El comunismo, ¡uuuuuh!

España se asoma al abismo de un gobierno comunista, presidido por un socialista útil con el aura de esos idiotas que, en momentos decisivos, sirven para precipitar trágicamente los acontecimientos. No faltan analistas que se preguntan cómo hemos llegado hasta aquí. Hoy enfocaré esta cuestión abordando la psicología popular. Y ¿quién es más popular que el papa Francisco, admirado por católicos y no católicos? Incluso, según confesión propia, por el autodesignado futuro vicepresidente español, Pablo Iglesias, pese a declararse ateo.

Francisco ha publicado un libro titulado El nombre de Dios es misericordia, del cual Javier Lozano nos ofrece su reseña en Actuall. En ella cita el siguiente pasaje sobre la corrupción:

“corrupto es el que se indigna porque le roban la cartera y se lamenta por la poca seguridad que hay en las calles, pero después engaña al Estado evadiendo impuestos y quizá despide a sus empleados cada tres meses para evitar hacerles un contrato indefinido, o bien se aprovecha del trabajo en negro”.

Es significativo que, como ejemplo de corrupción, el primero que se le ocurra a Bergoglio sea un empresario. No un político, un periodista, un abogado o un juez. Sin ir más lejos, cuando la Biblia menciona por primera vez la corrupción, lo hace prohibiendo a los jueces que acepten regalos, “porque los regalos ciegan los ojos de los sabios y corrompen las palabras de los justos”. (Deuteronomio, 16, 19.) Lo cual por supuesto vale para cualquier otra autoridad del Estado, y para todos los tiempos.

Bergoglio parece sugerir que mientras el robo puede ser a veces un acto de necesidad, o un pecado menor (pero pregúntenle a un ciudadano venezolano qué opina del tema de la seguridad en las calles), evadir impuestos es en todos los casos un crimen de lesa humanidad. Sin embargo, hay opiniones contrarias de doctores de la Iglesia, como Pedro de Navarra, quien dijo a finales del siglo XVI, con bastante sentido común, que nadie tiene obligación moral de pagar tributos cuando estos son manifiestamente injustos, o una extrema necesidad lo impida.

En las palabras del pontífice se echa de menos una consideración previa: ¿por qué un empresario querría despedir a un empleado cuando empieza a adquirir experiencia y por tanto a rendir más? ¿No será este, en ocasiones, el efecto perverso de leyes que, so capa de “proteger” a los trabajadores, desincentivan que se los mantenga en sus puestos, o siquiera que estos lleguen a crearse? Como señala José Luis Feito, el trabajador concreto preferirá lógicamente la mayor indemnización posible por despido, pero “si esta situación se generaliza, la demanda de trabajo para cada nivel de salario será menor, y con ello serán menores también las posibilidades de los trabajadores de encontrar un nuevo empleo si pierden el que tienen.” (En defensa del capitalismo, 2009.)

No pretendo defender el fraude fiscal ni los despidos arbitrarios, ni afirmo que los empresarios sean unos santos. Pero sí creo que este papa, que se preguntó una vez “¿quién soy yo para juzgar?”, tiende a prejuzgarlos con menos misericordia que a otras personas. Ahora bien, este prejuicio no es desde luego una originalidad de Bergoglio, sino moneda corriente entre todo tipo de gente. No es, al contrario de lo que se suele creer, patrimonio de ninguna clase social, nivel de instrucción o grupo de edad. Es tan popular como la lotería y encima parece gratis, aunque en realidad resulta incalculablemente más costoso.

La imagen que la gente evoca habitualmente cuando habla de los empresarios es la de unos codiciosos explotadores, en contraste con sus sufridas víctimas inocentes, los asalariados; los únicos que por lo visto tienen derecho a defender sus sagrados intereses. La concepción vulgar pinta al empresario como un mero receptor de beneficios, ignorando su aportación a la sociedad. Cuando no hay más remedio que destacar este aspecto, ahora se utiliza el ridículo eufemismo de “emprendedor”, lo que confirma la mala prensa del término empresario.

El economista Ludwig  von Mises, en un libro titulado La mentalidad anticapitalista, diseccionó lúcidamente esta “filosofía popular del hombre corriente”, que ha llegado a estar convencido de que las comodidades de que disfruta en el sistema capitalista (inimaginables unas pocas generaciones antes)  “son obra de un ente mítico llamado progreso”, que nada tiene que ver con el ahorro, el espíritu empresarial y el ingenio técnico de algunas personas.

De estas ideas primarias a la idea de que los empresarios están de más, que son sólo unos parásitos de los que la sociedad podría prescindir, o al menos exprimibles fiscalmente sin contemplaciones (a fin de garantizar unas “conquistas sociales” obtenidas tras luchas de mitológica efectividad), hay un paso fatalmente equivocado, pero no exento de lógica; el paso que hace el comunismo.

En un debate electoral en el que, a propósito del derecho de autodeterminación, se mencionó a la antigua Unión Soviética, el representante del chavismo en España, Pablo Iglesias, se ganó unas risas cómplices del público replicando irónicamente: “la Unión Soviética, ¡uuuuuh!” Ninguno de los otros candidatos del debate, ni Rajoy, ni Rivera ni Sánchez, respondió a la gracieta. Nadie tuvo unas palabras en memoria de los millones de muertos a manos de Stalin, cien millones sumando los de Mao, Pol-Pot y otros verdugos comunistas. Del mismo modo, muchos se siguen tomando a risa la palabra comunismo, como si fuera una leyenda que sólo debería asustar a avariciosos rentistas.

El papa Francisco ha comentado en alguna ocasión, con socarronería, que algunos le llaman comunista, sin sentirse visiblemente ofendido por ello. No sé por qué, pero dudo que tuviera la misma reacción si le tildaran de nazi. Entiéndaseme, no sugiero que el papa sea comunista, aunque guarde en algún cajón una talla de Cristo con la hoz y el martillo, regalo de Evo Morales. Quiero pensar que coincidirá con Juan Pablo II, quien en su encíclica Centesimus annus criticó que “el deseo sincero de ponerse de parte de los oprimidos y de no quedarse fuera del curso de la historia” conduzca a algunos a pretender “un compromiso imposible entre marxismo y cristianismo”.

Tampoco creo que el hombre corriente, a pesar de sus prejuicios contra el capitalismo, dé generalmente el paso consciente al comunismo; ni siquiera que se considere de izquierdas, en muchos casos. Pero el problema reside en que la psicología anticapitalista, sin duda más arraigada en España que en nuestros vecinos europeos, dificulta prevenirse a tiempo contra quienes sí están dispuestos a dar ese paso, hasta sus últimas consecuencias. Es esa mentalidad que no reconoce el peligro ni cuando lo tiene delante de las narices, que reacciona con risitas cuando alguien pronuncia la palabra comunista, y que hace desdeñar a millones de ciudadanos las informaciones sobre el carácter chavista y totalitario de Podemos, catalogándolas de exageraciones o manipulaciones de la “caverna mediática”.

Quienes piensan así ya son en cierto modo comunistas, aunque no lo sepan. A fin de cuentas, es gracias a ellos que terminan llegando al poder los que son comunistas y además lo saben.

Anuncios

7 comentarios sobre “El comunismo, ¡uuuuuh!

  1. Extraordinario y certero artículo. Me quedo con este páffaro:

    “Pero el problema reside en que la psicología anticapitalista, sin duda más arraigada en España que en nuestros vecinos europeos, dificulta prevenirse a tiempo contra quienes sí están dispuestos a dar ese paso, hasta sus últimas consecuencias.”

    Genial. Ese es el problema, la “psicología anticapitalista”, por la que muchos españoles critican el capitalismo como la fuente de todos los males. Y cierran los ojos a la evidencia de que no hay alternativa a dicho sistema. Bueno, sí, la hay. El comunismo. Y ya vemos cuales fueron (y siguen siendo, recordemanos Corea del Norte y Cuba, que están ahí aún) las consecuencias.

    Pero decir lo anteior en voz alta en un bar en España y que le tachen a uno de fascista, explotador y demás es lo mismo.

    De todo eso es de lo que Podemos, con un estudiado dominio de los medios, se ha aprovechado. Y mucho me temo que lo seguirá haciendo.

    “Psicología anticapitalista”, así es.

    Me gusta

  2. Una vez más, creo que estás en una esfera muy alejada de la realidad, y desde ahí escribes.

    En la población no existe ninguna psicología anticapitalista mayoritaria. Si fuera así, la gente no tendría como principal afición ir de compras, ver el fútbol o ver horas de televisión con casi más anuncios que contenido. Eso es lo que estadísticamente más hace la gente en este país, y mucha de esa gente no se ha planteado ni qué es el capitalismo. ¿Hay algo más capitalista y liberal que el fútbol, que es lo que más mueve a la gente de este país?

    Respecto a los empresarios, no es cierto que la mayoría de la población desconfíe de ellos. Toda la gente que nos atiende en las tiendas de barrio y los cafés son empresarios, al igual que los jefes de las Pymes, en las que trabaja la mayoría de la población. Y la gente, en general, está a gusto con estas personas. Y también la gente admira a los grandes empresarios que son capaces de sacar su carrera adelante y hacer dinero sin incurrir en prácticas dudosas. Que los hay.

    Una cosa distinta son algunos grandes empresarios que ganan unas cantidades que algunos consideramos desorbitadas, y otros que han llegado donde están por favoritismos desde las administraciones.

    Tu visión ideal del empresario, según dices, es esa persona que llega ahí por “el ahorro, el espíritu empresarial y el ingenio técnico de algunas personas.” Esto es cierto en algunos casos, pero no lo es en otros muchos.

    Y en cuanto a las ganancias de los empresarios, un ejemplo muy directo. Amancio Ortega es el cuarto hombre más rico del mundo, según datos de hace unos días. Y es cierto que el arranque de su carrera se debe a sus técnicas empresariales novedosas, y a su buen hacer como empresario y logista. Pero ¿Toda su riqueza está justificada por eso?

    Si miras las cifras, con un 10% menos de su riqueza, aún sería el cuarto hombre más rico del mundo, y sus empleados podrían tener unas condiciones más dignas (o simplemente dignas, en algunos casos). Y podría crear muchas más riqueza en España. A los que sois patriotas, seguro que os encantaría que toda la ropa de Inditex se fabricara en nuestro país. Pues eso se podría hacer. Insisto, sin que Amancio Ortega dejara de ser el cuarto millonario de este planeta.
    Si no lo hace es por pura avaricia, que es eso que alguna gente critica de ciertos empresarios.

    Dicho esto, tampoco esto que he dicho es una opinión mayoritaria, pues la gente compra en Zara como si no hubiera un mañana.

    Sobre el ‘ingenio técnico’, ¿Me puedes citar algunos empresarios españoles que se hayan enriquecido gracias a un ingenio técnico que hayan inventado?

    Y respecto a la Iglesia, está claro que tu idea de Iglesia y la del papa Francisco no es la misma. A ti te gustará más la línea de la Iglesia española, que gasta más en propaganda conservadora/neoliberal que en ayudar a los necesitados:

    http://gaceta.es/noticias/iglesia-gastado-dinero-13tv-caritas

    La noticia es de la Gaceta, para que no puedas tacharla de difamación progresista/comunista 😉

    Un saludo.

    Me gusta

  3. Alfredo, es muy oportuno tu comentario, porque nos recuerda una característica muy importante de la actitud anticapitalista: que no tiene nada de coherente. La gente quiere disfrutar, evidentemente, de todos los beneficios del sistema capitalista, como por ejemplo ir a los supermercados y encontrarse las estanterías bien abastecidas y además con mucha variedad. Lo que no le gusta es que el dueño del supermercado sea mucho más rico que la mayoría; esto, decididamente lo lleva peor, porque no ve qué tiene que ver una cosa con la otra. O sea, se cree que alguien trabajaría como lo hace un Joan Roig, cavilaría día y noche como él a fin de que su negocio sea competitivo, y sobre todo arriesgaría el dinero que arriesga él, para al final cobrar lo mismo que uno de sus encargados. (Y quien piensa así suele ser de los que no le regalan un minuto a las empresas en las que trabajan, porque “total, para lo que me pagan”.)

    Sólo unas palabras sobre Amancio Ortega. Para mí que si este señor fuera un 10 % menos rico, tú seguirías diciendo que es un codicioso impresentable. Pero además, si fuera un 10 % menos rico, también podría contratar a menos trabajadores, y realizar menos pedidos a sus proveedores, con lo cual generaría menos empleo directo e indirecto, es decir ¡redistribuiría menos riqueza! Eso sin contar las importantes sumas que ha donado a Cáritas. Ah, claro, pero a los progresistas la caridad no os gusta, lo que queréis es que sea obligatoria -con lo cual ya no es caridad, que viene del latín y significa amor (es decir, algo voluntario por definición).

    A vosotros lo que os mola es Venezuela, donde Ortega ya hace tiempo que habría sido expropiado, y sus negocios, saqueados y destrozados por los cleptómanos e incompetentes jerarcas del régimen, estarían en plena decadencia, como ha ocurrido con la industria del petróleo y tantas otras. Todo sea con tal de acabar con la codicia, como diría este papa que los católicos tenemos que sufrir por nuestros pecados, y que a vosotros os gusta tanto. Saludos, mi progresista de guardia.

    Me gusta

  4. Carlos,
    te empeñas en ver el mundo como negro o blanco, y de ahí vienen muchos de tus errores de apreciación.

    Afirmas “trabajaría como lo hace un Joan Roig, cavilaría día y noche como él a fin de que su negocio sea competitivo, y sobre todo arriesgaría el dinero que arriesga él, para al final cobrar lo mismo que uno de sus encargados”

    Joan Roig en bueno en los negocios, eso no creo lo niegue nadie. Y nadie espera que el tipo cobre lo mismo que un encargado de supermercado. El es el dueño y el responsable del negocio, y debe ganar más. Por supuesto.
    Pero no todo su dinero viene de estar cavilando día y noche y trabajando por amor al arte. No seas iluso. Mercadona es una parte de su capital, pero ha obtenido estupendos contratos con la administración, y hace poco reconoció que hizo donaciones al PP y a FAES. Donaciones, contratos públicos… Interesante.

    Sobre Amancio Ortega, no me has entendido. Yo no propongo que Inditex gane menos. Si la gente compra sus productos, estupendo. Solo digo que ganando lo mismo, generando el mismo negocio, etc. Amancio Ortega podría acumular algo menos de riqueza personal, y pagar mejor a su gente. Como te he dicho con 6.000 millones menos, aún sería el cuarto tipo más rico del mundo (le lleva bastante más al segundo), y podría tener a trabajadores con un salario digno y felices. Pero no. El ha decidido cobrar 1000 veces más que sus empleados.
    Afirmas que yo le llamaría ambicioso, cobrase lo que cobrase. Eso no es cierto. Yo colaboro con escuelas de negocios y ayudo a emprendedores. Me gusta que la gente que es buena en lo suyo y trabaja bien, se vea recompensada. Pero no creo que las diferencias tengan que ser tan grandes, ni me gusta la gente que a partir de cierto momento basa su modelo empresarial en apretar las tuercas a la gente.

    Y en el tercer párrafo, ya te vas del todo. Has tardado en sacar a Venezuela a la palestra 😉
    Una cosa para que pienses: El mundo no está tan polarizado como tu lo quieres ver. Si alguien critica el capitalismo salvaje, como yo, puede criticar igualmente el comunismo. Por que hay muchos modelos intermedios. Entre los Estados Unidos de Reagan y Cuba, hay muchas formas de gobierno. Fíjate en Europa del norte, por ejemplo.

    Este artículo de Paul Krugman es muy interesante, y defiende esa teoría. La desigualdad seguramente tenga que existir para que funcione el sistemas, pero ¿es necesaria tanta desigualdad?

    http://economia.elpais.com/economia/2016/01/15/actualidad/1452864526_260183.html

    Si, vale, Paul Krugman es progresista el pobrecillo. Pero aunque solo sea por su premio Nobel, te recomiendo su lectura.

    Me gusta

  5. “te empeñas en ver el mundo como negro o blanco”

    Yo creo que los que ven el mundo en blanco y negro son los comunistas, y mi escrito es precisamente una crítica de la mentalidad blanco/negro. (Empresarios malos, trabajadores buenos, etc.)

    ¿Ganan demasiado Amancio Ortega, Roig, Messi o Cristiano Ronaldo? ¿Ganan demasiado poco los empleados de Zara o de Mercadona? ¿Quién decide cuánto deberían ganar exactamente unos y otros? Creo que tienes bastante formación para conocer la crítica liberal (y de la escolástica tardía) de los conceptos de precio justo y salario justo.

    Los países del norte de Europa (Dinamarca, Suecia, etc.) tienen impuestos altos (aunque, como ha mostrado Juan Ramón Rallo, sólo un poco más que España, la diferencia en términos reales no es muy grande) pero a cambio disfrutan de una elevada libertad económica que ya querría yo para mi país. Por supuesto, están infinitamente más cerca de Estados Unidos que de Cuba.

    Ya puestos, yo te recomiendo sinceramente un libro titulado “Economía básica”, de Thomas Sowell. Tiene 700 páginas, pero es facilísimo de leer para un lego en la materia, como es mi caso. Por lo demás, no existen economistas neutrales, cada uno tiene su ideología, liberal, socialdemócrata o marxista. Pero ya que parece que te impresionan los premios Nobel, te aconsejo también la lectura de Friedrich Hayek, que lo recibió en los años 70. Libros como Camino de servidumbre, Los fundamentos de la libertad y La fatal arrogancia, a mí me han marcado.

    Hay inteligencia más allá de Krugman, y sobre todo más allá de El País.

    Me gusta

  6. Si, lods comunistas se empeñas en ver el mundo en blanco y negro. Cierto. Pero tu lo ves igual de blanco y negro, desde el otro lado.

    Respecto a los sueldos justos, digo la misma obviedad que antes. Que Cristiano Ronaldo se compre un avión de 10 millones de euros con su sueldo de jugador de futbol, o que Amancio Ortega sea multimillonario, me parecería estupendo si por el camino no hicieran cosas que me parecen poco morales. Los clubes de futbol tienen todo tipo de prebendas desde las administraciones (el ayuntamiento de Madrid subvenciona al Real Madrid, de mil formas) y Amancio Ortega tiene a trabajadores cobrando 1 euro por hora, a solo 1 hora en avión de su casa. Lamentable.

    Los países del Norte están más cerca de EEUU que de Cuba. Cierto. Pero suficientemente alejados en muchas cosas. Tu te empeñas en que migremos al modelo ultraliberal, que en EEUU está provocando desigualdades con las que no saben como lidiar.

    Y estoy de acuerdo contigo en que la economía no es una ciencia experimental, si no una ciencia humana, y por tanto todo economista tiene una visión sesgada por sus ideas sociales y políticas.
    Si me dices que hay vida más allá de Paul Krugman y del País, yo te respondo que hay vida más allá de la escuela austriaca y de LibertadDigital.

    Pero de nuevo, tu eliges creer a los que te dan la razón en tus cosas, y lo mismo yo caigo en el mismo error.

    Eso si, no me cites a Juan Ramón Rallo como ejemplo. Busca alguien con un poco más de nivel. Los verdaderos estudiosos de un tema publican en revistas científicas, y hay herramientas para medir la calidad científica. Los investigadores las usamos cada día.
    Busca a algún investigador reconocido de la escuela austriaca, que los hay. Juan Ramón Rallo es un tertuliano y un evangelista neoliberal, que escribe en todo tipo de medios afines, pero académicamente no tiene ningún reconocimiento.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s