoría del Dios de los católicos ya cansa. Por que llevamos siglos aguantándola.
    Y sobre todo, cansan mucho las afirmaciones de algunos obispos sobre cómo de be ser la sociedad, y cansa mucho más el constante intento de imponer las creencia de una minoría a los demás.

    Y eso es justamente lo que pasa en esta sociedad. Que la gente se está cansando de esa teoría, y cada vez necesita menos creerla a ciegas para vivir feliz. Tu, según dices en muchos posts, necesitas la creencia en un Dios para poder dar un sentido a tu vida. Pero mucha gente ya no necesitamos ninguna teoría inventada para vivir felices y en paz.

    Y en la miama linea, comento sobre tu post anterior,en el que afirmas que cuando la gente dice Adios está mencionando a Dios, mientras que ‘HAsta luego’ ya no tiene esa connotación. De nuevo, creo que te engañas.
    Mucha gente nunca ha llegado ni a plantearse que ‘Adios’ venga de Dios, y el 90% de la población dice adiós por que es la forma de despedirse, pero no piensa ni un segundo en nada espiritual cuando lo dice.
    Igual que todos usamos expresiones taurinas como ‘Entrar al trapo’ o ‘Dar la vara’, pero nadie las relaciona ya con los toros, ni exhalta esa fiesta cuando usa esos términos.

    Un saludo

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