A la república catalana sempre farà bon dia

En los últimos días de la campaña electoral catalana, los mensajes de las candidaturas separatistas han adquirido unos niveles de delirio difícilmente superables. Esta misma mañana de sábado me he encontrado en el parabrisas de mi coche una cuartilla de assemblea.cat (calidad de impresión extra: el contribuyente paga) donde, entre las sandeces acostumbradas, se compara a Cataluña con Estados Unidos cuando se independizó de Inglaterra. (Omiten pequeños detalles como que hubo una guerra por medio, que se trataba de colonias, que estaban separadas de la metrópoli por un oceáno, que su superficie era cuatro veces mayor que la de Gran Bretaña y que se hallaban en plena expansión territorial y demográfica.)

Sería arduo tratar de elaborar una antología del disparate secesionista limitada sólo a las últimas 48 o 72 horas. Pienso en el cantante Lluís Llach, cabeza de lista por Gerona, gritando “¡nunca más súbditos!” (mai més súbdits!) y me pregunto de qué libertades básicas carecemos los catalanes que sí disfrutan el resto de españoles y de ciudadanos europeos. Pienso en Artur Mas asegurando desvergonzadamente que, en una Cataluña independiente, no sólo no peligrarán las pensiones, sino que aumentarán en un diez por ciento; y me pregunto si no se ruborizarán hasta sus más fieles segudidores, al escuchar tan burdas patrañas.

El pasado jueves, el Diari de Tarragona titulaba en primera página, refiriéndose al que fuera alcalde convergente de Tarragona durante dieciocho años, Joan Miquel Nadal:


Nadal rompe su silencio: ‘Me han hecho independentista’


Y al pie del titular añaden más palabras entrecomilladas: “Hay un maltrato permanente y constante hacia Catalunya”. Reconozco que tuve curiosidad por el contenido de la entrevista, por saber qué graves razones podían haber convertido en independentista a un político que no se destacó precisamente por su perfil nacionalista mientras gobernó la capital tarraconense, entre 1989 y 2007, con el apoyo del PP en su último mandato.

En el cuerpo de la entrevista (página 9), Nadal acentúa aún más el dramatismo de su conversión al independentismo, comparándose sin recato con San Pablo al caer del caballo. (El artículo, escrito en castellano, dice Sant Pau: desconozco si es que el apóstol ha venido a engrosar la nómina de criptocatalanes ilustres, junto a Colón, Leonardo da Vinci y Cervantes.) Según Nadal, todo se ha precipitado en los últimos cinco años: “A partir del Estatut se han sucedido un conjunto de desgracias y de desprecios hacia Catalunya.”

En este punto, el entrevistador tiene la osadía de pedirle ejemplos de tales desgracias y desprecios, y Nadal le da un par. Suponemos que podría aportar muchos más, pero que habrá elegido algunos  que considera especialmente representativos. ¿Y cuáles son? Pues agárrense los machos, que diría el castizo: “Que para arreglar la N-340 en El Perelló un conseller tenga que ir a Madrid.” Este es uno. Y el otro, que la financiación de los Juegos Mediterráneos del 2017 en Tarragona esté “en el alero” por la decisión de “un señor de Madrid” (se refiere a Montoro, supongo).

Vamos a ver si lo entiendo. A un independentista sobrevenido, que no es un cualquiera, sino alguien que tuvo las máximas responsabilidades municipales y fue también congresista y parlamentario autonómico, cuando le preguntan ejemplos del terrible maltrato que España inflige a Cataluña, lo primero que se le ocurre es que no se repara un tramo de carretera que pasa por una población de tres mil habitantes (he circulado muchas veces por ahí, y no recuerdo ningún problema de acceso al pueblo) y que todavía no está claro si habrá dinero para unos Juegos decididamente menores, celebrados por última vez el 2013 en Mersin (Turquía), después de que Grecia renunciara por sus problemas económicos, y después de que Barcelona fuera la sede de las primeras Olimpíadas celebradas en suelo español. ¿Y esto son razones para declarar unilateralmente la independencia de Cataluña? ¿Qué le pasa a esta gente? ¿De verdad se creen agraviados y humillados por semejantes chorradas o se trata de un virus que afecta al cerebro?

Por supuesto, podría decirse que quizás el exalcalde no estuvo especialmente inspirado, o que tiró sólo de ejemplos locales. Otros hubieran hablado de afrentas inadmisibles como la “Ley Wert” de Educación, o que el Tribunal Constitucional haya frenado la ley de pobreza energética catalana y la agencia tributaria de la Generalitat. La primera, pese a las palabras de su ministro impulsor sobre la “españolización” de los niños catalanes, es una tímida reforma educativa, no mal encaminada, pero totalmente insuficiente, que no toca nada esencial del modelo educativo catalán. Lo segundo, referente a la pobreza energética, pone de manifiesto, siquiera incidentalmente, las evidentes dificultades jurídicas de medidas populistas, de consabidos efectos perversos. Y lo tercero es sencillamente conmovedor. Cataluña estaría oprimida porque Madrid no le permite tener Hacienda propia. Esto tiene la misma lógica que si un marido le pide el divorcio a su mujer porque esta no le consiente irse de juerga cuando le dé la gana hasta altas horas de la madrugada. Nuestro playboy está en su derecho de preferir la soltería al matrimonio, pero sería una burla feroz afirmar que su esposa lo maltrata porque no le deja vivir como soltero mientras estén casados, y que ese maltrato es la razón por la que se vería “obligado” a pedirle el divorcio.

Las quejas y lamentos nacionalistas son análogas a las del populismo de extrema izquierda que pretende asaltar nuestro Estado de Derecho a finales de este año. En ambos casos se pintan con trazos tenebristas los supuestos agravios (recortes en Sanidad y desahucios que “matan”, jóvenes “exiliados”, etc.) con el fin de fomentar la ira y canalizarla contra el sistema constitucional. Tanto Podemos como los secesionistas de Junts pel Sí y la CUP practican la misma demagogia salvaje, carente de los menores escrúpulos; ambos prometen paraísos a la vuelta de la esquina sólo con votarles; y ambos, además, han sido alimentados durante décadas por el gobierno central, aunque especialmente a partir de las dos nefastas legislaturas de Zapatero, y su prolongación en la de Rajoy. Un Rajoy que en cuatro años de mayoría absoluta no ha revertido ninguna de las leyes ideológicas de su predecesor (ley de plazos del aborto, ley de Memoria Histórica, etc.) y que no ha frenado el gasto público ni el endeudamiento, limitándose a aplicar las mínimas reformas que el propio Zapatero seguramente se hubiera tragado, por dictado de Bruselas, como lo ha hecho Tsipras en Grecia.

Pararle los pies al nacionalismo, de una vez por todas, es algo que será posible no sólo en función de los resultados de las elecciones autonómicas de mañana, sino también de las generales de finales de año. Sólo un cambio en el gobierno de Madrid que no vaya en la dirección del populismo bolivariano, sino por el contrario, de la reforma del insostenible sistema socialdemócrata y del Estado de las Autonomías; una reforma que restaure en su plenitud el Estado de Derecho, recuperando la independencia del poder judicial, expulsando a los etarras de las instituciones y restableciendo el respeto a las leyes en Cataluña; sólo una reforma que por primera vez trate de ofrecer soluciones no condicionadas por las mentiras progresistas y nacionalistas podrá hacer de España una nación donde los extremistas y secesionistas dejen de cosechar los apoyos de que ahora disfrutan, y en consecuencia dejen de ser la mayor amenaza que se cierne sobre nuestra democracia liberal. Mañana es preciso votar contra los separatistas, para darles las menores facilidades posibles. Pero lo decisivo será en diciembre.

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3 comentarios sobre “A la república catalana sempre farà bon dia

  1. Aquí en Galicia estamos igual, con una diferencia clamorosa: Cataluña es una de las regiones más ricas de España, y Galicia una de las más pobres. Galicia sin España no tendría ni para aguantar una semana. Pues a pesar de ello los nacionalistas gallegos andan ventilando lemas como “España é a nosa ruina” (España es nuestra ruina). Así se entiende que el nacionalismo gallego tenga cada vez menos apoyo electoral…

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  2. Realmente extraordinario tu texto. No puedo estar más de acuerdo. Particularmente con que si la votación de mañana es importantísima, la de diciembre sera decisiva. Hay que parar los pies a los independentistas de una vez por todas, o de lo contrario van a hacer pedazos la Constitución. Porque si lo hacen en Cataluña, no me cabe la menor duda que luego seguiría el País Vasco y después quien sabe. El Estado de Derecho hecho añicos, vamos. Y eso hay que impedirlo. Veremos si el Gobierno que sale de las elecciones de diciembre está decidido a hacerlo. Un cordial saludo y muchísimas gracias por el texto.

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  3. Magnífico artículo,por ello una pena.Vamos al abismo de forma clara e irremediable,lo prueban estos últimos cuatro años de esa nulidad que padecemos por presidente y esa oposición traidora y liberticida.

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