Falta de pruebas

Lo que sigue es una respuesta a un comentario de Alfredo al escrito inaugural de este blog. Por su extensión, he optado por publicarla en el formato de una nueva entrada (privilegios de que esta sea mi bitácora), en lugar de como un comentario consecutivo.

Sostiene Alfredo que, si bien mis consideraciones sobre el progresismo no carecen de interés, quedan descalificadas por el hecho de que yo confiese creer en Dios. Dice:

“Sin ofender, cualquiera que afirme creer en Dios, sin ninguna prueba objetiva, está descalificado para hablar de datos científicos, pruebas objetivas, etc. de cualquier otra disciplina.”

Y remacha:

“Insisto. Respeto a cualquier adulto que crea en Dios o en Papá Noel, pero dudo de cualquier otro razonamiento que esa persona haga, ya que puede estar basado en la misma falta de pruebas que la existencia de Dios.”

Para empezar, cabe dudar del “respeto” de alguien que asimila la creencia en Dios a la creencia infantil en Papá Noel, pero pasemos esto por alto. Comparar el monoteísmo con las creencias más primitivas o ingenuas, como los dioses de Homero o el Ratoncito Pérez, es un motivo habitual de la literatura y especialmente de los foros escépticos, que divierte mucho a sus participantes. Supongo que experimentan con ello un vago sentimiento de superioridad, de personas maduras que hace tiempo dejaron atrás los cuentos de viejas.

En segundo lugar, y antes de entrar en el fondo del asunto, no deja de chocarme, en alguien que de algún modo presume de racionalista, que valore tanto el argumento de autoridad de “unos cuantos premios Nobel” que, según él, contradicen mis opiniones no progresistas. Irónicamente se declara impresionado de que yo me atreva a disentir de tales premiados, pero con franqueza, a mí no me impresiona lo que pudiera pensar José Saramago sobre política o economía, ni en general nadie que haya sido laureado por la políticamente correcta academia sueca, aunque sea con merecimiento. Por lo demás, sospecho que si nos ponemos a recolectar citas de premios Nobel de literatura, economía o física, el resultado será lo suficientemente plural y hasta contradictorio para que cada cual encuentre alguna corroboración de sus opiniones favoritas.

Aprovecho de paso para aclarar lo que en mi artículo quise decir sobre la “emocionalidad” del progresismo, y que Alfredo cree atribuible también a los defensores del mercado libre. Por supuesto, cualquiera puede defender apasionadamente sus ideas, pero la cuestión es si esas ideas se basan en algo más que emociones. Difícilmente se puede considerar el concepto de mercado como emotivo; más bien resulta enormemente contraintuitivo, y de ahí proviene su difícil aceptación popular. En la mentalidad vulgar se halla fuertemente arraigada la falacia de la “suma cero”, es decir, que si una parte obtiene un beneficio en una transacción económica, la otra parte necesariamente pierde. Esta falacia alcanza su máxima formulación intelectual en la teoría marxista de la plusvalía, aunque no por ello deja de reposar en un error, refutado por la experiencia de las millones de personas que han salido y están saliendo de la pobreza gracias al mercado libre, primero en Europa y América, luego en Asia, y ahora incluso en África.

Pero vamos a la parte mollar del comentario de Alfredo:  “cualquiera que afirme creer en Dios, sin prueba objetiva, está descalificado para hablar de datos científicos”, etc.

Parece claro que por “pruebas” se refiere Alfredo a pruebas empíricas. Así, tenemos pruebas de la existencia de enormes reptiles prehistóricos en los restos óseos hallados en estratos geológicos, y tenemos pruebas de la expansión del universo en los espectros de la luz procedente de otras galaxias. Y parece también obvio que no podemos esperar ningún tipo de pruebas similares de la existencia de Dios. ¿Qué tipo de fenómeno podría ser considerado como un elemento probatorio de la existencia de un ser trascendente, que por definición está más allá de la experiencia?

Ahora bien, que algo no pueda ser probado científicamente no lo convierte automáticamente en una tesis descartable, sin sentido o irracional. Por ejemplo, no podemos probar sucesos futuros, ni siquiera que mañana saldrá el sol (como ya señaló Hume), porque por definición no son observables en el presente, y tampoco podemos demostrar que sucesos del pasado se repetirán en el futuro. De manera general, la ciencia entera se basa en la idea de la inteligibilidad de la realidad, es decir, en la existencia de leyes generales invariables, a las cuales estarían sometidos todos los fenómenos. Ahora bien, de esta idea no puede existir ninguna prueba objetiva, porque es precisamente la premisa en la que se basa cualquier exigencia de una prueba objetiva. Puedo decir que mañana saldrá el sol, porque así nos lo garantiza la ley de la gravedad, y otras leyes que aseguran las regularidades físicas, salvo catástrofes raras y en principio también enmarcables dentro de leyes generales. Pero no puedo probar que esas leyes seguirán verificándose mañana, o ni siquiera dentro de una hora –hasta que no haya pasado una hora, o un día. Y a pesar de todo, creo en ellas, como creían Newton y Einstein.

Sostengo, pues, que es falsa la idea de que toda tesis no verificable empíricamente es irracional o rechazable de algún modo, como pretenden los positivistas. Al contrario, sin algunas de estas tesis, ni siquiera sería posible la ciencia. Ahora bien, aún admitiendo esto, estamos lejos de haber demostrado que la creencia en Dios no sea tan infantil como la creencia en Papá Noel, por tomar prestada la provocativa comparación de Alfredo. Trataré de argumentar que no sólo no es infantil, sino una tesis extraordinariamente potente.

Hay dos grandes metafísicas fundamentales posibles, dentro de las cuales podríamos clasificar todas la variantes imaginables. O bien consideramos que el principio fundamental de la realidad es impersonal, o bien que es de carácter personal. (Herbert Spencer sostuvo que tal vez no fuera ni lo uno ni lo otro, pero esto contradice, en mi opinión, el principio lógico tertium non datur: entre una tesis y su negación, no hay una tercera posibilidad.)

La idea de que el fundamento de todo lo real es impersonal tiene a su favor la experiencia de la gélida indiferencia de la naturaleza hacia entes personales como los seres humanos, e incluso los seres vivos en general. Las personas sucumben a enfermedades, catástrofes meteorológicas o geológicas, escasez de alimentos, etc., sin que nada en el universo, cuando estas cosas suceden, parezca preocuparse lo más mínimo por su suerte. En contra de lo que se suele pensar, la idea (o más exactamente, su formulación consciente) de que la realidad, en su sustrato último, es impersonal y por tanto amoral, pudiera ser más antigua que la contraria. Si analizamos las viejas mitologías politeístas y las creencias religiosas animistas, llegamos a la conclusión de que, por encima de las acciones de dioses o espíritus diversos, existe un fatum o destino ciego al que están sometidos incluso un Zeus, un Júpiter o un Odín. (Que en esto se distinguen radicalmente del Yavé bíblico, por cierto.) Y en las primeras cosmogonías conocidas, el mundo se forma a partir de un caos primigenio que habría existido desde un tiempo indefinido: es decir, que la materia informe precedería de algún modo a la inteligencia ordenadora, al contrario de lo que sostiene la tesis de la creación, desarrollada muy posteriormente por los hebreos, y precisada por los primeros filósofos cristianos, aunque a nuestra cultura occidental le parezca tan vieja como el rascarse.

Digámoslo sin ambages: la creencia en que el mundo está regido, en última instancia, en su más profunda esencia, por leyes impersonales, carentes de todo propósito consciente, es poderosamente intuitiva, y ha atraído a los hombres seguramente desde la prehistoria. Aunque parece que su explícita formulación como ateísmo o agnosticismo sólo en nuestro tiempo se ha convertido en una convicción popular, tiendo a pensar que desde siempre ha habido al menos un hueco en el corazón humano, incluso en los tiempos en que el cristianismo era el pensamiento dominante, para la sospecha de que acaso nada obedezca a un designio inteligente, de que ni hay Dios ni otra vida después de la muerte. La religión no sería más que un intento desesperado, y en el fondo poco efectivo, para eludir una conclusión tan poco gratificante para la autoestima humana.

Aquí podría terminar nuestra reflexión, y aquí es donde termina la de muchos. Pero resulta que la tesis de la impersonalidad última de lo real también tiene sus problemas, y mucho más serios de lo que suelen admitir sus más entusiastas defensores. Uno es el problema moral: cómo podrían existir leyes morales en un mundo que en su fundamento último es amoral. Esta cuestión es crucial, aunque aquí sólo la dejo apuntada. El otro problema es el siguiente:

Admitiendo que las leyes y constantes más generales del universo son impersonales, cabe preguntarse por qué existen estas leyes y no otras, e incluso por qué existen siquiera leyes, y no un mero caos sin orden alguno. Podemos exponer con más precisión esta cuestión. Imaginemos que existen otros universos lógicamente posibles (reales o no) además del que conocemos, es decir, mundos en los que las leyes físicas fundamentales son distintas del universo conocido. Llamemos A a este, y B, C, D…, etc. a los otros univeros concebibles, en número probablemente infinito. Pues bien,  nuestro problema se podría formular así: ¿por qué existe el universo A y no cualquiera de los otros, o simplemente ninguno?

Tendríamos, según creo, dos tipos de respuestas posibles (aparte de la teísta), dejando de lado la posición positivista, que se limita simplemente a rechazar la pregunta, o lo que es lo mismo, a decir que las cosas son así, y punto. La primera respuesta sería que los universos B, C, D…, etc., si pudiéramos analizarlos exhaustivamente, nos revelarían ser inconsistentes, y por tanto lógicamente imposibles. Es decir, A sería el único universo posible; no podría existir otro universo con leyes fundamentales distintas. La otra respuesta sería que, en realidad, existe la serie infinita de todos los universos paralelos A, B, C…, etc.; es decir, que todas las posibilidades existen de algún modo, aunque desde nuestro universo no podamos observar los otros. (Tesis del multiverso, o más exactamente, del multiverso extremo.)

La primera respuesta es muy difícil de sostener seriamente. Significa que no podemos imaginar ningún conjunto de leyes fundamentales, por simples que sean, distintas de las que rigen nuestro universo, y que sean consistentes. Se trata de una afirmación muy difícil de creer, y que en todo caso es inverificable, pues puedo demostrar que un universo virtual determinado es inconsistente, pero no que no exista ningún universo consistente, además del conocido.

La segunda respuesta aún es más problemática. En primer lugar, por definición tampoco podría demostrarse. No puedo observar universos basados en leyes físicas distintas del nuestro, salvo que en realidad no sean universos distintos, sino remotas regiones del  que conocemos, y por tanto sometidas a las mismas leyes generales, con todas las particularidades locales que se quieran. (Lo cual nos conduciría a la primera respuesta.) Y en segundo lugar, una consecuencia inevitable de la tesis del multiverso extremo son los universos bromistas.

Un universo bromista es aquel en el que existen leyes que se verifican durante un tiempo, o incluso la mayor parte del tiempo, pero que en cualquier instante pueden quedar en suspenso, sea por un breve período o indefinidamente, y sea universalmente o localmente. Estos universos pueden súbitamente colapsar debido a una breve interrupción catastrófica de alguna ley fundamental, o bien simplemente pueden registrar alguna irregularidad anecdótica, de efectos meramente locales. Imaginemos, por ejemplo, un universo en el que de repente “fallara” (en rigor, dejara de verificarse) la ley de la gravedad, provocando automáticamente una disgregación apocalíptica, a escala cósmica; o bien otro en que la gravitación sólo se interrumpiera, por unos instantes, en una habitación, y los muebles empezaran a levitar.

Todo esto puede parecer una fantasía, y en efecto lo es. Pero más exactamente es un tipo de fantasía emparentada con lo que en ciencia y filosofía se denomina “experimento mental”, con precedentes en las famosas aporías de Zenón de Elea. Por supuesto, yo no creo en los universos bromistas, pero la cuestión es si son lógicamente posibles, y creo que eso difícilmente puede negarse. Es decir, lo decisivo es si la realidad tiene obligatoriamente que ser inteligible, por siempre y en todo lugar. Si el universo está regido por un principio impersonal, no vemos por qué debería ser así. Podríamos tener la suerte de habitar en un universo no bromista, en el que las leyes fundamentales se mantienen invariables siempre, pero nada nos garantiza que esto vaya a contimnuar siempre así, y que en cada instante no se pueda venir abajo nuestra confianza en la regularidad de la naturaleza.

Estas especulaciones, que acaso puedan parecer un tanto sofísticas, podrían expresarse de otro modo si meditamos más profundamente sobre la naturaleza de lo real. Parece que su carácter tenazmente inteligible no congenia fácilmente con su supuesta esencia impersonal. La carencia de todo propósito consciente es algo que choca con la elegancia y regularidad de un universo que podría haber sido mucho más imprevisible, mucho más caótico, incluso sin llegar a ser por ello totalmente hostil a la materia orgánica. ¡Nuestro universo es mucho más inteligible y elegante de lo que sería necesario siquiera para que la vida humana sea viable!

La alternativa al principio impersonal de la realidad es la tesis monoteísta. Según esta, el principio fundamental es un ser personal, una inteligencia ordenadora, preexistente a todo (y por tanto, ilimitada, infinita), que habría elegido dar existencia al universo conocido entre los infinitos posibles. Esto explicaría por qué el universo es inteligible, por qué existe este universo y no otro (o simplemente ninguno) y al mismo tiempo no rechazaría la posibilidad lógica de otros universos, aunque no existan realmente. Es lo que la teología expresa diciendo que Dios es un ser necesario, mientras que el mundo es contingente.

La tesis teísta, al igual que las ontologías de tipo impersonal, tampoco puede probarse. Pero en mi opinión es la que ofrece la explicación más satisfactoria de por qué hay un mundo, y por qué hay este mundo y no otro. Lo que nos dice es que la inteligencia no es algo al final de un proceso evolutivo y contingente, sino que se hallaría en el origen. De ahí que el mundo sea inteligible, y por ello aparece también en él una forma de inteligencia finita como la humana, que es un reflejo de las inteligencia divina.

El teísmo no es en absoluto incompatible con la ciencia, ni con la teoría de la evolución ni con el modelo cosmológico actual. La idea de que la ciencia apadrina la concepción materialista de la existencia es una opinión particular de algunos pensadores y divulgadores, científicos y no científicos, y nada más que eso. Y sostengo que además es falsa. (Recomiendo al respecto el libro Mitología materialista de la ciencia, del filósofo de la ciencia Francisco José Soler, en el que se habla de las teorías del multiverso y muchas otras cuestiones apasionantes.)

Como he dicho antes, no estoy nada seguro de que el monoteísmo sea una idea precisamente natural, más bien tardó miles de años en forjarse y depurarse, imponiéndose sobre cosmogonías que en última instancia se basaban en un principio impersonal (el destino o algo similar, que todavía sigue gozando de popularidad), pese a que su profusión de entes antropomórficos o zoomórficos lo disimulara. Por eso no bastan las consideraciones metafísicas precedentes para creer en Dios: el ser humano necesita que el propio Dios se le revele, que salga a su encuentro. Eso sí, el hombre siempre puede cerrarse a la fe, si se empeña en ello.

Ateos y agnósticos se ven a sí mismos como insobornables buscadores de la verdad, que no se conforman con fábulas consoladoras o edificantes. Sospecho que en su actitud haya motivaciones menos nobles. Un cierto orgullo de quien no quiere correr el riesgo de engañarse, y que para ello opta por la desconfianza sistemática. Y al mismo tiempo, una especie de temor a la desilusión, que les lleva a rechazar lo que ellos consideran que son ilusiones. Espero que estas meditaciones ayuden a Alfredo o a otros a ver más claro en sus propios motivos, y a despejar la maraña de falacias que les dificultan abrir su corazón a Dios.

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18 comentarios sobre “Falta de pruebas

  1. Excelente resumen. Un placer leerlo. No creo en el principio de autoridad, pero es paradójico que a los creyentes se nos acuse de mantener posiciones contrarias a la ciencia cuando algunos de los científicos más brillantes de la historia eran o son creyentes:
    http://www.apologeticacatolica.org/Ateismo/ateismo23.htm
    Entre ellos Newton, Heisenberg, Pauli, Lemaitre (sacerdote y primero en postular el Big Bang), Schrödinger, Bohr, Maxwell, etc.

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  2. No voy a entrar en el fondo de su argumentación; en mi opinión, tanto la existencia como la no existencia de Dios no son demostrables lógicamente, y no digamos ya experimentalmente, en el sentido de las Ciencias de la Naturaleza. Creer es una cuestión de Fe, lo mismo que ser ateo, aunque esto último se disfrace de argumentos “científicos”. A lo más que se puede estar inclinado lógicamente es al agnosticismo.

    Solo quiero comentar un aspecto de su argumentación. Se pregunta “¿cómo podrían existir leyes morales en un mundo que en su fundamento último es amoral?”
    Una posible respuesta es: porque es favorable para le especie. Los torneos informáticos sobre “el dilema del prisionero” han demostrado que las estrategias “cumplidoras” son favorables (acumulan más puntos de recompensa) frente a las “defraudadoras”. De hecho, en primera aproximación, la sencillísima estrategia “toma y daca”, donde el jugador cumple en cada jugada si su interlocutor cumplió en la anterior, y defrauda si el otro defraudó, son estables frente a estrategias “depredadoras”. En torneos donde a cada partida el número de jugadores que siguen cada estrategia dependen de su éxito en la partida anterior (evolución natural), cuando un grupo de jugadores “cumplidores” se establece son estables frente a otras estrategias. En formas aun más complicadas de torneo, con “ruido” (posibilidad de malinterpretar al contrario) estrategias que perdonan dentro de ciertos límites, y solo castigan después de ser engañadas dos veces, pueden ser más resistentes a los errores y accidentes. Las estrategias “puramente defraudadoras” (que engañan siempre), buenistas (que perdonan siempre) o que se pasan de listas y se vuelven inescrutables (tan complicadas que su interlocutor no puede determinar si conviene cumplir o defraudar), desaparecen enseguida. El tema es fascinante porque el triunfo de estos comportamientos “honrados” aparece en un juego en el que se trata de maximizar las ganancias (engañando si ello resulta más beneficioso), y tiene tanta profundidad que es imposible tratarlo aquí como se merece. Pero el resumen es: la ética es beneficiosa. A la larga, el comportamiento “inmoral” no paga, aunque temporalmente parezca que si.

    Otro ejemplo extraído de la Naturaleza; cuando los lobos luchan para establecer su jerarquía, el lobo derrotado se rinde ofreciendo su cuello al vencedor, que no puede morderle. ¿Como se ha llegado a un comportamiento tan singular? ¿Poseen los lobos unos principios morales inspirados por Dios? La respuesta es más simple: porque es beneficioso para la manada; si cada pelea entre lobos se saldara con uno de los dos muertos, la especie se habría extinguido.

    ¿O porqué las hembras de los mamíferos suelen estar dispuestas a arriesgar su vida por sus hijos mientras que muchas madres humanas son capaces de matarlos? ¿Porque son moralmente superiores a la especie humana (que conste que no descarto esta posibilidad)? La respuesta más probable es que porque es beneficioso para su especie, aunque para el individuo que se arriesga pueda ser perjudicial. Compárese este comportamiento con la de las mujeres que abortan; por eso la especie humana está probablemente condenada, sin necesidad de acudir a principios religiosos; porque ha adoptado una estrategia evolutivamente suicida.

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  3. Simplemente extraordinario.

    Tan solo discrepo en un punto. El monoteísmo fue la relación espiritual original. Dios creó al hombre y se relacionaba con él. Pero el hombre prefirió seguir su camino (no hablo solamente del pecado adánico, sino también de hechos posteriores, que nos llevan en último término hasta hoy en día) y apartarse de Dios… y Dios le dejó y se apartó del hombre. Fue así como surgieron las imaginaciones religiosas (destino, politeísmo, reencarnación, etc.) entre las que podrían perfectamente contarse el agnosticismo (el hombre no sabe y no quiere saber si Dios existe) y el ateísmo (el hombre deja de creer en Dios para colocarse como dios en su lugar). Pero Dios siempre se reveló al hombre, en última instancia desde Abraham (aunque no dejó al hombre sin testimonio, ahí está el caso, por ejemplo, de Noé). Otra cosa es que el hombre prefería, tercamente, seguir su propio camino al margen de Dios (como en el día de hoy, vamos).

    Por otra parte, el eje central del cristianismo es, efectivamente, la resurrección de Jesús. Hay multitud de libros sobre el tema para el que quiera interesarse. Pero tan solo dire que no hay respuesta lógica a que unos hombres originalmente descreídos y acobardados, los apóstoles (ninguno creía en la resurrección, y cuando Jesús murió le dieron por muerto para siempre, y estaban atemorizados por miedo a que las autoridades fueran también a por ellos), finalmente vivieron predicando valientemente esa resurrección a pesar de ser perseguidos brutalmente por ello y todos, con la excepción de Juan, murieron defendiendo esa resurrección. Juan finalmente murió en un terrible cautiverio perpetuo, defendiendo igualmente esa misma resurrección. ¿Qué pudo producir ese dramático cambio, sino haber visto efectivamente a Jesús resucitado? Nada. Por otra parte, ¿quién padecería brutales persecuciones y moriría por algo que sabe que es mentira? Nadie.

    Tanto la existencia de Dios, como el monoteísmo, como la existencia de Jesús, como su resurrección, son hechos comprobables según las leyes del sentido común y de la historia.

    Un cordial saludo.

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    1. Esta visto que me he arrogado el papel de abogado del diablo, que recordemos es el encargado de que no se admitan pruebas discutibles en los procesos de canonización.

      Dice jgarciapalacios: “finalmente vivieron predicando valientemente esa resurrección a pesar de ser perseguidos brutalmente por ello y todos, con la excepción de Juan, murieron defendiendo esa resurrección.” Si la capacidad para sacrificar la propia vida en apoyo de una idea fuera la prueba de que dicha idea es cierta, el Islam sería hoy día la Religión Verdadera. ¿Que otra religión ACTUAL posee miles de seguidores dispuestos a inmolarse sin dudarlo? Desde luego no el cristianismo acomodaticio y políticamente correcto de nuestros días, que mayoritariamente mira hacia otro lado en todos los temas que la modernidad ha asumido aunque contradigan sus esencias. Lo que pasa es que a los terroristas suicidas islamistas los llamamos fanáticos (y lo son) y en cambio en el valor de los primeros cristianos vemos la prueba de que estaban en lo cierto. Hay que tener cuidado con no sesgar las pruebas a nuestro favor y darles diferente valor según nos convenga.

      A Elentir. Aunque algunos ateos discutan la existencia histórica de Jesús, son una minoría. Lo que la mayoría niega es que fuera el hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, y que resucitase. Recordemos que el arrianismo, que gozó de bastante predicamento en su tiempo, admitía que Jesús fuera el hijo de Dios, pero negaba que fuera Dios. La Encarnación y la Trinidad son misterios que no pueden resolverse con argumentos históricos; el propio S. Agustín lo reconocía cuando contaba que mientras reflexionaba sobre ellos tratando de entenderlos vio a un niño que con una concha sacaba agua del mar, y al preguntarle que hacía le contestó que estaba vaciando el mar. El santo le dijo benévolamente que eso era imposible y el niño (que era probablemente un ángel) le contestó que tan imposible como que Agustín entendiese esos misterios.

      En el cristianismo, como en todas las religiones, hay un momento en el que los argumentos racionales terminan y hay que decidir si se cree o no, sin pruebas. Si se es creyente, lo único que se puede hacer es rezar para que Dios nos ayude a evitar que nuestro orgullo nos ciegue y nos haga dudar de nuestras creencias porque no las entendemos (por eso son creencias, no evidencias). Yo suelo ponerme el siguiente símil: la mayoría de la gente, incluidos muchos alumnos y profesores de Física, no entienden la Mecánica Cuántica (un profesor muy famoso, R. Feynmann llegó a decir que los que afirmaban que la entendían tenían piedras en la cabeza); y sin embargo eso no hace que la teoría no sea correcta, o si se quiere ser más preciso, que no sea la mejor aproximación a la descripción de la Naturaleza que poseemos hoy día. Pues si esto pasa con una materia experimentable como la Física, ¿cuanto más con temas trascendentes como los que atañen a la Fe?

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  4. Del comentario de Alfredo me hace gracia lo siguiente: “el autor declara verdadera la existencia de Dios, sin prueba alguna. Impresionante.”

    Yo declaro verdadera la existencia de Julio César, y no hay prueba alguna de que existiese, en el sentido escéptico. Existen bustos, libros que hablan de su figura, incluso textos recogiendo sus palabras. Pero eso también lo tenemos de Cristo y a personas como Alfredo no les basta como pruebas.

    De hecho, siguiendo el razonamiento escéptico de Alfredo, nadie puede creer siquiera en la fidelidad de su pareja. Todo el mundo debería estar constantemente sometiendo a prueba a sus parejas para comprobar esa fidelidad. Sería un mundo celoso, pero si nos fiamos de Alfredo, eso parece preferible a tener un mundo crédulo.

    Y así podríamos extender el mismo celo probatorio de los escépticos a cualquier figura histórica, a los sentimientos y a las relaciones personales, y también a las propias leyes científicas. Porque el hecho de que haya una serie interminable de casos que ratifican una teoría científica no significa que pueda aparecer una prueba que, de repente, la invalide. Ha ocurrido muchas veces en la historia de la ciencia, y ésta ha tenido que revisar muchas veces sus tesis. Sin embargo, algunos -que se dicen escépticos- siguen hablando de la ciencia como si fuese una religión cuyas tesis invalidan, sin más, cualquier explicación sobre el origen de la existencia, o la posibilidad de una vida más allá de la existencia física de conocemos, aunque se trate de ámbitos que escapan por completo a la verificación del método científico. Por eso me gusta distinguir entre los científicos y los cientificistas, siendo estos últimos los que confunden la ciencia con una religión cuyo dogma por excelencia, por lo visto, es que la ciencia lo puede abarcar y explicar todo, y que todo aquello que no es abarcable ni explicable por la ciencia, simplemente, no existe. Eso no es piensamiento científico: eso es una forma deshonesta de tergiversar la ciencia.

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  5. Espectador 7 dice “Desde luego no el cristianismo acomodaticio y políticamente correcto de nuestros días, que mayoritariamente mira hacia otro lado en todos los temas que la modernidad ha asumido aunque contradigan sus esencias.”
    Eso de los suicidas pro Islam será ahora y, en cualquier caso, el prójimopor cada suicida de esos hay, actualmente, miles de misioneros y misioneras cristianos que dejan su vida por el prójimo… y en el repaso a los últimos veinte siglos no le quiero ni contar.

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  6. La respuesta de Elentir es digna de elogio pero un individuo que sostiene ““Sin ofender, cualquiera que afirme creer en Dios, sin ninguna prueba objetiva, está descalificado para hablar de datos científicos, pruebas objetivas, etc. de cualquier otra disciplina.”, que es lo fundamental que ha traído a Elentir hasta aquí, es quien verdaderamente queda descalificado para la dialéctica.
    Lo de las pruebas objetivas descarta, directamente, todo lo que esté un nanosegundo más allá de la Vía Láctea, pero estar está.

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  7. Al final toda la crítica se basa en el argumento de que no se puede demostrar que algo NO existe. Lo cuál, junto a las cinco vías de St. Tomás de Aquino pues podría llevar, más o menos a no poder refutar la existencia de algo que se podría entender como Dios.

    Y de ahí al absurdo de que ese “Dios” podría ser cualquier cosa, totalmente ajena al ser humano, a cualquier religión y, mucho más aún, a cualquier instutución o norma moral o, más aún política. Con lo que su existencia o no es totalmente indiferente a cada persona individual.

    En fin, discusión estéril.

    Saludos

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  8. Excelente respuesta del bloguero. Llegué al blog a ravés de la página de Elentir

    Dice espectador7: “Otro ejemplo extraído de la Naturaleza; cuando los lobos luchan para establecer su jerarquía, el lobo derrotado se rinde ofreciendo su cuello al vencedor, que no puede morderle. ¿Como se ha llegado a un comportamiento tan singular? ¿Poseen los lobos unos principios morales inspirados por Dios? La respuesta es más simple: porque es beneficioso para la manada; si cada pelea entre lobos se saldara con uno de los dos muertos, la especie se habría extinguido.”

    Muy buena ilustración, pero el asunto deja sin explicación por qué el lobo vencido debe ofrecer el cuello al vencedor y no otro comportamiento que indique lo mismo, por ejemplo una especie de genuflexión. El asunto no es nada trivial cuando nos sorprendemos y meditamos sobre los hechos de la naturaleza, obra magnífica de Dios.

    En otro comentario dice espectador7: “Si la capacidad para sacrificar la propia vida en apoyo de una idea fuera la prueba de que dicha idea es cierta, el Islam sería hoy día la Religión Verdadera. ¿Que otra religión ACTUAL posee miles de seguidores dispuestos a inmolarse sin dudarlo?”

    Bueno, ya gonvado acotó algo importantísimo: lo de los “miles de misioneros y misioneras cristianos que dejan su vida por el prójimo”. Pero quisiera añadir algo mas:
    Está bien que nuestro amigo espectador aspire colocarse como “abogado del diablo”, pero creo que su comparación del sacrificio cristiano y musulmán es inexacta, por decirlo de esa forma. Vera: los apóstoles tenían una base incontestable que explicaría el sacrificio martirial: su vivencia intensa con Jesucristo a través de tres largos años. Ellos (los apóstoles) lo ratifican con la frase: “Nosotros hemos comido y bebido con Él”. En el Islam como sabrán, no existe algo parecido.
    Un padre es capaz de sacrificarse por su hijo a quien ha visto nacer, ha criado, y con quien ha establecido una relación personal de amor, y tal sacrificio se consideraría un acto de amor (podría ser inclusive una alegoría de la Redención) No sucedería así, o al menos no con el mismo motivo, quien lo hace por un supuesto hijo que ni siquiera ha visto, esta última situación tendría una connotación irracional. Por ende, mas creíble y consistente sería el sacrificio de los apóstoles, en razón de su vínculo vivencial con el Maestro, y menos consistente (y creíble) la del Islam. Ni siquiera Mahoma sacrificó su vida (al modo de los apóstoles) por Alá.

    En otro orden de ideas, me gusta mucho esta frase de “espectador”, la tomaré prestada con su permiso: “Compárese este comportamiento con la de las mujeres que abortan; por eso la especie humana está probablemente condenada, sin necesidad de acudir a principios religiosos; porque ha adoptado una estrategia evolutivamente suicida.”

    Un saludo a Elentir a quien sigo por mas de cinco años desde Venezuela a través de su blog

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    1. Contestación a Cipriano: “el asunto deja sin explicación por qué el lobo vencido debe ofrecer el cuello al vencedor y no otro comportamiento que indique lo mismo, por ejemplo una especie de genuflexión.

      Es un detalle no esencial. Los lobos no pueden arrodillarse: ofrecer el cuello es justo lo que les pone en una situación más desfavorable y paradójicamente es lo que impide que el vencedor les muerda. Las manadas en las que el perdedor es reincorporado al grupo y contribuye a la caza y la defensa son más fuertes que aquellas en las que el perdedor es sacrificado. Por eso a la larga ese comportamiento se impone de manera natural, sin necesidad de una intervención directa de Dios imbuyendo a los lobos (o a los hombres) con un imperativo moral. El comportamiento “moral” es beneficioso para la especie. Si quiere, puede pensar que es la forma en la que Dios ordenó la Creación para que tuviese éxito.

      El sacrificio de los mártires cristianos era muy diferente del de los terroristas suicidas islamistas: no morían tratando de matar al Cesar, o de envenenar las aguas o de quemar Roma. Se dejaban matar (no se suicidaban) antes que abjurar de sus creencias. Pero esa capacidad de sacrificio no demuestra por si misma que tuvieran razón. Los 900 discípulos de una secta que se suicidaron (a algunos los “suicidaron”) en la Guayana no demuestran que la secta tuviese razón.

      Y en efecto, hoy también hay muchos cristianos ejemplares que dan ejemplo de su Fe con sus vidas. Pero la mayoría de los cristianos de los países avanzados son (somos) bastante comodones, y no es que no pongamos en peligro nuestras vidas sino que ni siquiera atajamos suficientemente las atrocidades que se cometen en nombre de lo políticamente correcto. Decir que el aborto es el peor crimen imaginable, peor incluso que el holocausto nazi o los crímenes del Estado Islámico, porque sus víctimas son los más débiles e inocentes, que no llegan siquiera a sentir el calor del Sol en su piel o la caricia del aire o la lluvia en su cara, me ha costado perder una amistad de más de cuarenta años con alguien que defendía, no el perdón de la mujer que aborta si hay arrepentimiento o su despenalización en ciertos supuestos extremos, sino que el aborto es un DERECHO de las mujeres. La Ley del más fuerte.

      En fin, mi intención era precaver de que algunos argumentos que se usan a favor de la Fe no son irrefutables y hay que tener cuidado en no fundarla en ellos, porque si se rebaten, podrían poner en peligro la propia Fe. Creo que mi argumento final era bastante claro; incluso en materias científicas, en las que pueden establecerse hipótesis y comprobarlas o refutarlas experimentalmente, hay muchas materias que escapan a la comprención de la mayoría de la gente, o incluso de todos, científicos incluidos. ¿Por qué habríamos de tener el orgullo satánico de que como no comprendemos muchos misterios de la Fe eso significa que deben ser falsos? Dudar es humano; sobreponerse a la duda es un regalo de Dios.

      Por supuesto, puede usar cualquiera de las frases o argumentos que he utilizado. Una vez publicadas cualquiera puede usarlas.

      Saludos.

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  9. Me ha gustado mucho el articulo, el ensayo o la respuesta, el debate es muy de agradecer. Tanto como los comentarios. Para mi es claro, por lo pronto. En nuestro sistema funcional es necesario de leyes que ordene nuestras relaciones con otros individuos. Leyes que garantizan derechos o leyes que impiden acciones generales. Son normas que nos damos para que no se extienda el caos. Somos la propia garantía científica de que es necesario crear leyes. O lo que es lo mismo, de que alguien pensó en ello. Pero existen otras leyes que están ahí, que obedecen a patrones debidamente ajustadas al milímetro. Que son fundamentales para que el entorno que tenemos, den como resultado, aunque sea minúsculo, nuestra existencia, y todo aquello que nos rodea. Por ese mismo ajuste, los científicos hablan del multiverso. Donde esas variables de multitud de posibilidades se dan para que no influya en el nuestro. Pero señores, eso ya no es ciencia. El caso es que la ciencia y la religión quieren ir siempre enfrentados, cuando ambos deben ser complementarios. La ciencia podrá avanzar todo lo que nos permita nuestra inquietud, pero eso nunca sera suficiente. De hecho la ciencia nos dirá COMO funcionan la leyes con las que estamos sometidos, y no han sido creadas por nosotros, pero nunca dirán el PORQUE. En el porque se sienten cómodos los religiosos, y en el como, los científicos. Cuando uno avasalla al otro, quien vence es la filosofía.

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  10. Hola,
    veo que mi comentario ha dado lugar a un post muy largo, que he disfrutado leyendo, y a unos cuantos comentarios.
    Baste decir que si realmente se pudiera demostrar la existencia de Dios en unos cuantos párrafos, o de cualquier otra forma, todo el mundo creería en Dios, como nadie duda de que vivió su tatarabuelo, sin haberlo conocido (por poner un ejemplo similar al de Julio Cesar que alguien ha hecho). Pero nadie ha demostrado la existencia de Dios. Ni la propia Iglesia intenta demostrarlo. Apela a la fe y a los dogmas, dando por hecho que no es demostrable.

    Dicho esto, déjame contestar a algunos de tus argumentos:

    1. ‘Los premios Nobel son muy contradictorios’. Llevas toda la razón. Y en lo que más, en economía, donde hay premios Nobel concedidos a economistas que han defendido el mercado libre y otros, a economistas como como Paul Krugman, que abogan constantemente por la intervención del estado. Por eso decía en mi comentario inicial, que borrar de un plumazo a todos los de un lado o de otro, es simplificar mucho. Si uno de las dos escuelas hubiera demostrado la eficacia de su teoría por encima de otra, no habría escuelas. El problema es que en economía es muy difícil demostrar una teoría.

    2. Respecto a las leyes de la física, afirmas: “Pero no puedo probar que esas leyes seguirán verificándose mañana, o ni siquiera dentro de una hora –hasta que no haya pasado una hora, o un día”. ¿Cómo que no? Mientras no haya algún cambio en el sistema, esas leyes seguirán cumpliéndose. Otra cosa es que la ciencia avance en sus métodos de medida, y pueda afinar más, o descubrir algo nuevo.

    3. Afirmas: “Sostengo, pues, que es falsa la idea de que toda tesis no verificable empíricamente es irracional o rechazable de algún modo”. Esta misma afirmación es gratuita y rompe cualquier debate. ¿Cómo decide qué ideas no verificables son verdad? ¿Lo son todas? ¿Sólo las que tu eliges?

    4. “Cómo podrían existir leyes morales en un mundo en que su fundamento último es amoral” No se a qué llamas una ley moral. Entrar en qué es la moral está fuera de este debate, pero considerar una ley física moral o amoral es muy subjetivo.

    5. Para intentar dar una explicación final a la existencia de Dios, empiezas por afirmar: “Imaginemos que existen otros universos posibles (reales o no) además del que conocemos, es decir, mundos en los que las leyes físicas fundamentales son distintas del universo conocido”. ¿Por qué hemos de imaginar eso? Eso es lo mismo que ‘imaginemos que existe un Dios que ha creado el universo’. Para explicarme una creencia sin demostración, empiezas por formular otra creencia sin demostración, y elaboras a partir de ella toda una teoría, muy interesante de leer, per muy rebuscada también.
    Igual que en el caso de Dios, por ahora no conocemos otros universos con leyes físicas distintas. Dejemos ya de de imaginar, e intentemos vivir con los datos y las pruebas que tenemos.

    En cualquier caso, después de unos cuantos párrafos interesantes, has intentado explicarme la existencia de Dios. Pero a creencia en Dios, en el catolicismo van unidas la creencia en la resurrección (no demostrable), la concepción de María por parte del espíritu santo (no demostrable), y unas cuantas más. ¿Estas cosas también se demuestran imaginando otros universos y elaborando a partir de ahí?

    Vuelvo a mi comentario inicial, y lo vuelvo a hacer con todo mi respeto. Entiendo que la creencia en Dios, y específicamente en el Dios católico es algo que te han inculcado de pequeño (igual que a mí, y a casi todos los españoles de una época), y que en eso se basan muchas de tus opiniones (incluso políticas y económicas) y parte de tu vida social. Y entiendo que es muy difícil romper con todo eso. Y por eso, intentas de forma muy elaborada intentar justificar esa creencia. Pero, con todo mi respeto, a fecha de hoy, la existencia de Dios es tan demostrable como la existencia de Papá Noel.

    Si creer ciegamente en Dios te ayuda, me parece estupendo. Faltaría más. Pero no intentes en otros temas razonarlo todo, si en este tema tan importante en tu vida te permites dejar de lado la razón.

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  11. a Alfredo: Como no quiero aburrir a las ovejas, me abstengo de contestar cada uno de los puntos de tu último comentario. Me limito a señalar el 5, porque demuestra que, siento decirlo, no has entendido lo más mínimo mis argumentos. Tiene gracia que me acuses de querer demostrar una creencia sin demostración formulando otra creencia sin demostración, en referencia a las teorías del multiverso, que han sido elaboradas precisamente por cosmólogos y filósofos que desean encontrar una explicación del “ajuste fino” del Universo sin tener que recurrir a Dios. Son quienes niegan la posibilidad de un Creador, en contra de indicios altamente razonables, quienes se agarran para ello a las teorías más estrafalarias. Aunque lo más frecuente sea la actitud positivista, que consiste en no hacerse preguntas incómodas.

    Y por supuesto que los argumentos a favor de la existencia de Dios no demuestran que Jesús sea el Hijo de Dios, ni que resucitara, ni los demás dogmas cristianos. Pero sí abren el camino a considerarlos con otros ojos, que es lo que me sucedió a mí después de ser agnóstico la mayor parte de mi vida, y sin que ello me produjera ninguna angustia existencial ni nada por el estilo. Simplemente, llegué un día a la conclusión de que estaba equivocado. Me creas o no, mi catolicismo no es algo a lo que me agarre porque me haga feliz (antes no me sentía desgraciado), sino porque sinceramente creo que es la verdad. Saludos.

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  12. Carlos,
    lo he pasado bien con este debate que se ha creado, pero debo admitir que me ha decepcionado este final. Después de exponer párrafos y párrafos de ideas en tu post, y de intentar buscar explicaciones y demostraciones de la existencia de Dios, respondes con un último comentario dónde aparcas la lógica de nuevo.
    Afirmas: “Son quienes niegan la posibilidad de un Creador, en contra de indicios altamente razonables, quienes se agarran para ello a las teorías más estrafalarias.” Volvemos a lo más básico. Nadie se agarra a nada para negar la existencia de Dios, por que no es necesario agarrarse a nada para negar algo cuando no hay pruebas. Cuando se afirma algo, hay que demostrarlo. Cuando niego algo, no tengo que demostrar nada. Insisto una vez más: Si digo que no existe Papá Noel, nadie me pide que demuestre la no existencia. Obviamente. En el caso de Dios, es lo mismo, aunque no quieras verlo.
    Y después de sacar otra vez a relucir la física y el multiverso, acabas diciendo que crees en Dios por que “crees que es la verdad”. Afirmación sin ningún argumento, que te hubiera ahorrado todo tu post.
    Y tampoco dices nada sobre los dogmas cristianos. Asumes que no hay nada que demostrar, y que te los crees por que sí. Osea que también crees en la resurrección, pero para esto no hay razones cosmológicas…
    Ah, y suena bien eso de ‘yo antes era agnóstico, pero de repente vi la luz’. Un argumento típico para reforzar la objetividad de uno, pero no es creíble, viendo tu blog. Lo siento.
    He leído el siguiente post a este y ya me he dado cuenta de que no me merece la pena seguir consultando este blog. Vuelves a disfrazar ideas sin demostrar bajo un montón de retórica y referencias.
    Pero seguro que hay gente encantada de leerte y que les reafirmes en sus creencias.

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    1. En este post y otro relacionado me he dedicado a exponer mi opinión de que las “pruebas” de la existencia de Dios basadas en la existencia de un imperativo moral no son sólidas. Y que tampoco comparto la idea de la superioridad o incluso exclusividad moral de la Fe. Para equilibrar, voy a tratar de rebatir el argumento original de Alfredo. Como verán, soy un prodigio de ecuanimidad (es broma).

      Dice Alfredo. “Sin ofender, cualquiera que afirme creer en Dios, sin ninguna prueba objetiva, está descalificado para hablar de datos científicos, pruebas objetivas, etc. de cualquier otra disciplina.”

      Siguiendo su argumento al pie de la letra, supongo que no admitirá usted las Leyes de Newton, porque Don Isaac era un cristiano profundamente creyente (alguno diría que incluso un poco fanático). Newton incluso publicó libros sobre teología, alguno de los cuales se ha publicado de nuevo recientemente.

      Tampoco creerá en las Leyes de Mendel, fundamento de la genética moderna, porque Gregor Mendel era un monje agustino. Por cierto, que si no cree en la genética está en buena compañía: Stalin tampoco. El Padrecito apoyó el Lysenkoísmo lamarkiano de la “herencia de los caracteres adquiridos” y con ello retrasó la agricultura soviética durante treinta años. Cuando se descubrió el ADN, los biólogos oficiales soviéticos lo calificaron de “superstición occidental”. Se habla a menudo de la influencia negativa de la Religión en la Ciencia, pero mucho menos de la de la Política en la Ciencia, como en este caso. O como en el rechazo soviético a la Mecánica Cuántica, calificada de teoría no compatible con el materialismo dialéctico; los primeros libros de Mecánica Cuántica soviéticos tenían que llevar un “nihil obstat” político. Estos rechazos tuvieron muy graves consecuencias; la condena de Galileo no le costó la vida; a muchos biólogos genetistas soviéticos el oponerse al Lysenkoísmo si, tras unas largas vacaciones en Siberia.

      Ni tampoco creerá en la Expansión del Universo, o el Big Bang, porque ambos fueron propuestos por el astrónomo y sacerdote belga Georges Lemaître (con el nombre de “hipótesis del átomo primigenio” en el segundo caso; también hizo la primera estimación de la Constante de Hubble, dos años antes que Hubble).

      En fin, podría seguir pero no merece la pena. Si no temiera ser demasiado agresivo le diría que seguramente ha hecho usted aportaciones científicas que le permiten mirar con displicencia los resultados anteriores, porque los hicieron creyentes “descalificados para hablar de cualquier otra disciplina científica.” Afortunadamente ellos no conocían esta descalificación.

      A lo largo de mi vida profesional he conocido científicos ateos de la variedad tolerante y respetuosa, que son ateos por elección personal pero no tratan de convencer a los demás. No he conocido personalmente ningún científico ateo beligerante y proselitista, pero haberlos haylos (Richard Dawkins, por ejemplo).

      La mayoría de los científicos que he conocido eran agnósticos, en una amplia gama que va desde los cercanos al ateísmo tolerante a los próximos a algún tipo de creencia transcendente, no necesariamente cristiana.

      También he conocido científicos creyentes tolerantes, la mayoría seglares pero también bastantes Jesuítas cuya calidad científica no desmerece de la del promedio de la Universidad Española. Y no me haga comentarios sarcásticos sobre la calidad de la Universidad Española porque ese es otro tema.

      No he conocido personalmente científicos creyentes beligerantes y proselitistas en materia de Religión, pero seguramente los habrá también.

      Mi conclusión personal es que Ciencia y Religión tiene diferentes ámbitos, que ni se oponen ni refuerzan. Son más bien dimensiones perpendiculares. La Ciencia no puede utilizarse ni para apoyar ni para contradecir la Fe.

      Saludos.

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  13. El asunto de convencer a un ateo militante (y beligerante) de la existencia de Dios es una pérdida de tiempo, a menos que uno esté persuadido que el mensaje llegaría por carambola a otros que podrían, despojados de prejuicios, ponderarlos.

    Con todo, existen infinidades de argumentos sobre el tema que pueden traerse con un simple link, y veremos que si se hace –traer el link- soslayan su contenido o lo banalizan, pues el ateo de éste tenor escoge, a priori, ser ciego y sordo ante tales explicaciones.

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    1. Infinidades de argumentos.. afirmaciones extraordinarias, “existencia de dios” requieren pruebas extraordinarias, no indicios.

      Del mismo modo, como se aclara, no se pide la “no existencia” de algo, sino lo contrario.

      También, como se comentó, de la existencia de un ser supremo debido a una deducción lógica, acto-potencia, no se deriva automáticamente que deba ir a confesarme con el párroco de mi pueblo, ni que esto o aquello sea pecado, ni siquiera una moral.

      Por otro lado, tampoco veo ni necesario, ni posible, tener que demostrar una creencia, una Fe, si se demostrase no serían tal cosa, sino ciencia. ¿Y qué mérito tendría para un creyente creer en algo científicamente demostrado?

      Este debate en sí tiene poco sentido.

      Saludos

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      1. Asertus: “Este debate en sí tiene poco sentido.”

        Bueno, al menos tiene un nivel un poco superior a hablar de fútbol, de “”realities”, o de cuantos políticos no corruptos pueden sostenerse en la punta de una aguja (respuesta; el mismo número que de unicornios, grifos o esfinges; todos son especies mitológicas).

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