Tiempos de ingratitud

En teoría, las palabras progresista y conservador deberían ser en sí mismas neutras, pues en toda sociedad hay algunas cosas que conviene cambiar y otras que merecen conservarse. Pero en la práctica, no es así. Se dice ultraconservador, pero rara vez, si es que alguna, ultraprogresista, como si no se pudiera pecar por exceso de progresismo, pero sí por lo otro. Si alguien tiene la valentía de definirse como conservador, acto seguido deberá matizar y dejar claro que hay muchas cosas que no aprueba en absoluto, que no es un nostálgico de edades oscuras, ni un servil defensor de ricos y terratenientes. En cambio, el progresista goza de antemano de la presunción de inocencia: se da por sentado que no es un maníaco peligroso dispuesto a trastocarlo todo a fin de obtener algún pírrico avance.

Artículo completo en XYZ.

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